Alina Gamboa Combs y Aranza Jiménez Schulz Marzo 2026 Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México En junio de 2018, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) anunció que Canadá, Estados Unidos y México serían los anfitriones de la Copa Mundial de 2026, con casi 8 años para preparar la infraestructura, la seguridad y el marco regulatorio necesarios. El torneo marcará varios hitos: por primera vez contará con tres países anfitriones, 48 selecciones participantes y 104 partidos —78 en Estados Unidos, 13 en México y 13 en Canadá—. Los encuentros se disputarán en 16 ciudades distribuidas en tres husos horarios, lo que representa un desafío adicional de coordinación logística. En la candidatura presentada en 2017, los tres países destacaron que ya contaban con la infraestructura necesaria para recibir, transportar y hospedar a más de tres millones de aficionados previstos. Asimismo, demostraron que los estadios propuestos cumplían con los requisitos mínimos establecidos en las reglas de licitación y que tenían la capacidad de realizar las adecuaciones necesarias para satisfacer todos los estándares de la FIFA. Para avanzar en la organización del torneo, también firmaron acuerdos destinados a garantizar la preparación del evento, incluyendo facilidades aduaneras, la eliminación de aranceles y la protección de la propiedad intelectual y de las marcas comerciales, con el objetivo de que todo esté listo para el partido inaugural. Sin embargo, el camino hacia la organización del torneo no ha estado exento de dificultades. En materia aeroportuaria, por ejemplo, se contemplaron expansiones a gran escala en los aeropuertos de Monterrey y Toronto, así como mejoras en las terminales de Guadalajara, Los Ángeles y Seattle, además de la modernización de los procesos de seguridad y migración en Dallas y Nueva York. La candidatura presentada en 2017 destacaba que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), entonces en construcción, estaría listo en 2021 y operaría a plena capacidad antes de la inauguración del torneo. No obstante, en 2018 México celebró elecciones presidenciales y el nuevo gobierno consideró dicho proyecto un símbolo de despilfarro e imposición de su antecesor. Para demostrarlo, organizó una consulta pública sobre el futuro del aeropuerto. El resultado condujo a la cancelación del proyecto y, en su lugar, se optó por adecuar una base aérea militar —rebautizada como Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles— para complementar las operaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Este caso evidencia la dificultad de planificar un torneo con muchos años de antelación, ya que el gobierno que presenta la candidatura para organizar una Copa del Mundo no necesariamente es el mismo que termina ejecutándola. En este sentido, un modelo de gobernanza multinivel permite comprender qué funciona y qué no cuando un proyecto regional debe trascender los ciclos políticos y los mandatos gubernamentales, al tiempo que atraviesa distintos niveles de toma de decisiones, tanto verticales como horizontales. La gobernanza del Mundial Para llevar a cabo una Copa del Mundo se requiere una estrecha coordinación entre la FIFA, las autoridades futbolísticas de cada país, los gobiernos y la iniciativa privada. En este sentido, puede considerarse un ejemplo de gobernanza multinivel, en el que, además de la FIFA y los gobiernos federales, intervienen estructuras que inciden en la toma de decisiones, como los gobiernos estatales y municipales, así como diversos secretariados y comités organizadores. En una primera instancia, la gobernanza es vertical, ya que la FIFA establece compromisos directos con los países anfitriones —Canadá, Estados Unidos y México— y adquiere un carácter trilateral cuando involucra aspectos que conciernen a los tres países y exige armonizar condiciones para cumplir con los estándares del torneo. Al mismo tiempo, incorpora un componente de gobernanza horizontal, ya que requiere la colaboración con patrocinadores, operadores de estadios y medios de comunicación para la organización y difusión del evento. Para el Mundial de 2026 se crearon diversas organizaciones destinadas a funcionar como canales de diálogo y de transmisión de estas necesidades. La FIFA estableció entidades específicas, como FWC2026 US, Inc. en