Diplomacia cultural en los márgenes

Poder simbólico y dependencia estructural en el sexenio de López Obrador (2018-2024) Juan Sebastián Bautista Mena Febrero 2026 Una colaboración del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM) La diplomacia cultural es el conjunto articulado de estrategias, iniciativas y acciones impulsadas por el Estado, con la participación de la sociedad civil, que emplean la cultura como instrumento para el cumplimiento de objetivos de política exterior. Esta herramienta cumple con este fin mediante la proyección de identidades, valores y expresiones culturales propias. En la actualidad, este mecanismo ha ganado relevancia como forma de poder blando, ya que permite construir una imagen internacional, fortalecer la legitimidad externa y generar vínculos de entendimiento y de cooperación entre sociedades. Desde esta perspectiva, la diplomacia cultural trasciende el intercambio artístico o educativo y se consolida como una herramienta estratégica para proyectar simbólicamente a los Estados en el sistema internacional. Bajo esta lógica, la diplomacia cultural del gobierno de Andrés Manuel López Obrador respondió a una política exterior de bajo perfil, asociada al énfasis reiterado del propio Presidente en que la mejor política exterior es la política interior. Esta orientación se reflejó en una proyección cultural internacional cuantitativamente activa ⸺8532 actividades⸺, aunque limitada en términos de cobertura estratégica y regional. La distribución por regiones refleja una marcada concentración en Norteamérica y Europa que, en conjunto, agrupan más de la mitad de las actividades realizadas, mientras que Asia-Pacífico y, con mayor claridad, África y el Medio Oriente ocupan un lugar secundario y persistentemente marginal. Este patrón confirma la continuidad de una diplomacia cultural orientada hacia espacios tradicionales de proyección y visibilidad, sin avances significativos hacia una diversificación regional acorde con los discursos de reorientación internacional. Gráfica 1: Distribución regional de actividades culturales en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) Esta contradicción se vuelve aún más evidente al observar la concentración geográfica de las actividades, particularmente en Norteamérica y Europa, dinámicas que contrastan con el discurso presidencial de López Obrador, en el cual otorgó prioridad a Latinoamérica como principal región de atención de su política exterior. Sin embargo, la práctica contradijo dicha narrativa, dado que el despliegue cultural de México privilegió los espacios de mayor visibilidad internacional. Esta orientación responde a una lógica estructural: México sostiene una relación asimétrica con Estados Unidos, destino de más de 80% de sus exportaciones, lo que posiciona a ese país como socio comercial dominante y fuente constante de vulnerabilidad. En este contexto, la diplomacia cultural operó como vehículo para preservar el vínculo estratégico con Washington y proyectar una imagen favorable en foros clave. Europa, como segundo socio comercial, recibió atención prioritaria por su relevancia simbólica e inversión potencial. Así, los recursos culturales, limitados en alcance, fueron canalizados hacia los centros de poder económico donde el Estado mexicano busca visibilidad, legitimidad y compensación simbólica frente a su posición periférica en el sistema internacional. En cuanto al tipo de actividades culturales desarrolladas durante el sexenio de López Obrador, los datos revelan una diplomacia cultural orientada principalmente hacia expresiones artísticas de alto valor simbólico y amplia circulación internacional. Las artes visuales (2877), las artes escénicas (1658) y el cine (1465) representaron más de 70% del total de acciones reportadas, lo que evidencia una estrategia basada en formatos de representación estética que permiten proyectar una imagen moderna, creativa y culturalmente activa del país. Esta concentración refuerza una lógica de visibilidad simbólica, en la que la cultura se instrumentaliza como vitrina de identidad y diferenciación ante audiencias mundiales. En contraste, ámbitos como la literatura, la gastronomía o la cooperación internacional fueron abordados de forma secundaria, a pesar de su potencial para generar vínculos sostenidos y diálogos interculturales estructurales. La escasa atención a estas áreas sugiere una limitada diversificación temática y una estandarización insuficiente que limita el alcance institucional y reduce los efectos estructurales de la diplomacia cultural. La diplomacia cultural operó como vehículo para preservar el vínculo estratégico con Washington y proyectar una imagen favorable en foros clave. Este conjunto de limitaciones estructurales, tanto en su distribución como en su contenido, permiten afirmar que la diplomacia cultural mexicana opera dentro de los límites impuestos por una estructura económica dependiente, lo que restringe su autonomía y reduce su capacidad de acción estratégica. En este escenario, el poder blando se encuentra condicionado por las exigencias del poder duro, particularmente en relación con Estados Unidos. La ausencia de una visión integral ha impedido consolidar esta herramienta como una política de Estado. Asimismo, la falta de prioridad en regiones como África y Oceanía limita el potencial de diversificación y proyección internacional. Frente a este panorama, resulta indispensable formular una estrategia cultural exterior coherente y de largo plazo, que esté acompañada de financiamiento suficiente para fortalecer las capacidades reales de las instituciones responsables. Del mismo modo, resulta necesario una profesionalización sostenida del servicio diplomático en materia cultural orientada a comprender los alcances estratégicos del impacto simbólico en la política exterior contemporánea. JUAN SEBASTIÁN BAUTISTA MENA es abogado internacionalista por la Universidad Juan de Castellanos (Tunja-Colombia), así como maestro y doctorando en Estudios para el Desarrollo Global. Es investigador en temas de diplomacia cultural, derechos humanos y política exterior de Colombia y México. Es miembro del comité de Historia de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI). Es profesor en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Contáctelo en el correo electrónico juan.bautista27@uabc.edu.mx.

