Héctor Ernesto Herrera Capetillo, Maya Andrea Mejía López y Pedro Lezama Palazuelos Mayo 2026 Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México En el marco de una creciente interdependencia mundial, el deporte ha adquirido una relevancia que trasciende lo estrictamente competitivo para convertirse en una institución cultural que articula comunidades y genera dinámicas de inclusión y exclusión a distintas escalas. Desde el enfoque del Deporte para el Desarrollo y la Paz (DDP), el deporte puede comprenderse como una herramienta capaz de contribuir al desarrollo humano y la cohesión social. El caso de Haití resulta especialmente relevante. La prolongada inestabilidad política, la crisis económica y social, así como la violencia que atraviesa el país ha impulsado desde hace décadas un masivo éxodo que se concentra principalmente en el continente americano. En este contexto, la celebración del Mundial de futbol de 2026 en Canadá, Estados Unidos y México ⸺países con una amplia diáspora haitiana⸺ permite explorar cómo el deporte opera simultáneamente como mecanismo de integración de los inmigrantes en sociedades de acogida y como dispositivo de reproducción de una identidad nacional que trasciende las fronteras. El deporte como herramienta de paz y desarrollo Desde principios del siglo XXI, el DDP se ha convertido en un subcampo distintivo de la sociología del deporte vinculado con las relaciones internacionales y el desarrollo mundial. Este enfoque reconoce que, más allá de su dimensión recreativa, el deporte es un instrumento sociocultural capaz de reducir las tensiones sociales y promover la reconciliación y la reconstrucción de sociedades atravesadas por la violencia, la desigualdad y la fragmentación social. Diversas iniciativas respaldan esta perspectiva. En 2001, Kofi Annan creó la Oficina de las Naciones Unidas sobre el Deporte para el Desarrollo y la Paz, que operó hasta 2017 para coordinar el trabajo de las diversas agencias de la organización que promueven las actividades deportivas como una forma de contribuir al desarrollo y la paz. Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas reconoció la importancia del deporte como una herramienta en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente aquellos relacionados con la salud, la educación inclusiva, la igualdad de género y la promoción de sociedades justas, pacíficas e inclusivas. En escenarios de migración, este enfoque permite comprender cómo el deporte facilita procesos de integración y adaptación, al tiempo que preserva las identidades culturales de las diásporas. De esa forma, el futbol funciona como un espacio en el que se reafirman pertenencias y se construyen redes de solidaridad transnacional en sociedades previamente separadas por la violencia. Haití: historia de una crisis Haití, el primer país independiente de Latinoamérica, y la primera república negra del mundo tras su Revolución en 1804, ocupa un lugar singular en la historia política del continente por su lucha anticolonial y antiesclavista. Sin embargo, esa centralidad histórica contrasta con las profundas crisis estructurales que han marcado su desarrollo contemporáneo. Desde muy temprano, el país cargó con el costo de una fuerte indemnización económica a Francia a cambio del reconocimiento de su soberanía. Durante los siglos XIX y XX, Haití sufrió guerras civiles, la ocupación estadounidense (1915-1934) y las dictaduras de François Duvalier ⸺Papa Doc⸺ entre 1957 y 1971 y, posteriormente, de su hijo Jean-Claude Duvalier ⸺Baby Doc⸺ hasta 1986, así como breves paréntesis democráticos que terminaron por golpes de Estado. Hoy, Haití enfrenta una crisis política e institucional severa. La relativa estabilidad democrática que el país sostenía terminó por derrumbarse con el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021. Tras el término del mandato del Consejo Presidencial de Transición en febrero de 2026, el primer ministro Didier Fils-Aimé asumió las funciones del poder ejecutivo del país. Pese a que el calendario oficial prometía elecciones para el 30 de agosto de 2026, el propio Fils-Aimé clausuró esa esperanza al declarar que las urnas no se abrirán hasta que se erradiquen las pandillas. Sin embargo, en una realidad