Estados Unidos y FWC26 Canada Football Ltd. en Canadá. Asimismo, dado que tres países participan en la organización del torneo, se establecieron compromisos conjuntos, como el memorando de entendimiento para crear el denominado Comando Unido de la Copa del Mundo, concebido como el principal foro de integración entre agencias federales y fuerzas policiales de los tres países para compartir inteligencia y coordinar aspectos como la migración trasfronteriza. Lo que sugiere la Copa Mundial de 2026 no es la aparición de un regionalismo institucionalizado en el sentido clásico, sino más bien de un regionalismo temporal y asimétrico que depende de un actor privado con capacidad para imponer estándares, como la FIFA. En términos generales, los gobiernos anfitriones tienden a subordinar ciertos procesos legales y administrativos nacionales a las necesidades del torneo, lo que en la literatura sobre megaeventos deportivos suele describirse como una especie de “estado de excepción” respecto de los estándares propuestos por la FIFA. En ocasiones, dichos estándares se traducen en garantías gubernamentales amplias que obligan a los Estados a adoptar o modificar marcos legales para evitar que la normativa local interfiera con los compromisos adquiridos. En el caso de la Copa Mundial de 2026, esta dinámica se manifiesta de manera particular, al tratarse de tres países anfitriones con sistemas de gobernanza y marcos institucionales distintos. Aun cuando la Copa del Mundo se celebra en un solo país, alinear las prioridades del Estado anfitrión con las de la FIFA suele resultar complejo. En ocasiones, esto implica la modificación o la suspensión temporal de marcos legales nacionales. Por ejemplo, durante el Mundial de 2014, Brasil debió suspender partes de su Estatuto del Aficionado y de su Código de Defensa del Consumidor. De manera similar, en el torneo de 2022, el gobierno de Catar flexibilizó ciertas disposiciones derivadas de la ley islámica en relación con el consumo de alcohol y el trato hacia la comunidad de la diversidad sexual, con el fin de cumplir con los estándares establecidos por la FIFA y por los patrocinadores del torneo. En
Alina Gamboa Combs y Aranza Jiménez Schulz Marzo 2026 Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México En junio de 2018, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) anunció que Canadá, Estados Unidos y México serían los anfitriones de la Copa Mundial de 2026, con casi 8 años para preparar la infraestructura, la seguridad y el marco regulatorio necesarios. El torneo marcará varios hitos: por primera vez contará con tres países anfitriones, 48 selecciones participantes y 104 partidos —78 en Estados Unidos, 13 en México y 13 en Canadá—. Los encuentros se disputarán en 16 ciudades distribuidas en tres husos horarios, lo que representa un desafío adicional de coordinación logística. En la candidatura presentada en 2017, los tres países destacaron que ya contaban con la infraestructura necesaria para recibir, transportar y hospedar a más de tres millones de aficionados previstos. Asimismo, demostraron que los estadios propuestos cumplían con los requisitos mínimos establecidos en las reglas de licitación y que tenían la capacidad de realizar las adecuaciones necesarias para satisfacer todos los estándares de la FIFA. Para avanzar en la organización del torneo, también firmaron acuerdos destinados a garantizar la preparación del evento, incluyendo facilidades aduaneras, la eliminación de aranceles y la protección de la propiedad intelectual y de las marcas comerciales, con el objetivo de que todo esté listo para el partido inaugural. Sin embargo, el camino hacia la organización del torneo no ha estado exento de dificultades. En materia aeroportuaria, por ejemplo, se contemplaron expansiones a gran escala en los aeropuertos de Monterrey y Toronto, así como mejoras en las terminales de Guadalajara, Los Ángeles y Seattle, además de la modernización de los procesos de seguridad y migración en Dallas y Nueva York. La candidatura presentada en 2017 destacaba que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), entonces en construcción, estaría listo en 2021 y operaría a plena capacidad antes de la inauguración del torneo. No obstante, en 2018 México celebró elecciones presidenciales y el nuevo gobierno consideró dicho