Hace nueve años y tres meses perdimos a la persona de Pierre Bourdieu. Quienes lo tratamos personalmente, lamentamos no solamente la gran pérdida del hombre de oficio que fue, sino que también nos hemos entristecido por la pérdida del hombre-maestro, del hombre-amigo. Del hombre sabio e inteligente, amable y tímido a la vez, que podía otorgarte seis horas en una larga entrevista o cuarenta minutos de asesoría o más aún, un saludo afectuoso al salir de una sesión de su seminario.
Hoy, que sigue vivo en la mirada “instruida” que nos legó y en la reconstrucción de una época de luchas teóricas y políticas en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, en las que participó, gracias a lo cual le fue posible legarnos una gran caja de herramientas teórico-prácticas de primer orden.
Hace nueve años y tres meses perdimos a la persona de Pierre Bourdieu. Quienes lo tratamos personalmente, lamentamos no solamente la gran pérdida del hombre de oficio que fue, sino que también nos hemos entristecido por la pérdida del hombre-maestro, del hombre-amigo. Del hombre sabio e inteligente, amable y tímido a la vez, que podía otorgarte seis horas en una larga entrevista o cuarenta minutos de asesoría o más aún, un saludo afectuoso al salir de una sesión de su seminario.Hoy, que sigue vivo en la mirada “instruida” que nos legó y en la reconstrucción de una época de luchas teóricas y políticas en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, en las que participó, gracias a lo cual le fue posible legarnos una gran caja de herramientas teórico-prácticas de primer orden. Read More
