La lógica histórica detrás de la Operación Resolución Absoluta

Jorge Luis Arellano Rivero Enero 2026 Una colaboración del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM) Los grandes estallidos bélicos han impactado con una intensidad devastadora al desarrollo de la historia mundial contemporánea, aunque nunca han sido totalmente impredecibles para sus espectadores. El ataque japonés sobre Pearl Harbor fue una consecuencia lógica derivada del embargo petrolero impuesto por Estados Unidos para contener el expansionismo nipón sobre sus colonias en Asia. La irrupción iraquí en Kuwait, en agosto de 1990, sería clave para amplificar la inestabilidad del Medio Oriente durante las décadas siguientes; era previsible al considerar la necesidad del régimen de Saddam Hussein para extender su caudal petrolero ante el enorme fracaso en su guerra contra Irán. Más recientemente, la “operación militar especial” desatada por Rusia contra Ucrania había sido precedida por la infiltración de milicias separatistas en Donbás, acompañada por campañas mediáticas difundidas desde Moscú que han denostado al gobierno de Kiev como un “títere fascista al servicio de intereses occidentales contrarios a Rusia”. Por lo tanto, la intervención estadounidense en Venezuela no parece tan sorprendente al recordar que el primer gobierno de Donald Trump había adoptado como prioridad geopolítica al derrocamiento del régimen chavista. Basta recordar su reconocimiento diplomático a Juan Guaidó como “Presidente encargado de Venezuela” en 2019, que pretendía potenciar las movilizaciones sociales desatadas por parte de la sociedad venezolana en contra de su propio gobierno. No obstante, dicha estrategia fracasó para desatar una insurrección cívica o militar en el país sudamericano, siendo posteriormente abandonada durante el gobierno demócrata de Joseph R. Biden. Ahora, con el inicio del segundo mandato de Trump, el tema venezolano ha ocupado nuevamente una posición clave en la política exterior de Estados Unidos, tanto así que la incursión de sus fuerzas especiales para capturar a Nicolás Maduro ha acontecido a menos de un año del regreso trumpista a la Casa Blanca. Más allá del oro negro Resulta imposible ignorar la conveniencia económica que representa monopolizar la extracción del petróleo venezolano por parte de las empresas estadounidenses. Como ha declarado abiertamente Trump en sus redes sociales, asegurar el acceso hacia las reservas petroleras venezolanas consistiría en un factor clave para posibilitar la autosuficiencia energética estadounidense con base en recursos disponibles dentro del continente americano. Alcanzar este último escenario disminuiría la capacidad de actores extranjeros, como Arabia Saudita, Irán u otros miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, para amenazar al funcionamiento de la economía estadounidense en un mundo que enfrenta tensiones geopolíticas comparables con aquellas existentes durante la crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, afirmar que el interés del gobierno de Trump por el tema venezolano radica exclusivamente en la cuestión petrolera resulta impreciso, a pesar de que este factor es el motivo más relevante para explicar su reciente intervención militar. Como primera razón adicional que justifica el interés de Trump por el control de Venezuela, cabe recordar que el país sudamericano también concentra enormes reservas de otros recursos naturales tan esenciales como el petróleo. En este sentido, el territorio venezolano tiene una de las diez reservas más extensas de gas natural a nivel mundial. Adicionalmente, también ofrece una amplia disponibilidad de minerales, como coltán, níquel y tierras raras, mismas que resultan imprescindibles para la industria tecnológica inmersa en la producción de microchips, automóviles eléctricos e incluso herramientas de inteligencia artificial. Además, otro motivo que ha sido planteado como justificación oficial para la captura de Maduro radica en el trasiego de drogas proveniente desde Venezuela hacia Estados Unidos. En el transcurso de las últimas 2 décadas se han publicado múltiples reportes periodísticos que han descrito el involucramiento del régimen chavista con la exportación de narcóticos hacia territorio estadounidense. Dicha situación se ha visto todavía agravada por la protección brindada por el gobierno venezolano hacia guerrillas colombianas de inspiración marxista-leninista como las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional, las cuales han sido reconocidas como actores relevantes en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Este