La pregunta que Petro no hizo en Washington

La corresponsabilidad de Estados Unidos en la lucha contra el tráfico de cocaína T. Nelson Thompson Marzo 2026 A pesar de las reiteradas declaraciones del presidente Donald Trump sobre la cocaína que “envenena a los estadounidenses” y de la insistencia en atribuir a Latinoamérica la responsabilidad casi exclusiva de la crisis de las drogas, la narrativa resulta incompleta. Esa culpabilización externa se ha traducido en demostraciones de fuerza: ejecuciones extrajudiciales en el Caribe, la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, así como sanciones, descertificaciones y advertencias del tipo “tú podrías ser el siguiente” dirigidas al mandatario colombiano Gustavo Petro. Sin embargo, muchos venezolanos, colombianos y mexicanos coinciden en algo elemental: sería razonable que el Presidente estadounidense explicara con claridad qué está haciendo su propio país para reducir la demanda interna de drogas ilícitas y cuál es, en términos concretos, su política nacional frente al narcotráfico. A inicios de febrero de 2026, Petro se reunió con Trump en Washington. Fue un encuentro mayormente privado, sin teatralidad. Petro defendió con firmeza —y con datos— los esfuerzos de Colombia para enfrentar el narcotráfico: incautaciones récord, programas de sustitución de cultivos y cooperación bilateral. Más que un intercambio retórico, fue una conversación directa. Lo relevante es que, al menos por ahora, las tensiones entre ambos países parecen haberse atenuado. La estrategia exterior y sus límites Cada vez resulta más evidente que las ejecuciones extrajudiciales —que al momento de escribir estas líneas suman 144— no resolverán el problema estructural del narcotráfico. Tampoco lo hará la desestabilización de gobiernos extranjeros. Durante décadas, la estrategia de helicópteros sobrevolando selvas, fuerzas especiales capturando líderes, extradiciones, encarcelamientos prolongados y casi un billón de dólares invertidos en interdicción, erradicación y prisión no ha producido resultados sostenibles. Mientras tanto, en ciudades como Washington, DC, los recortes a programas de tratamiento de adicciones, investigación médica y financiamiento hospitalario reciben escasa atención. La dimensión interna de la crisis suele quedar relegada frente a la espectacularidad de las operaciones internacionales. Capos trasnacionales y la economía de las criptomonedas Petro fue prudente en sus críticas, pero acertó al señalar el auge de los “capos trasnacionales”: mafias estadounidenses, italianas, neerlandesas y balcánicas que operan con notable sofisticación financiera y relativa impunidad. El sustento de buena parte de estas redes es el uso de criptomonedas, cuya velocidad, alcance mundial y opacidad han debilitado múltiples mecanismos de control. No se trata de figuras marginales, sino de actores que visten trajes impecables, gestionan carteras digitales y dominan el lenguaje de las finanzas internacionales. Si la guerra contra las drogas pretende ser coherente, estos deberían figurar entre sus principales objetivos. Sin embargo, la política interna parece avanzar en dirección ambigua. La flexibilización de investigaciones sobre delitos financieros vinculados a criptomonedas y la reducción de exigencias de transparencia corporativa dificultan el rastreo de flujos ilícitos. Los cárteles latinoamericanos ya utilizan estos instrumentos no solo para ocultar dinero, sino para operar ecosistemas financieros completos. La demanda interna: el eslabón olvidado La pregunta central persiste: ¿qué está haciendo Estados Unidos para reducir su propia demanda? Durante una visita reciente a Bogotá, muchos colombianos manifestaban incredulidad cuando se les explicaba que, a pocos kilómetros del centro de Washington, DC, adquirir cocaína puede ser tan sencillo como comprar alimentos básicos. La capital estadounidense ha experimentado un incremento alarmante de muertes por sobredosis: la tasa se ha cuadruplicado desde 2013, alcanzando cerca de mil fallecimientos anuales. La mezcla de cocaína con fentanilo —sustancia hasta cincuenta veces más potente— ha agravado dramáticamente la situación. Mientras el consumo resulte más atractivo que las alternativas disponibles, la demanda persistirá. Si la meta fuera verdaderamente “rentable” —en términos de eficacia—, la estrategia debería priorizar políticas de salud pública basadas en evidencia antes que el encarcelamiento masivo de infractores de bajo nivel. La experiencia demuestra que los antecedentes penales perpetúan ciclos de pobreza, dificultan el acceso a empleo y vivienda, y aumentan el riesgo de sobredosis tras la liberación. Tratar la adicción no es simple ni depende únicamente del financiamiento, pero la evidencia empírica es clara: el tratamiento funciona mejor cuando se combina con apoyo social, oportunidades económicas y continuidad terapéutica. Mientras el consumo resulte más atractivo que las alternativas disponibles, la demanda persistirá. Rentabilidad, incentivos y coherencia política También es indispensable abordar la extraordinaria rentabilidad del negocio. Un kilo de cocaína puede adquirirse en Colombia por unos 3000 dólares y multiplicar varias veces su valor en Estados Unidos, Europa o Asia. Ese diferencial de ganancias es el verdadero motor del mercado mundial. Las decisiones políticas que debilitan la supervisión financiera o conceden indultos a traficantes condenados envían señales contradictorias. Reducen el efecto disuasorio y pueden estimular la oferta. Si el objetivo es frenar el narcotráfico, la coherencia entre discurso y práctica resulta indispensable. Dado el historial de la política estadounidense en la guerra contra las drogas, quizá la cautela diplomática de Petro fue comprensible. No obstante, la cuestión de fondo permanece: mientras no se enfrente con la misma firmeza la demanda interna y las estructuras financieras que sostienen el mercado, cualquier estrategia centrada exclusivamente en Latinoamérica seguirá siendo parcial e insuficiente. NELSON THOMPSON fue becario Woodrow Wilson en la Johns Hopkins University, así como Asesor Ambiental y de Energía del gobierno de Estados Unidos. Sus ensayos se han publicado en The Washington Post, The Wall Street Journal,The Baltimore Sun, entre otros. Es autor de After Babel: Reflections on Language and Languages (All Bilingual Press, 2023). Las opiniones expresadas por el autor son personales.

​La corresponsabilidad de Estados Unidos en la lucha contra el tráfico de cocaína T. Nelson Thompson Marzo 2026 A pesar de las reiteradas declaraciones del presidente Donald Trump sobre la cocaína que “envenena a los estadounidenses” y de la insistencia en atribuir a Latinoamérica la responsabilidad casi exclusiva de la crisis de las drogas, la narrativa resulta incompleta. Esa culpabilización externa se ha traducido en demostraciones de fuerza: ejecuciones extrajudiciales en el Caribe, la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, así como sanciones, descertificaciones y advertencias del tipo “tú podrías ser el siguiente” dirigidas al mandatario colombiano Gustavo Petro. Sin embargo, muchos venezolanos, colombianos y mexicanos coinciden en algo elemental: sería razonable que el Presidente estadounidense explicara con claridad qué está haciendo su propio país para reducir la demanda interna de drogas ilícitas y cuál es, en términos concretos, su política nacional frente al narcotráfico. A inicios de febrero de 2026, Petro se reunió con Trump en Washington. Fue un encuentro mayormente privado, sin teatralidad. Petro defendió con firmeza —y con datos— los esfuerzos de Colombia para enfrentar el narcotráfico: incautaciones récord, programas de sustitución de cultivos y cooperación bilateral. Más que un intercambio retórico, fue una conversación directa. Lo relevante es que, al menos por ahora, las tensiones entre ambos países parecen haberse atenuado. La estrategia exterior y sus límites Cada vez resulta más evidente que las ejecuciones extrajudiciales —que al momento de escribir estas líneas suman 144— no resolverán el problema estructural del narcotráfico. Tampoco lo hará la desestabilización de gobiernos extranjeros. Durante décadas, la estrategia de helicópteros sobrevolando selvas, fuerzas especiales capturando líderes, extradiciones, encarcelamientos prolongados y casi un billón de dólares invertidos en interdicción, erradicación y prisión no ha producido resultados sostenibles. Mientras tanto, en ciudades como Washington, DC, los recortes a programas de tratamiento de adicciones, investigación médica y