donde estas bandas controlan 90% de su área metropolitana y extienden su control territorial mediante masacres y violaciones, la promesa democrática parece un horizonte inalcanzable. Aunado a esto, el país atraviesa su séptimo año consecutivo de contracción económica, con una inflación que supera 30%. Cualquier optimismo de recuperación se desvanece ante el control de las pandillas sobre la infraestructura básica. El sistema de salud sufre un colapso casi total: apenas 30% de los centros de salud operan en todo el país. En este panorama, donde las actividades diarias se realizan en medio de fuego cruzado y donde se espera con incertidumbre el impacto humanitario del despliegue de la Fuerza de Supresión de Pandillas, resulta relevante observar cómo ciertos espacios sociales, como el deporte, logran articular formas de cohesión que el Estado no ha podido sostener. El futbol como espacio de articulación entre el país y sus diásporas La presencia del futbol en Haití es una de las más antiguas del continente. Como refiere Pablo Alabarces en Historia mínima del futbol en América Latina (El Colegio de México, 2018), la Unión Deportiva Haitiana, fundada en 1904, es la segunda liga más antigua del Caribe, solo por detrás de su par en Guyana, creado 2 años antes. En 1933, el país se afilió a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y, en 1957, ganó el Campeonato Centroamericano y del Caribe. Sin embargo, su logro más significativo ocurrió en 1973, cuando organizó en su territorio y ganó el campeonato de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf), triunfo que le aseguró su pase a la Copa del Mundo de 1974, celebrada en Alemania Federal. En esa ocasión, y ante las televisiones instaladas por el régimen de Duvalier en los parques de Puerto Príncipe, la población atestiguó el gol de Emmanuel Manno Sanon frente a Italia. Aunque el encuentro concluyó con una derrota de 3-1, durante 6 memorables minutos Haití estuvo al frente del marcador y puso fin a la racha invicta de más de mil minutos sin recibir gol del arquero italiano Dino Zoff. A pesar de que por varias
Héctor Ernesto Herrera Capetillo, Maya Andrea Mejía López y Pedro Lezama Palazuelos Mayo 2026 Una colaboración de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México En el marco de una creciente interdependencia mundial, el deporte ha adquirido una relevancia que trasciende lo estrictamente competitivo para convertirse en una institución cultural que articula comunidades y genera dinámicas de inclusión y exclusión a distintas escalas. Desde el enfoque del Deporte para el Desarrollo y la Paz (DDP), el deporte puede comprenderse como una herramienta capaz de contribuir al desarrollo humano y la cohesión social. El caso de Haití resulta especialmente relevante. La prolongada inestabilidad política, la crisis económica y social, así como la violencia que atraviesa el país ha impulsado desde hace décadas un masivo éxodo que se concentra principalmente en el continente americano. En este contexto, la celebración del Mundial de futbol de 2026 en Canadá, Estados Unidos y México ⸺países con una amplia diáspora haitiana⸺ permite explorar cómo el deporte opera simultáneamente como mecanismo de integración de los inmigrantes en sociedades de acogida y como dispositivo de reproducción de una identidad nacional que trasciende las fronteras. El deporte como herramienta de paz y desarrollo Desde principios del siglo XXI, el DDP se ha convertido en un subcampo distintivo de la sociología del deporte vinculado con las relaciones internacionales y el desarrollo mundial. Este enfoque reconoce que, más allá de su dimensión recreativa, el deporte es un instrumento sociocultural capaz de reducir las tensiones sociales y promover la reconciliación y la reconstrucción de sociedades atravesadas por la violencia, la desigualdad y la fragmentación social. Diversas iniciativas respaldan esta perspectiva. En 2001, Kofi Annan creó la Oficina de las Naciones Unidas sobre el Deporte para el Desarrollo y la Paz, que operó hasta 2017 para coordinar el trabajo de las diversas agencias de la organización que promueven las actividades deportivas como una forma de contribuir al desarrollo y la paz. Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas reconoció la importancia del deporte como una herramienta en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente aquellos relacionados con la salud, la educación inclusiva, la igualdad de género y la promoción de sociedades justas, pacíficas e inclusivas. En escenarios de migración, este enfoque permite comprender cómo el deporte facilita procesos de integración y adaptación, al tiempo que preserva las identidades culturales de las diásporas. De esa forma, el futbol funciona como un espacio en el que se reafirman pertenencias y se construyen redes de solidaridad transnacional en sociedades previamente separadas por la violencia. Haití: historia de una crisis Haití, el primer país independiente de Latinoamérica, y la primera república negra del mundo tras su Revolución en 1804, ocupa un lugar singular en la historia política del continente por su lucha anticolonial y antiesclavista. Sin embargo, esa centralidad histórica contrasta con las profundas crisis estructurales que han marcado su desarrollo contemporáneo. Desde muy temprano, el país cargó con el costo de una fuerte indemnización económica a Francia a cambio del reconocimiento de su soberanía. Durante los siglos XIX y XX, Haití sufrió guerras civiles, la ocupación estadounidense (1915-1934) y las dictaduras de François Duvalier ⸺Papa Doc⸺ entre 1957 y 1971 y, posteriormente, de su hijo Jean-Claude Duvalier ⸺Baby Doc⸺ hasta 1986, así como breves paréntesis democráticos que terminaron por golpes de Estado. Hoy, Haití enfrenta una crisis política e institucional severa. La relativa estabilidad democrática que el país sostenía terminó por derrumbarse con el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021. Tras el término del mandato del Consejo Presidencial de Transición en febrero de 2026, el primer ministro Didier Fils-Aimé asumió las funciones del poder ejecutivo del país. Pese a que el calendario oficial prometía elecciones para el 30 de agosto de 2026, el propio Fils-Aimé clausuró esa esperanza al declarar que las urnas no se abrirán hasta que se erradiquen las pandillas. Sin embargo, en una realidad donde estas bandas controlan 90% de su área metropolitana y extienden su control territorial mediante masacres y violaciones, la promesa democrática parece un horizonte inalcanzable. Aunado a esto, el país atraviesa su séptimo año consecutivo de contracción económica, con una inflación que supera 30%. Cualquier optimismo de recuperación se desvanece ante el control de las pandillas sobre la infraestructura básica. El sistema de salud sufre un colapso casi total: apenas 30% de los centros de salud operan en todo el país. En este panorama, donde las actividades diarias se realizan en medio de fuego cruzado y donde se espera con incertidumbre el impacto humanitario del despliegue de la Fuerza de Supresión de Pandillas, resulta relevante observar cómo ciertos espacios sociales, como el deporte, logran articular formas de cohesión que el Estado no ha podido sostener. El futbol como espacio de articulación entre el país y sus diásporas La presencia del futbol en Haití es una de las más antiguas del continente. Como refiere Pablo Alabarces en Historia mínima del futbol en América Latina (El Colegio de México, 2018), la Unión Deportiva Haitiana, fundada en 1904, es la segunda liga más antigua del Caribe, solo por detrás de su par en Guyana, creado 2 años antes. En 1933, el país se afilió a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y, en 1957, ganó el Campeonato Centroamericano y del Caribe. Sin embargo, su logro más significativo ocurrió en 1973, cuando organizó en su territorio y ganó el campeonato de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (Concacaf), triunfo que le aseguró su pase a la Copa del Mundo de 1974, celebrada en Alemania Federal. En esa ocasión, y ante las televisiones instaladas por el régimen de Duvalier en los parques de Puerto Príncipe, la población atestiguó el gol de Emmanuel Manno Sanon frente a Italia. Aunque el encuentro concluyó con una derrota de 3-1, durante 6 memorables minutos Haití estuvo al frente del marcador y puso fin a la racha invicta de más de mil minutos sin recibir gol del arquero italiano Dino Zoff. A pesar de que por varias Read More