factor ha sido asumido públicamente por parte del propio Trump como justificación para la captura de Maduro no solo frente a la comunidad internacional, sino también ante la población estadounidense blanca, agobiada por la adicción a los narcóticos como amenaza existencial para su propia supervivencia demográfica. Como ha sido reconocible en la historia universal, toda incursión militar no solo busca generar efectos que reafirmen la capacidad bélica hacia el extranjero, sino también pretende producir cambios en la política nacional. Otro factor poco mencionado para explicar la ofensiva asumida por la Casa Blanca en contra del gobierno chavista consiste en la incapacidad del régimen de Maduro para controlar el éxodo migratorio venezolano hacia la frontera sur estadounidense. Al respecto, basta recordar que un gran sector de las caravanas migratorias que afectaron severamente la popularidad interna del gobierno de Biden fue compuesto por parte de ciudadanos venezolanos, siendo casi un millón de ellos quienes sostuvieron encuentros con las autoridades migratorios estadounidenses en la frontera con México. Este último dato reafirma el carácter protagónico de Venezuela como país expulsor de migrantes hacia Estados Unidos, lo que busca ser atenuado por parte de un gobierno trumpista que presume su presunta gestión exitosa contra la migración irregular. En cuanto a otras causas poco exploradas hasta el momento para explicar la decisión tomada por el gobierno de Trump para proceder con el arresto de su Presidente constitucional, aunque no internacionalmente reconocido, se encuentran aquellos elementos vinculados con la política interna estadounidense. Como ha sido reconocible en la historia universal, toda incursión militar no solo busca generar efectos que reafirmen la capacidad bélica hacia el extranjero, sino también pretende producir cambios en la política nacional. En este sentido, esta nueva intervención armada puede servir como un elemento crucial para atenuar la creciente división al interior del movimiento político MAGA (“Make America Great Again”), la cual ha agrupado a los militantes trumpistas entre republicanos tradicionales y ultranacionalistas nativistas. Dicho enfrentamiento resulta amenazante para la imagen de Trump como figura unificadora para la derecha

​Jorge Luis Arellano Rivero Enero 2026 Una colaboración del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM) Los grandes estallidos bélicos han impactado con una intensidad devastadora al desarrollo de la historia mundial contemporánea, aunque nunca han sido totalmente impredecibles para sus espectadores. El ataque japonés sobre Pearl Harbor fue una consecuencia lógica derivada del embargo petrolero impuesto por Estados Unidos para contener el expansionismo nipón sobre sus colonias en Asia. La irrupción iraquí en Kuwait, en agosto de 1990, sería clave para amplificar la inestabilidad del Medio Oriente durante las décadas siguientes; era previsible al considerar la necesidad del régimen de Saddam Hussein para extender su caudal petrolero ante el enorme fracaso en su guerra contra Irán. Más recientemente, la “operación militar especial” desatada por Rusia contra Ucrania había sido precedida por la infiltración de milicias separatistas en Donbás, acompañada por campañas mediáticas difundidas desde Moscú que han denostado al gobierno de Kiev como un “títere fascista al servicio de intereses occidentales contrarios a Rusia”. Por lo tanto, la intervención estadounidense en Venezuela no parece tan sorprendente al recordar que el primer gobierno de Donald Trump había adoptado como prioridad geopolítica al derrocamiento del régimen chavista. Basta recordar su reconocimiento diplomático a Juan Guaidó como “Presidente encargado de Venezuela” en 2019, que pretendía potenciar las movilizaciones sociales desatadas por parte de la sociedad venezolana en contra de su propio gobierno. No obstante, dicha estrategia fracasó para desatar una insurrección cívica o militar en el país sudamericano, siendo posteriormente abandonada durante el gobierno demócrata de Joseph R. Biden. Ahora, con el inicio del segundo mandato de Trump, el tema venezolano ha ocupado nuevamente una posición clave en la política exterior de Estados Unidos, tanto así que la incursión de sus fuerzas especiales para capturar a Nicolás Maduro ha acontecido a menos de un año del regreso trumpista a la Casa Blanca. Más allá del oro negro Resulta imposible ignorar la conveniencia económica que representa monopolizar la extracción del petróleo venezolano por parte de las empresas estadounidenses. Como ha declarado