¿Valentía, esperanza y optimismo en Estados Unidos? T. Nelson Thompson Abril 2026 Más de 3000 marchas y manifestaciones se registraron en Estados Unidos el 28 de marzo de 2026, durante el tercer evento convocado por el movimiento “No Kings” (Sin Reyes), el cual movilizó a millones de personas en protesta contra las políticas y las acciones del presidente Donald Trump. Si bien la guerra en Irán incentivó la participación de los jóvenes, muchas de las protestas —que incluyeron a ciudadanos de todas las edades— se centraron en la ofensiva del mandatario estadounidense contra la migración y el cumplimiento de las leyes aduaneras. De la confrontación a la violencia Históricamente, se esperaba que los presidentes estadounidenses ofrecieran, al enfrentar desafíos nacionales, una visión positiva sobre el futuro del país. Tras un año en el cargo, la visión de Trump bajo el movimiento MAGA (“Make America Great Again”) se define no solo por un tono directo y confrontativo, sino también por un historial de violencia, tanto interna como externa, que abarca desde agresiones y tiroteos y, ahora, hasta una guerra abierta. Hoy, la marca distintiva del gobierno de Trump es la persecución violenta de la migración legal e ilegal —denominada por él mismo como una “invasión”—, la cooptación del Departamento de Justicia y el despliego de fuerzas federales para hostigar a críticos (“enemigos internos”), la infiltración de ideologías marginales en distintos niveles del gobierno y el debilitamiento sistemático de las instituciones democráticas, acompañado de restricciones crecientes a las libertades civiles. Su estilo de gobernar evidencia un rechazo absoluto hacia la tolerancia, la disidencia, la libertad de expresión e incluso los procesos electorales. Más allá de sus fronteras, en Latinoamérica, el gobierno de Trump ha intensificado sus operaciones militares dirigidas contra embarcaciones y estructuras asociadas con el tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico. Estas acciones han causado muertes y han generado cuestionamientos legales y éticos de parte de expertos que advierten sobre posibles ejecuciones extrajudiciales sin el debido proceso legal. La captura y el traslado del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha sido descrita por gobiernos aliados de Caracas como una acción equivalente a un secuestro, mientras que la crisis económica en Cuba se ha agudizado por las sanciones y el corte de suministros energéticos, medidas que desde La Habana se consideran parte de una política de presión económica. Del descontento a la manifestación Las encuestas de opinión pública reflejan un clima de frustración y creciente escepticismo entre amplios sectores de la ciudadanía estadounidense respecto a la dirección del país. Diferentes mediciones, incluidas las de Gallup y otros sondeos nacionales, muestran altos niveles de descontento con el liderazgo político y con la percepción de polarización social. El estilo comunicativo de Trump —marcado por repeticiones frecuentes, digresiones y tono combativo— ha dominado la cobertura mediática, lo que ha generado críticas sobre su impacto en el discurso público y en la calidad del debate cívico. Voces académicas y periodísticas señalan que este enfoque contribuye a la polarización y a la erosión de normas institucionales, aunque también genera una amplia base de apoyo entre sus seguidores. La violencia asociada a la implementación de la política de seguridad y antidrogas de Estados Unidos —tanto en lo militar como en lo retórico— ha pasado a formar parte de las noticias diarias, pero con frecuencia recibe un tratamiento informativo menos destacado que otros eventos. Por ejemplo, los enfrentamientos navales relacionados con la interceptación de cargamentos ilícitos, que han provocado decenas de muertes, rara vez se ubican en los titulares principales, a pesar de las críticas sobre su legalidad y consecuencias humanitarias. Al analizar cientos de campañas durante el último siglo, Chenoweth descubrió que los movimientos no violentos tienen el doble de probabilidades de alcanzar sus objetivos que los violentos. A nivel nacional, Estados Unidos vive un clima de intensa polarización, marcado tanto por el desencanto como por la movilización ciudadana. En Minnesota, la llamada “Operation Metro Surge” (Operación Oleada Metropolitana) —un despliegue masivo de