Este artículo analiza la estrategia de diplomacia coercitiva implementada por Estados Unidos hacia Venezuela a partir de 2015, centrándose en el régimen de sanciones económicas y su eficacia como herramienta de presión internacional. Se parte de la hipótesis de que dicha estrategia ha fracasado en alcanzar sus objetivos declarados — como la restauración de la democracia y los derechos humanos— y sus objetivos implícitos —como lograr un cambio de régimen en el país—. A través de un enfoque cualitativo basado en análisis documental, se revisan los fundamentos teóricos de la diplomacia coercitiva, el diseño y la implementación de las sanciones, y sus impactos tanto en Venezuela como en Estados Unidos. Se concluye que el enfoque adoptado ha sido desproporcionado, con escasa reciprocidad y limitada credibilidad coercitiva, factores que explican su ineficacia estructural.
Este artículo analiza la estrategia de diplomacia coercitiva implementada por Estados Unidos hacia Venezuela a partir de 2015, centrándose en el régimen de sanciones económicas y su eficacia como herramienta de presión internacional. Se parte de la hipótesis de que dicha estrategia ha fracasado en alcanzar sus objetivos declarados — como la restauración de la democracia y los derechos humanos— y sus objetivos implícitos —como lograr un cambio de régimen en el país—. A través de un enfoque cualitativo basado en análisis documental, se revisan los fundamentos teóricos de la diplomacia coercitiva, el diseño y la implementación de las sanciones, y sus impactos tanto en Venezuela como en Estados Unidos. Se concluye que el enfoque adoptado ha sido desproporcionado, con escasa reciprocidad y limitada credibilidad coercitiva, factores que explican su ineficacia estructural.