abiertamente Trump en sus redes sociales, asegurar el acceso hacia las reservas petroleras venezolanas consistiría en un factor clave para posibilitar la autosuficiencia energética estadounidense con base en recursos disponibles dentro del continente americano. Alcanzar este último escenario disminuiría la capacidad de actores extranjeros, como Arabia Saudita, Irán u otros miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, para amenazar al funcionamiento de la economía estadounidense en un mundo que enfrenta tensiones geopolíticas comparables con aquellas existentes durante la crisis del petróleo de 1973. Sin embargo, afirmar que el interés del gobierno de Trump por el tema venezolano radica exclusivamente en la cuestión petrolera resulta impreciso, a pesar de que este factor es el motivo más relevante para explicar su reciente intervención militar. Como primera razón adicional que justifica el interés de Trump por el control de Venezuela, cabe recordar que el país sudamericano también concentra enormes reservas de otros recursos naturales tan esenciales como el petróleo. En este sentido, el territorio venezolano tiene una de las diez reservas más extensas de gas natural a nivel mundial. Adicionalmente, también ofrece una amplia disponibilidad de minerales, como coltán, níquel y tierras raras, mismas que resultan imprescindibles para la industria tecnológica inmersa en la producción de microchips, automóviles eléctricos e incluso herramientas de inteligencia artificial. Además, otro motivo que ha sido planteado como justificación oficial para la captura de Maduro radica en el trasiego de drogas proveniente desde Venezuela hacia Estados Unidos. En el transcurso de las últimas 2 décadas se han publicado múltiples reportes periodísticos que han descrito el involucramiento del régimen chavista con la exportación de narcóticos hacia territorio estadounidense. Dicha situación se ha visto todavía agravada por la protección brindada por el gobierno venezolano hacia guerrillas colombianas de inspiración marxista-leninista como las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional, las cuales han sido reconocidas como actores relevantes en el tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Este factor ha sido asumido públicamente por parte del propio Trump como justificación para la captura de Maduro no solo frente a la comunidad internacional, sino también ante la población estadounidense blanca, agobiada por la adicción a los narcóticos como amenaza existencial para su propia supervivencia demográfica. Como ha sido reconocible en la historia universal, toda incursión militar no solo busca generar efectos que reafirmen la capacidad bélica hacia el extranjero, sino también pretende producir cambios en la política nacional. Otro factor poco mencionado para explicar la ofensiva asumida por la Casa Blanca en contra del gobierno chavista consiste en la incapacidad del régimen de Maduro para controlar el éxodo migratorio venezolano hacia la frontera sur estadounidense. Al respecto, basta recordar que un gran sector de las caravanas migratorias que afectaron severamente la popularidad interna del gobierno de Biden fue compuesto por parte de ciudadanos venezolanos, siendo casi un millón de ellos quienes sostuvieron encuentros con las autoridades migratorios estadounidenses en la frontera con México. Este último dato reafirma el carácter protagónico de Venezuela como país expulsor de migrantes hacia Estados Unidos, lo que busca ser atenuado por parte de un gobierno trumpista que presume su presunta gestión exitosa contra la migración irregular. En cuanto a otras causas poco exploradas hasta el momento para explicar la decisión tomada por el gobierno de Trump para proceder con el arresto de su Presidente constitucional, aunque no internacionalmente reconocido, se encuentran aquellos elementos vinculados con la política interna estadounidense. Como ha sido reconocible en la historia universal, toda incursión militar no solo busca generar efectos que reafirmen la capacidad bélica hacia el extranjero, sino también pretende producir cambios en la política nacional. En este sentido, esta nueva intervención armada puede servir como un elemento crucial para atenuar la creciente división al interior del movimiento político MAGA (“Make America Great Again”), la cual ha agrupado a los militantes trumpistas entre republicanos tradicionales y ultranacionalistas nativistas. Dicho enfrentamiento resulta amenazante para la imagen de Trump como figura unificadora para la derecha Read More

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