agentes federales de migración en las áreas de Minneapolis y Saint Paul— provocó fuertes protestas tras la muerte de civiles como Renée Good y Alex Pretti durante el operativo, y generó una ola de indignación pública ante las tácticas empleadas. Las autoridades locales y las organizaciones de derechos civiles han denunciado violaciones de libertades y han presentado demandas legales contra las acciones de los agentes federales. De ahí que miles de manifestantes protagonizaron marchas y protestas en todo el país como parte del movimiento “No Kings”, con más de 3300 eventos en los 50 estados, lo que lo convierte en una de las movilizaciones más grandes de la historia reciente de Estados Unidos. Estas protestas han abordado diversas demandas, desde críticas a las políticas migratorias y el uso de fuerza federal hasta preocupaciones sobre derechos civiles y el rumbo político nacional. Las protestas en Minneapolis y St. Paul se destacaron por su tamaño y persistencia en un contexto ya tenso por la operación federal, y la ciudad ha sido mencionada incluso entre los posibles nominados al premio Nobel de la Paz en reconocimiento simbólico a la movilización ciudadana en defensa de los derechos humanos. Estas movilizaciones reflejan un momento de alta participación cívica en Estados Unidos, donde la sociedad civil ha salido a las calles para reclamar el respeto a las libertades civiles, cuestionar las prácticas de aplicación de la ley y contrarrestar políticas que consideran autoritarias. Las protestas han sido, en su mayoría, pacíficas, y han contado con el respaldo de figuras públicas y organizaciones de derechos humanos. El poder del activismo no violento Un marco práctico proviene de la investigación de Erica Chenoweth, politóloga de la Universidad de Harvard, quien sostiene que la desobediencia civil no solo es moralmente legítima, sino también estratégicamente poderosa. Al analizar cientos de campañas durante el último siglo, Chenoweth descubrió que los movimientos no violentos tienen el doble de probabilidades de alcanzar sus objetivos que los violentos. Y aunque la dinámica exacta dependerá de muchos factores, ha demostrado que se necesita que
¿Valentía, esperanza y optimismo en Estados Unidos? T. Nelson Thompson Abril 2026 Más de 3000 marchas y manifestaciones se registraron en Estados Unidos el 28 de marzo de 2026, durante el tercer evento convocado por el movimiento “No Kings” (Sin Reyes), el cual movilizó a millones de personas en protesta contra las políticas y las acciones del presidente Donald Trump. Si bien la guerra en Irán incentivó la participación de los jóvenes, muchas de las protestas —que incluyeron a ciudadanos de todas las edades— se centraron en la ofensiva del mandatario estadounidense contra la migración y el cumplimiento de las leyes aduaneras. De la confrontación a la violencia Históricamente, se esperaba que los presidentes estadounidenses ofrecieran, al enfrentar desafíos nacionales, una visión positiva sobre el futuro del país. Tras un año en el cargo, la visión de Trump bajo el movimiento MAGA (“Make America Great Again”) se define no solo por un tono directo y confrontativo, sino también por un historial de violencia, tanto interna como externa, que abarca desde agresiones y tiroteos y, ahora, hasta una guerra abierta. Hoy, la marca distintiva del gobierno de Trump es la persecución violenta de la migración legal e ilegal —denominada por él mismo como una “invasión”—, la cooptación del Departamento de Justicia y el despliego de fuerzas federales para hostigar a críticos (“enemigos internos”), la infiltración de ideologías marginales en distintos niveles del gobierno y el debilitamiento sistemático de las instituciones democráticas, acompañado de restricciones crecientes a las libertades civiles. Su estilo de gobernar evidencia un rechazo absoluto hacia la tolerancia, la disidencia, la libertad de expresión e incluso los procesos electorales. Más allá de sus fronteras, en Latinoamérica, el gobierno de Trump ha intensificado sus operaciones militares dirigidas contra embarcaciones y estructuras asociadas con el tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico. Estas acciones han causado muertes y han generado cuestionamientos legales y éticos de parte de expertos que advierten sobre posibles ejecuciones extrajudiciales sin el debido proceso legal. La captura