financiamiento hospitalario reciben escasa atención. La dimensión interna de la crisis suele quedar relegada frente a la espectacularidad de las operaciones internacionales. Capos trasnacionales y la economía de las criptomonedas Petro fue prudente en sus críticas, pero acertó al señalar el auge de los “capos trasnacionales”: mafias estadounidenses, italianas, neerlandesas y balcánicas que operan con notable sofisticación financiera y relativa impunidad. El sustento de buena parte de estas redes es el uso de criptomonedas, cuya velocidad, alcance mundial y opacidad han debilitado múltiples mecanismos de control. No se trata de figuras marginales, sino de actores que visten trajes impecables, gestionan carteras digitales y dominan el lenguaje de las finanzas internacionales. Si la guerra contra las drogas pretende ser coherente, estos deberían figurar entre sus principales objetivos. Sin embargo, la política interna parece avanzar en dirección ambigua. La flexibilización de investigaciones sobre delitos financieros vinculados a criptomonedas y la reducción de exigencias de transparencia corporativa dificultan el rastreo de flujos ilícitos. Los cárteles latinoamericanos ya utilizan estos instrumentos no solo para ocultar dinero, sino para operar ecosistemas financieros completos. La demanda interna: el eslabón olvidado La pregunta central persiste: ¿qué está haciendo Estados Unidos para reducir su propia demanda? Durante una visita reciente a Bogotá, muchos colombianos manifestaban incredulidad cuando se les explicaba que, a pocos kilómetros del centro de Washington, DC, adquirir cocaína puede ser tan sencillo como comprar alimentos básicos. La capital estadounidense ha experimentado un incremento alarmante de muertes por sobredosis: la tasa se ha cuadruplicado desde 2013, alcanzando cerca de mil fallecimientos anuales. La mezcla de cocaína con fentanilo —sustancia hasta cincuenta veces más potente— ha agravado dramáticamente la situación. Mientras el consumo resulte más atractivo que las alternativas disponibles, la demanda persistirá. Si la meta fuera verdaderamente “rentable” —en términos de eficacia—, la estrategia debería priorizar políticas de salud pública basadas en evidencia antes que el encarcelamiento masivo de infractores de bajo nivel. La experiencia demuestra que los antecedentes penales perpetúan ciclos de pobreza, dificultan el acceso a empleo y vivienda, y aumentan el riesgo de sobredosis tras la liberación. Tratar la adicción no es simple ni depende únicamente del financiamiento, pero la evidencia empírica es clara: el tratamiento funciona mejor cuando se combina con apoyo social, oportunidades económicas y continuidad terapéutica. Mientras el consumo resulte más atractivo que las alternativas disponibles, la demanda persistirá. Rentabilidad, incentivos y coherencia política También es indispensable abordar la extraordinaria rentabilidad del negocio. Un kilo de cocaína puede adquirirse en Colombia por unos 3000 dólares y multiplicar varias veces su valor en Estados Unidos, Europa o Asia. Ese diferencial de ganancias es el verdadero motor del mercado mundial. Las decisiones políticas que debilitan la supervisión financiera o conceden indultos a traficantes condenados envían señales contradictorias. Reducen el efecto disuasorio y pueden estimular la oferta. Si el objetivo es frenar el narcotráfico, la coherencia entre discurso y práctica resulta indispensable. Dado el historial de la política estadounidense en la guerra contra las drogas, quizá la cautela diplomática de Petro fue comprensible. No obstante, la cuestión de fondo permanece: mientras no se enfrente con la misma firmeza la demanda interna y las estructuras financieras que sostienen el mercado, cualquier estrategia centrada exclusivamente en Latinoamérica seguirá siendo parcial e insuficiente. NELSON THOMPSON fue becario Woodrow Wilson en la Johns Hopkins University, así como Asesor Ambiental y de Energía del gobierno de Estados Unidos. Sus ensayos se han publicado en The Washington Post, The Wall Street Journal,The Baltimore Sun, entre otros. Es autor de After Babel: Reflections on Language and Languages (All Bilingual Press, 2023). Las opiniones expresadas por el autor son personales. Read More

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