El avance de la derecha populista en el Reino Unido Octavio Perales Sánchez Marzo 2026 El filósofo político e historiador británico Isaiah Berlin advirtió sobre la tentación —muy humana— de creer que existe una única respuesta correcta para todo. Una observación que ayuda a comprender el atractivo contemporáneo de las supuestas soluciones simples del discurso populista contemporáneo. En el contexto británico, el ascenso del partido Reform UK y de la derecha populista en el Reino Unido refleja, precisamente, esa tentación: la promesa de respuestas claras y definitivas a problemas complejos —desde la inmigración hasta la gobernanza económica— en un contexto marcado por el desgaste del consenso liberal y el desencanto con los partidos tradicionales. Los efectos del brexit y el prolongado desencanto ciudadano con los partidos tradicionales han abierto un espacio político inédito en el Reino Unido. Ese vacío ha sido ocupado por fuerzas que prometen respuestas claras y soluciones inmediatas a problemas estructurales complejos. Reform UK, liderado por Nigel Farage, se ha convertido en la expresión más visible de este giro populista. Su ascenso no puede entenderse solo como el éxito de un nuevo partido, sino como el síntoma de una transformación más profunda en la política británica: el debilitamiento del consenso liberal, la erosión de la confianza en la gobernanza tecnocrática y la reaparición de divisiones políticas basadas en identidad, valores culturales y percepciones de abandono económico. Tras las elecciones generales de 2024, en las que el Partido Laborista regresó al poder con una mayoría parlamentaria contundente, Reform UK emergió como un actor disruptivo. Con cerca de 14% del voto nacional y cinco escaños en la Cámara de los Comunes, el partido obtuvo una representación limitada en términos formales, pero logró alterar de manera decisiva la dinámica electoral. Su desempeño contribuyó de forma directa al colapso del Partido Conservador, que sufrió una derrota histórica como fuerza gobernante. En los meses posteriores, diversas encuestas comenzaron a situar a Reform UK por encima de los partidos tradicionales, consolidándolo como un contendiente capaz de redefinir la competencia política en el Reino Unido. Este fenómeno refleja un cambio sustantivo en las preferencias de los votantes, pero también una transformación del discurso político. El populismo de derecha se presenta como una respuesta al malestar acumulado en torno a la gestión económica, la política migratoria y la percepción de que el poder político establecido ha dejado de representar los intereses del ciudadano común. En este contexto, Reform UK articula una narrativa que combina denuncia moral, apelaciones identitarias y promesas de control político, configurando una oposición que, aunque minoritaria en el parlamento, es influyente en el debate público. El presente ensayo analiza estas dinámicas en cuatro momentos. En primer lugar, examina el marco conceptual del populismo y su inserción en la política británica contemporánea. En segundo término, reconstruye la trayectoria de Reform UK desde sus antecedentes en el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) y el Partido del Brexit, destacando la centralidad del liderazgo de Farage. Posteriormente, analiza la base sociopolítica del partido y su impacto electoral, particularmente en relación con el declive conservador en 2024. Finalmente, evalúa los límites y las oportunidades que impone el sistema electoral británico en un contexto de fragmentación creciente, así como las implicaciones de largo plazo para la estabilidad del bipartidismo. El populismo en la política británica El populismo puede definirse como una ideología de “centro delgado” que concibe a la sociedad dividida entre dos campos antagónicos: un pueblo homogéneo y virtuoso, y una élite corrupta que gobierna en su propio beneficio. Desde esta perspectiva, la política legítima es aquella que expresa de manera directa la voluntad popular, sin mediaciones institucionales ni filtros tecnocráticos. En el Reino Unido, este marco ideológico ha ganado tracción de forma progresiva, erosionando la tradición pragmática y centrista que caracterizó a su sistema político durante gran parte del siglo XX. El auge del populismo británico está estrechamente vinculado a las consecuencias sociales y económicas de la crisis financiera de 2008 y a las políticas de austeridad implementadas a partir de 2010. Estas medidas redujeron el alcance del Estado, debilitaron