y el traslado del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha sido descrita por gobiernos aliados de Caracas como una acción equivalente a un secuestro, mientras que la crisis económica en Cuba se ha agudizado por las sanciones y el corte de suministros energéticos, medidas que desde La Habana se consideran parte de una política de presión económica. Del descontento a la manifestación Las encuestas de opinión pública reflejan un clima de frustración y creciente escepticismo entre amplios sectores de la ciudadanía estadounidense respecto a la dirección del país. Diferentes mediciones, incluidas las de Gallup y otros sondeos nacionales, muestran altos niveles de descontento con el liderazgo político y con la percepción de polarización social. El estilo comunicativo de Trump —marcado por repeticiones frecuentes, digresiones y tono combativo— ha dominado la cobertura mediática, lo que ha generado críticas sobre su impacto en el discurso público y en la calidad del debate cívico. Voces académicas y periodísticas señalan que este enfoque contribuye a la polarización y a la erosión de normas institucionales, aunque también genera una amplia base de apoyo entre sus seguidores. La violencia asociada a la implementación de la política de seguridad y antidrogas de Estados Unidos —tanto en lo militar como en lo retórico— ha pasado a formar parte de las noticias diarias, pero con frecuencia recibe un tratamiento informativo menos destacado que otros eventos. Por ejemplo, los enfrentamientos navales relacionados con la interceptación de cargamentos ilícitos, que han provocado decenas de muertes, rara vez se ubican en los titulares principales, a pesar de las críticas sobre su legalidad y consecuencias humanitarias. Al analizar cientos de campañas durante el último siglo, Chenoweth descubrió que los movimientos no violentos tienen el doble de probabilidades de alcanzar sus objetivos que los violentos. A nivel nacional, Estados Unidos vive un clima de intensa polarización, marcado tanto por el desencanto como por la movilización ciudadana. En Minnesota, la llamada “Operation Metro Surge” (Operación Oleada Metropolitana) —un despliegue masivo de agentes federales de migración en las áreas de Minneapolis y Saint Paul— provocó fuertes protestas tras la muerte de civiles como Renée Good y Alex Pretti durante el operativo, y generó una ola de indignación pública ante las tácticas empleadas. Las autoridades locales y las organizaciones de derechos civiles han denunciado violaciones de libertades y han presentado demandas legales contra las acciones de los agentes federales. De ahí que miles de manifestantes protagonizaron marchas y protestas en todo el país como parte del movimiento “No Kings”, con más de 3300 eventos en los 50 estados, lo que lo convierte en una de las movilizaciones más grandes de la historia reciente de Estados Unidos. Estas protestas han abordado diversas demandas, desde críticas a las políticas migratorias y el uso de fuerza federal hasta preocupaciones sobre derechos civiles y el rumbo político nacional. Las protestas en Minneapolis y St. Paul se destacaron por su tamaño y persistencia en un contexto ya tenso por la operación federal, y la ciudad ha sido mencionada incluso entre los posibles nominados al premio Nobel de la Paz en reconocimiento simbólico a la movilización ciudadana en defensa de los derechos humanos. Estas movilizaciones reflejan un momento de alta participación cívica en Estados Unidos, donde la sociedad civil ha salido a las calles para reclamar el respeto a las libertades civiles, cuestionar las prácticas de aplicación de la ley y contrarrestar políticas que consideran autoritarias. Las protestas han sido, en su mayoría, pacíficas, y han contado con el respaldo de figuras públicas y organizaciones de derechos humanos. El poder del activismo no violento Un marco práctico proviene de la investigación de Erica Chenoweth, politóloga de la Universidad de Harvard, quien sostiene que la desobediencia civil no solo es moralmente legítima, sino también estratégicamente poderosa. Al analizar cientos de campañas durante el último siglo, Chenoweth descubrió que los movimientos no violentos tienen el doble de probabilidades de alcanzar sus objetivos que los violentos. Y aunque la dinámica exacta dependerá de muchos factores, ha demostrado que se necesita que Read More