​Poder simbólico y dependencia estructural en el sexenio de López Obrador (2018-2024) Juan Sebastián Bautista Mena Febrero 2026 Una colaboración del Centro de Enseñanza y Análisis sobre la Política Exterior de México (CESPEM) La diplomacia cultural es el conjunto articulado de estrategias, iniciativas y acciones impulsadas por el Estado, con la participación de la sociedad civil, que emplean la cultura como instrumento para el cumplimiento de objetivos de política exterior. Esta herramienta cumple con este fin mediante la proyección de identidades, valores y expresiones culturales propias. En la actualidad, este mecanismo ha ganado relevancia como forma de poder blando, ya que permite construir una imagen internacional, fortalecer la legitimidad externa y generar vínculos de entendimiento y de cooperación entre sociedades. Desde esta perspectiva, la diplomacia cultural trasciende el intercambio artístico o educativo y se consolida como una herramienta estratégica para proyectar simbólicamente a los Estados en el sistema internacional. Bajo esta lógica, la diplomacia cultural del gobierno de Andrés Manuel López Obrador respondió a una política exterior de bajo perfil, asociada al énfasis reiterado del propio Presidente en que la mejor política exterior es la política interior. Esta orientación se reflejó en una proyección cultural internacional cuantitativamente activa ⸺8532 actividades⸺, aunque limitada en términos de cobertura estratégica y regional. La distribución por regiones refleja una marcada concentración en Norteamérica y Europa que, en conjunto, agrupan más de la mitad de las actividades realizadas, mientras que Asia-Pacífico y, con mayor claridad, África y el Medio Oriente ocupan un lugar secundario y persistentemente marginal. Este patrón confirma la continuidad de una diplomacia cultural orientada hacia espacios tradicionales de proyección y visibilidad, sin avances significativos hacia una diversificación regional acorde con los discursos de reorientación internacional. Gráfica 1: Distribución regional de actividades culturales en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) Esta contradicción se vuelve aún más evidente al observar la concentración geográfica de las actividades, particularmente en Norteamérica y Europa, dinámicas que contrastan con el discurso presidencial de López Obrador, en el cual otorgó prioridad a Latinoamérica como principal región de atención de su política exterior. Sin embargo, la práctica contradijo dicha narrativa, dado que el despliegue cultural de México privilegió los espacios de mayor visibilidad internacional. Esta orientación responde a una lógica estructural: México sostiene una relación asimétrica con Estados Unidos, destino de más de 80% de sus exportaciones, lo que posiciona a ese país como socio comercial dominante y fuente constante de vulnerabilidad. En este contexto, la diplomacia cultural operó como vehículo para preservar el vínculo estratégico con Washington y proyectar una imagen favorable en foros clave. Europa, como segundo socio comercial, recibió atención prioritaria por su relevancia simbólica e inversión potencial. Así, los recursos culturales, limitados en alcance, fueron canalizados hacia los centros de poder económico donde el Estado mexicano busca visibilidad, legitimidad y compensación simbólica frente a su posición periférica en el sistema internacional. En cuanto al tipo de actividades culturales desarrolladas durante el sexenio de López Obrador, los datos revelan una diplomacia cultural orientada principalmente hacia expresiones artísticas de alto valor simbólico y amplia circulación internacional. Las artes visuales (2877), las artes escénicas (1658) y el cine (1465) representaron más de 70% del total de acciones reportadas, lo que evidencia una estrategia basada en formatos de representación estética que permiten proyectar una imagen moderna, creativa y culturalmente activa del país. Esta concentración refuerza una lógica de visibilidad simbólica, en la que la cultura se instrumentaliza como vitrina de identidad y diferenciación ante audiencias mundiales. En contraste, ámbitos como la literatura, la gastronomía o la cooperación internacional fueron abordados de forma secundaria, a pesar de su potencial para generar vínculos sostenidos y diálogos interculturales estructurales. La escasa atención a estas áreas sugiere una limitada diversificación temática y una estandarización insuficiente que limita el alcance institucional y reduce los efectos estructurales de la diplomacia cultural. La diplomacia cultural operó como vehículo para preservar el vínculo estratégico con Washington y proyectar una imagen favorable en foros clave. Este conjunto de limitaciones estructurales, tanto en su distribución como en su contenido, permiten afirmar que la diplomacia cultural mexicana opera dentro de los límites impuestos por una estructura económica dependiente, lo que restringe su autonomía y reduce su capacidad de acción estratégica. En este escenario, el poder blando se encuentra condicionado por las exigencias del poder duro, particularmente en relación con Estados Unidos. La ausencia de una visión integral ha impedido consolidar esta herramienta como una política de Estado. Asimismo, la falta de prioridad en regiones como África y Oceanía limita el potencial de diversificación y proyección internacional. Frente a este panorama, resulta indispensable formular una estrategia cultural exterior coherente y de largo plazo, que esté acompañada de financiamiento suficiente para fortalecer las capacidades reales de las instituciones responsables. Del mismo modo, resulta necesario una profesionalización sostenida del servicio diplomático en materia cultural orientada a comprender los alcances estratégicos del impacto simbólico en la política exterior contemporánea. JUAN SEBASTIÁN BAUTISTA MENA es abogado internacionalista por la Universidad Juan de Castellanos (Tunja-Colombia), así como maestro y doctorando en Estudios para el Desarrollo Global. Es investigador en temas de diplomacia cultural, derechos humanos y política exterior de Colombia y México. Es miembro del comité de Historia de la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales (AMEI). Es profesor en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC). Contáctelo en el correo electrónico juan.bautista27@uabc.edu.mx. Read More

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