servicios públicos clave y profundizaron desigualdades regionales existentes. Para amplios sectores de la población, especialmente en comunidades afectadas por la desindustrialización, la austeridad reforzó la percepción de que las élites políticas estaban dispuestas a priorizar la estabilidad macroeconómica y los compromisos fiscales por encima de la protección social y el bienestar cotidiano. Este contexto contribuyó a un sentimiento de abandono que fue acompañado por una creciente desconfianza hacia la gobernanza técnica y el conocimiento experto. El discurso populista encontró así un terreno fértil al presentarse como una alternativa a lo que muchos percibían como decisiones políticas tomadas sin mandato democrático suficiente. En lugar de debates abiertos sobre prioridades y costos, la política parecía haber sido remplazada por consensos tecnocráticos difíciles de cuestionar desde los canales tradicionales de representación. El referendo del brexit, en 2016, representó un punto de inflexión decisivo. La victoria de la opción de abandonar la Unión Europea se impuso pese a las advertencias de economistas, académicos y organismos internacionales, y fue interpretada por muchos votantes como una reafirmación de la soberanía popular frente a instituciones distantes. Al mismo tiempo, legitimó un estilo de confrontación política que cuestionaba abiertamente a las élites y normalizaba la desconfianza hacia los especialistas. Desde entonces, el populismo dejó de ser una corriente marginal para convertirse en un componente estructural del debate político británico. Este desplazamiento discursivo tuvo efectos duraderos. El eje central de la competencia política comenzó a alejarse del consenso centrista hacia posiciones más polarizadas, definidas no solo por propuestas económicas, sino por actitudes frente a la migración, la identidad nacional y el papel del Estado. En este nuevo escenario, los actores populistas lograron presentar su proyecto como una forma de restablecer el control democrático, aun cuando sus soluciones fueran simplificadas o difíciles de implementar. De UKIP a Reform UK Reform UK es el producto de una evolución organizativa y discursiva que se remonta a principios de la década de 1990 con la
El avance de la derecha populista en el Reino Unido Octavio Perales Sánchez Marzo 2026 El filósofo político e historiador británico Isaiah Berlin advirtió sobre la tentación —muy humana— de creer que existe una única respuesta correcta para todo. Una observación que ayuda a comprender el atractivo contemporáneo de las supuestas soluciones simples del discurso populista contemporáneo. En el contexto británico, el ascenso del partido Reform UK y de la derecha populista en el Reino Unido refleja, precisamente, esa tentación: la promesa de respuestas claras y definitivas a problemas complejos —desde la inmigración hasta la gobernanza económica— en un contexto marcado por el desgaste del consenso liberal y el desencanto con los partidos tradicionales. Los efectos del brexit y el prolongado desencanto ciudadano con los partidos tradicionales han abierto un espacio político inédito en el Reino Unido. Ese vacío ha sido ocupado por fuerzas que prometen respuestas claras y soluciones inmediatas a problemas estructurales complejos. Reform UK, liderado por Nigel Farage, se ha convertido en la expresión más visible de este giro populista. Su ascenso no puede entenderse solo como el éxito de un nuevo partido, sino como el síntoma de una transformación más profunda en la política británica: el debilitamiento del consenso liberal, la erosión de la confianza en la gobernanza tecnocrática y la reaparición de divisiones políticas basadas en identidad, valores culturales y percepciones de abandono económico. Tras las elecciones generales de 2024, en las que el Partido Laborista regresó al poder con una mayoría parlamentaria contundente, Reform UK emergió como un actor disruptivo. Con cerca de 14% del voto nacional y cinco escaños en la Cámara de los Comunes, el partido obtuvo una representación limitada en términos formales, pero logró alterar de manera decisiva la dinámica electoral. Su desempeño contribuyó de forma directa al colapso del Partido Conservador, que sufrió una derrota histórica como fuerza gobernante. En los meses posteriores, diversas encuestas comenzaron a situar a Reform UK por encima de los partidos tradicionales, consolidándolo como un contendiente capaz de redefinir la competencia política en el Reino Unido. Este fenómeno