proyecto un símbolo de despilfarro e imposición de su antecesor. Para demostrarlo, organizó una consulta pública sobre el futuro del aeropuerto. El resultado condujo a la cancelación del proyecto y, en su lugar, se optó por adecuar una base aérea militar —rebautizada como Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles— para complementar las operaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Este caso evidencia la dificultad de planificar un torneo con muchos años de antelación, ya que el gobierno que presenta la candidatura para organizar una Copa del Mundo no necesariamente es el mismo que termina ejecutándola. En este sentido, un modelo de gobernanza multinivel permite comprender qué funciona y qué no cuando un proyecto regional debe trascender los ciclos políticos y los mandatos gubernamentales, al tiempo que atraviesa distintos niveles de toma de decisiones, tanto verticales como horizontales. La gobernanza del Mundial Para llevar a cabo una Copa del Mundo se requiere una estrecha coordinación entre la FIFA, las autoridades futbolísticas de cada país, los gobiernos y la iniciativa privada. En este sentido, puede considerarse un ejemplo de gobernanza multinivel, en el que, además de la FIFA y los gobiernos federales, intervienen estructuras que inciden en la toma de decisiones, como los gobiernos estatales y municipales, así como diversos secretariados y comités organizadores. En una primera instancia, la gobernanza es vertical, ya que la FIFA establece compromisos directos con los países anfitriones —Canadá, Estados Unidos y México— y adquiere un carácter trilateral cuando involucra aspectos que conciernen a los tres países y exige armonizar condiciones para cumplir con los estándares del torneo. Al mismo tiempo, incorpora un componente de gobernanza horizontal, ya que requiere la colaboración con patrocinadores, operadores de estadios y medios de comunicación para la organización y difusión del evento. Para el Mundial de 2026 se crearon diversas organizaciones destinadas a funcionar como canales de diálogo y de transmisión de estas necesidades. La FIFA estableció entidades específicas, como FWC2026 US, Inc. en Estados Unidos y FWC26 Canada Football Ltd. en Canadá. Asimismo, dado que tres países participan en la organización del torneo, se establecieron compromisos conjuntos, como el memorando de entendimiento para crear el denominado Comando Unido de la Copa del Mundo, concebido como el principal foro de integración entre agencias federales y fuerzas policiales de los tres países para compartir inteligencia y coordinar aspectos como la migración trasfronteriza. Lo que sugiere la Copa Mundial de 2026 no es la aparición de un regionalismo institucionalizado en el sentido clásico, sino más bien de un regionalismo temporal y asimétrico que depende de un actor privado con capacidad para imponer estándares, como la FIFA. En términos generales, los gobiernos anfitriones tienden a subordinar ciertos procesos legales y administrativos nacionales a las necesidades del torneo, lo que en la literatura sobre megaeventos deportivos suele describirse como una especie de “estado de excepción” respecto de los estándares propuestos por la FIFA. En ocasiones, dichos estándares se traducen en garantías gubernamentales amplias que obligan a los Estados a adoptar o modificar marcos legales para evitar que la normativa local interfiera con los compromisos adquiridos. En el caso de la Copa Mundial de 2026, esta dinámica se manifiesta de manera particular, al tratarse de tres países anfitriones con sistemas de gobernanza y marcos institucionales distintos. Aun cuando la Copa del Mundo se celebra en un solo país, alinear las prioridades del Estado anfitrión con las de la FIFA suele resultar complejo. En ocasiones, esto implica la modificación o la suspensión temporal de marcos legales nacionales. Por ejemplo, durante el Mundial de 2014, Brasil debió suspender partes de su Estatuto del Aficionado y de su Código de Defensa del Consumidor. De manera similar, en el torneo de 2022, el gobierno de Catar flexibilizó ciertas disposiciones derivadas de la ley islámica en relación con el consumo de alcohol y el trato hacia la comunidad de la diversidad sexual, con el fin de cumplir con los estándares establecidos por la FIFA y por los patrocinadores del torneo. En Read More
