Elecciones intermedias de Estados Unidos en 2026: ¿un tsunami azul?

 Saul Vazquez Torres Octubre 2026 De la sección Opiniones Oportunas del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales El 3 de noviembre de 2026 se renovará por completo la Cámara de Representantes de Estados Unidos, un tercio de los escaños del Senado y 36 de las 50 gubernaturas del país. Existe una vieja noción, respaldada en buena medida por la realidad, según la cual las elecciones intermedias funcionan como un péndulo político que tiende a requilibrar el poder presidencial en función de la evaluación que hace el electorado estadounidense de la gestión del mandatario en turno. Durante el siglo XXI, el único presidente que logró aumentar el número de escaños de su partido en el Congreso en unas elecciones intermedias fue George W. Bush, en gran medida debido al fenómeno de unidad nacional que surgió como reacción a los atentados terroristas del 11-S. Figura 1: Resultados de las elecciones intermedias a la Cámara de Representantes de Estados Unidos en el siglo XXI. Fuente: Ballot Wire. El péndulo contra Trump El escenario actual dista mucho del que enfrentó Bush en 2002. La intervención militar estadounidense en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han provocado fuertes presiones sobre los precios de los combustibles, mientras que la inflación y el deterioro de la aprobación presidencial configuran un entorno político adverso para Donald Trump. A ello se suma la estrecha mayoría republicana en la Cámara de Representantes, debilitada por renuncias y fallecimientos. Los republicanos cuentan con 218 representantes, frente a 214 demócratas y un independiente, además de dos escaños vacantes. En estas condiciones, el margen para conservar el control de la Cámara es mínimo. Los mercados de predicción, como Kalshi, reflejan esta tendencia: al 21 de octubre de 2026, asignaban a los demócratas alrededor de 91% de probabilidades de hacerse con el control de la Cámara de Representantes y proyectaban que podrían alcanzar 235 escaños, muy por encima de los 218 necesarios para obtener la mayoría, aunque todavía lejos de los 290 que representarían una mayoría de dos tercios. Estas cifras no constituyen una certeza electoral, sino una estimación sujeta a cambios conforme evoluciona la contienda. El poder de las cámaras La Cámara de Representantes desempeña un papel central en el sistema político estadounidense: tiene la facultad de iniciar proyectos de ley de carácter fiscal y de aprobar los presupuestos de ingresos, de ahí que en el argot político se le atribuya el “poder sobre la cartera”. Asimismo, puede iniciar procedimientos de juicio político contra funcionarios federales. Por ello, una derrota republicana en esta cámara supondría un golpe considerable para Trump, al limitar su capacidad para impulsar su agenda legislativa y reforzar la supervisión del ejecutivo por parte de la oposición. Además, la Cámara de Representantes interviene en la elección presidencial cuando ningún candidato obtiene la mayoría de los votos del Colegio Electoral. En ese supuesto, cada delegación estatal dispone de un voto. Por tanto, aunque una nueva impugnación de los resultados electorales por parte de Trump podría generar tensiones políticas e institucionales, el desenlace dependería de las reglas constitucionales y de la composición de las delegaciones estatales, no únicamente del control partidista de la Cámara. La batalla por el Senado Sin embargo, la verdadera sorpresa de este proceso electoral podría estar en el Senado. Debido a que sus integrantes se renuevan de manera escalonada ⸺por tercios cada 2 años⸺, el calendario electoral puede favorecer a uno u otro partido, dependiendo de los escaños que estén en disputa. Aunque el Senado presenta un sesgo estructural favorable a los republicanos, esta ventaja responde, en buena medida, al sistema de representación igualitaria de los estados: entidades rurales y poco pobladas, como Dakota del Norte, Utah o Wyoming, eligen el mismo número de senadores que estados densamente poblados, como California o Nueva York, donde los demócratas suelen obtener mejores resultados. En este contexto, el calendario electoral de 2026 parecía inicialmente muy favorable a los republicanos, pues se disputan más escaños ocupados por senadores de ese partido y procedentes de estados con una tradición electoral republicana. Figura 