refleja un cambio sustantivo en las preferencias de los votantes, pero también una transformación del discurso político. El populismo de derecha se presenta como una respuesta al malestar acumulado en torno a la gestión económica, la política migratoria y la percepción de que el poder político establecido ha dejado de representar los intereses del ciudadano común. En este contexto, Reform UK articula una narrativa que combina denuncia moral, apelaciones identitarias y promesas de control político, configurando una oposición que, aunque minoritaria en el parlamento, es influyente en el debate público. El presente ensayo analiza estas dinámicas en cuatro momentos. En primer lugar, examina el marco conceptual del populismo y su inserción en la política británica contemporánea. En segundo término, reconstruye la trayectoria de Reform UK desde sus antecedentes en el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) y el Partido del Brexit, destacando la centralidad del liderazgo de Farage. Posteriormente, analiza la base sociopolítica del partido y su impacto electoral, particularmente en relación con el declive conservador en 2024. Finalmente, evalúa los límites y las oportunidades que impone el sistema electoral británico en un contexto de fragmentación creciente, así como las implicaciones de largo plazo para la estabilidad del bipartidismo. El populismo en la política británica El populismo puede definirse como una ideología de “centro delgado” que concibe a la sociedad dividida entre dos campos antagónicos: un pueblo homogéneo y virtuoso, y una élite corrupta que gobierna en su propio beneficio. Desde esta perspectiva, la política legítima es aquella que expresa de manera directa la voluntad popular, sin mediaciones institucionales ni filtros tecnocráticos. En el Reino Unido, este marco ideológico ha ganado tracción de forma progresiva, erosionando la tradición pragmática y centrista que caracterizó a su sistema político durante gran parte del siglo XX. El auge del populismo británico está estrechamente vinculado a las consecuencias sociales y económicas de la crisis financiera de 2008 y a las políticas de austeridad implementadas a partir de 2010. Estas medidas redujeron el alcance del Estado, debilitaron servicios públicos clave y profundizaron desigualdades regionales existentes. Para amplios sectores de la población, especialmente en comunidades afectadas por la desindustrialización, la austeridad reforzó la percepción de que las élites políticas estaban dispuestas a priorizar la estabilidad macroeconómica y los compromisos fiscales por encima de la protección social y el bienestar cotidiano. Este contexto contribuyó a un sentimiento de abandono que fue acompañado por una creciente desconfianza hacia la gobernanza técnica y el conocimiento experto. El discurso populista encontró así un terreno fértil al presentarse como una alternativa a lo que muchos percibían como decisiones políticas tomadas sin mandato democrático suficiente. En lugar de debates abiertos sobre prioridades y costos, la política parecía haber sido remplazada por consensos tecnocráticos difíciles de cuestionar desde los canales tradicionales de representación. El referendo del brexit, en 2016, representó un punto de inflexión decisivo. La victoria de la opción de abandonar la Unión Europea se impuso pese a las advertencias de economistas, académicos y organismos internacionales, y fue interpretada por muchos votantes como una reafirmación de la soberanía popular frente a instituciones distantes. Al mismo tiempo, legitimó un estilo de confrontación política que cuestionaba abiertamente a las élites y normalizaba la desconfianza hacia los especialistas. Desde entonces, el populismo dejó de ser una corriente marginal para convertirse en un componente estructural del debate político británico. Este desplazamiento discursivo tuvo efectos duraderos. El eje central de la competencia política comenzó a alejarse del consenso centrista hacia posiciones más polarizadas, definidas no solo por propuestas económicas, sino por actitudes frente a la migración, la identidad nacional y el papel del Estado. En este nuevo escenario, los actores populistas lograron presentar su proyecto como una forma de restablecer el control democrático, aun cuando sus soluciones fueran simplificadas o difíciles de implementar. De UKIP a Reform UK Reform UK es el producto de una evolución organizativa y discursiva que se remonta a principios de la década de 1990 con la Read More
