Albert Einstein, premio Nobel: “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro de lo primero”

ALBERT EINSTEIN

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Hay frases que sobreviven porque consiguen explicar en pocas palabras algo que todos hemos observado alguna vez. “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro de lo primero” es una de las reflexiones más famosas atribuidas a Albert Einstein, físico alemán y una de las grandes figuras científicas del siglo XX.

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La frase mezcla ciencia, ironía y una crítica bastante severa al comportamiento humano. Einstein aparece contraponiendo uno de los mayores misterios de la física —la dimensión del universo— con algo mucho más cotidiano: nuestra capacidad para equivocarnos, actuar irracionalmente y, en ocasiones, insistir incluso después de descubrir que estamos equivocados.

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¿Qué significa la frase de Einstein sobre la estupidez humana?

La gracia de la frase está en su exageración. Einstein utiliza el concepto de infinito, fundamental en las matemáticas y presente en las grandes preguntas sobre el universo, para hablar de una característica humana que parece no conocer límites.

Pero la “estupidez” puede entenderse aquí más allá de la falta de inteligencia.

Una persona puede tener enormes conocimientos y tomar una mala decisión. Puede recibir información suficiente para reconocer un error y aun así negarse a corregirlo. También puede repetir una afirmación simplemente porque coincide con aquello que ya quería creer.

Eso convierte la frase en una reflexión sobre la arrogancia, los prejuicios y nuestra resistencia a cuestionarnos.

Resulta especialmente fácil trasladarla al presente. Todos los días circulan en internet noticias falsas, fotografías manipuladas, teorías sin evidencia y contenidos creados o modificados mediante inteligencia artificial. Tener acceso a más información no nos hace automáticamente más críticos.

A veces ocurre justamente lo contrario: encontramos rápidamente argumentos que respaldan aquello que ya pensábamos.

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Equivocarnos también es una forma de inteligencia

Uno de los rasgos fundamentales del pensamiento científico es aceptar que una explicación puede cambiar cuando aparecen mejores evidencias.

Eso requiere una actitud que no siempre resulta sencilla: admitir que podemos estar equivocados.

La inteligencia no consiste en tener siempre la respuesta correcta. También supone distinguir entre aquello que sabemos, aquello que creemos saber y aquello para lo que todavía no tenemos una respuesta.

Preguntar, contrastar fuentes y cambiar de opinión frente a nuevas evidencias no son señales de debilidad intelectual. Son precisamente herramientas para evitar que un error termine convirtiéndose en una certeza.

Quizá ahí se encuentre la parte más útil de la frase atribuida a Einstein. Podemos reírnos de la “estupidez humana”, pero resulta mucho más difícil preguntarnos cuándo nosotros mismos estamos participando de ella.

¿Quién fue Albert Einstein?

Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en Ulm, Alemania. Su nombre terminaría convirtiéndose prácticamente en sinónimo de genialidad, aunque su trayectoria profesional comenzó lejos de las grandes universidades.

Estudió en el Politécnico de Zúrich y posteriormente consiguió trabajo en la Oficina de Patentes de Berna, Suiza. Mientras revisaba solicitudes de inventores, continuaba dedicando tiempo a sus propios problemas científicos.

Entonces llegó 1905, uno de los años más importantes de su vida.

Einstein publicó varios trabajos que contribuyeron a transformar la física moderna. Entre ellos desarrolló la teoría especial de la relatividad y estableció la relación entre masa y energía asociada con la ecuación E=mc².

Una década después presentó la teoría general de la relatividad, con la que propuso una nueva explicación de la gravedad relacionada con la geometría del espacio-tiempo.

En 1921 recibió el Premio Nobel de Física, principalmente por su explicación del efecto fotoeléctrico.

De Alemania a Estados Unidos: los últimos años de Einstein

La vida de Einstein quedó también atravesada por los acontecimientos políticos de Europa.

Era de origen judío y, después de que Adolf Hitler y el Partido Nazi llegaran al poder en 1933, decidió no regresar a Alemania. Terminó estableciéndose en Estados Unidos y desarrolló buena parte de sus últimos años profesionales en el Institute for Advanced Study de Princeton.

Además de la física, Einstein intervino públicamente en debates relacionados con la guerra, las armas nucleares, la paz y los derechos civiles.

Murió en Princeton el 18 de abril de 1955, a los 76 años.

 

En 1921, Albert Einstein recibió el Premio Nobel de Física, principalmente por su explicación del efecto fotoeléctrico. Read More