2: Estados con elecciones al Senado de Estados Unidos en 2026 Fuente: Elaboración propia con MapChart y datos del Senado de Estados Unidos. Ganar el Senado representaría un importante triunfo para los demócratas, no solo porque les permitiría controlar ambas cámaras del Congreso y limitar el margen de maniobra legislativo de Trump, sino también por las atribuciones de esta institución. Entre ellas destacan la supervisión de la política exterior, la ratificación de nombramientos presidenciales y la confirmación de los jueces federales, incluidos los integrantes de la Corte Suprema. Por ello, si se produjera una vacante en el máximo tribunal o Trump quisiera sustituir a algún miembro de su gabinete, un Senado controlado por los demócratas podría obstaculizar sus decisiones. Además, una vez que la Cámara de Representantes aprueba los artículos de juicio político, corresponde al Senado conducir el proceso y decidir si el funcionario debe ser destituido. Esta facultad no se limita al presidente, pues también puede aplicarse a otros funcionarios federales. En este contexto, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, podría convertirse en objeto de un proceso de este tipo. ¿Cómo llegaron los demócratas a la posibilidad de conquistar el Senado? Aunque este escenario sigue siendo incierto y las proyecciones varían según el modelo utilizado, diversos factores ayudan a explicar la competitividad de la contienda. A la baja popularidad de Trump se suma una serie de decisiones republicanas relacionadas con la selección de candidatos y las estrategias electorales estatales que han abierto oportunidades para los demócratas. Texas es un ejemplo destacado. El senador John Cornyn buscaba la reelección; sin embargo, durante las primarias republicanas, Trump respaldó al Exfiscal General del estado, Ken Paxton, quien terminó imponiéndose en la contienda interna. Paxton ha enfrentado acusaciones y controversias relacionadas con presuntos fraudes financieros, así como cuestionamientos por su actuación en casos de violencia sexual y por el trato dispensado a sus colaboradores. Texas, que no ha elegido a un demócrata para la gubernatura desde que George W. Bush derrotó a la entonces gobernadora Ann

​ Saul Vazquez Torres Octubre 2026 De la sección Opiniones Oportunas del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales El 3 de noviembre de 2026 se renovará por completo la Cámara de Representantes de Estados Unidos, un tercio de los escaños del Senado y 36 de las 50 gubernaturas del país. Existe una vieja noción, respaldada en buena medida por la realidad, según la cual las elecciones intermedias funcionan como un péndulo político que tiende a requilibrar el poder presidencial en función de la evaluación que hace el electorado estadounidense de la gestión del mandatario en turno. Durante el siglo XXI, el único presidente que logró aumentar el número de escaños de su partido en el Congreso en unas elecciones intermedias fue George W. Bush, en gran medida debido al fenómeno de unidad nacional que surgió como reacción a los atentados terroristas del 11-S. Figura 1: Resultados de las elecciones intermedias a la Cámara de Representantes de Estados Unidos en el siglo XXI. Fuente: Ballot Wire. El péndulo contra Trump El escenario actual dista mucho del que enfrentó Bush en 2002. La intervención militar estadounidense en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han provocado fuertes presiones sobre los precios de los combustibles, mientras que la inflación y el deterioro de la aprobación presidencial configuran un entorno político adverso para Donald Trump. A ello se suma la estrecha mayoría republicana en la Cámara de Representantes, debilitada por renuncias y fallecimientos. Los republicanos cuentan con 218 representantes, frente a 214 demócratas y un independiente, además de dos escaños vacantes. En estas condiciones, el margen para conservar el control de la Cámara es mínimo. Los mercados de predicción, como Kalshi, reflejan esta tendencia: al 21 de octubre de 2026, asignaban a los demócratas alrededor de 91% de probabilidades de hacerse con el control de la Cámara de Representantes y proyectaban que podrían alcanzar 235 escaños, muy por encima de los 218 necesarios para obtener la mayoría, aunque todavía lejos de los 290 que representarían una mayoría de dos tercios. Estas cifras no constituyen una certeza electoral, sino una estimación sujeta a cambios conforme evoluciona la contienda. El poder de las cámaras La Cámara de Representantes desempeña un papel central en el sistema político estadounidense: tiene la facultad de iniciar proyectos de ley de carácter fiscal y de aprobar los presupuestos de ingresos, de ahí que en el argot político se le atribuya el “poder sobre la cartera”. Asimismo, puede iniciar procedimientos de juicio político contra funcionarios federales. Por ello, una derrota republicana en esta cámara supondría un golpe considerable para Trump, al limitar su capacidad para impulsar su agenda legislativa y reforzar la supervisión del ejecutivo por parte de la oposición. Además, la Cámara de Representantes interviene en la elección presidencial cuando ningún candidato obtiene la mayoría de los votos del Colegio Electoral. En ese supuesto, cada delegación estatal dispone de un voto. Por tanto, aunque una nueva impugnación de los resultados electorales por parte de Trump podría generar tensiones políticas e institucionales, el desenlace dependería de las reglas constitucionales y de la composición de las delegaciones estatales, no únicamente del control partidista de la Cámara. La batalla por el Senado Sin embargo, la verdadera sorpresa de este proceso electoral podría estar en el Senado. Debido a que sus integrantes se renuevan de manera escalonada ⸺por tercios cada 2 años⸺, el calendario electoral puede favorecer a uno u otro partido, dependiendo de los escaños que estén en disputa. Aunque el Senado presenta un sesgo estructural favorable a los republicanos, esta ventaja responde, en buena medida, al sistema de representación igualitaria de los estados: entidades rurales y poco pobladas, como Dakota del Norte, Utah o Wyoming, eligen el mismo número de senadores que estados densamente poblados, como California o Nueva York, donde los demócratas suelen obtener mejores resultados. En este contexto, el calendario electoral de 2026 parecía inicialmente muy favorable a los republicanos, pues se disputan más escaños ocupados por senadores de ese partido y procedentes de estados con una tradición electoral republicana. Figura 2: Estados con elecciones al Senado de Estados Unidos en 2026 Fuente: Elaboración propia con MapChart y datos del Senado de Estados Unidos. Ganar el Senado representaría un importante triunfo para los demócratas, no solo porque les permitiría controlar ambas cámaras del Congreso y limitar el margen de maniobra legislativo de Trump, sino también por las atribuciones de esta institución. Entre ellas destacan la supervisión de la política exterior, la ratificación de nombramientos presidenciales y la confirmación de los jueces federales, incluidos los integrantes de la Corte Suprema. Por ello, si se produjera una vacante en el máximo tribunal o Trump quisiera sustituir a algún miembro de su gabinete, un Senado controlado por los demócratas podría obstaculizar sus decisiones. Además, una vez que la Cámara de Representantes aprueba los artículos de juicio político, corresponde al Senado conducir el proceso y decidir si el funcionario debe ser destituido. Esta facultad no se limita al presidente, pues también puede aplicarse a otros funcionarios federales. En este contexto, el Secretario de Defensa, Pete Hegseth, podría convertirse en objeto de un proceso de este tipo. ¿Cómo llegaron los demócratas a la posibilidad de conquistar el Senado? Aunque este escenario sigue siendo incierto y las proyecciones varían según el modelo utilizado, diversos factores ayudan a explicar la competitividad de la contienda. A la baja popularidad de Trump se suma una serie de decisiones republicanas relacionadas con la selección de candidatos y las estrategias electorales estatales que han abierto oportunidades para los demócratas. Texas es un ejemplo destacado. El senador John Cornyn buscaba la reelección; sin embargo, durante las primarias republicanas, Trump respaldó al Exfiscal General del estado, Ken Paxton, quien terminó imponiéndose en la contienda interna. Paxton ha enfrentado acusaciones y controversias relacionadas con presuntos fraudes financieros, así como cuestionamientos por su actuación en casos de violencia sexual y por el trato dispensado a sus colaboradores. Texas, que no ha elegido a un demócrata para la gubernatura desde que George W. Bush derrotó a la entonces gobernadora Ann Read More