Los malos de la historia

Omar E. Mayorga-Gallardowill Fowler es un historiador que sabe tejer la historia política con los hilos de la vida personal de su biografiado, para ligarlos con los hechos clave del periodo en cuestión. En Los malos de la historia. Maximiliano, está muy bien logrado. la obra penetra en la psicología y la personalidad de Maximiliano y Carlota, así como en los vericuetos de sus estados emocionales, solo para vincularlos a las grandes decisiones de su gobierno y las recurrentes crisis políticas que acabaron con el Segundo imperio. Una de las ideas por destacar es la relativa a ver, en el fusilamiento de Maximiliano, su carta de naturalización como mexicano. Desconozco si sea el único caso de un extranjero que se haya naturalizado mexicano —simbólicamente hablando— justo al momento de morir en medio de una gesta como la que revisa esta obra. Para Fowler, el fusilamiento de Maximiliano fue su ingreso al panteón de los hombres célebres que marcaron el convulso siglo XIX mexicano, pero esto no quiere decir que su muerte le haya otorgado el perdón público de los mexicanos de entonces, ni de los contemporáneos, de manera unánime. Por eso Maximiliano solo podrá ser visto como un mexicano por defunción, que intentó hacerse de un país ajeno mediante una intervención militar sufragada por un tercer país: francia. Su generosidad con el pelotón que le quitó la vida conmovió a republicanos y monarquistas. Después de pedirles que no le dispararan en la cara, les regaló una moneda de oro, y un instante antes de recibir la descarga gritó: “¡Viva México!”.Esta observación del autor es atinada y hace pensar en otros casos de figuras trascendentes del mismo periodo. antonio lópez de Santa anna, por ejemplo, que fue mexicano por nacimiento. En el imaginario popular, murió del lado de los vendepatrias que traicionaron a México. El mismo Fowler le dedicó una biografía muy rigurosa —Santa Anna. ¿Héroe o villano? La biografía que rompe el mito (Crítica, 2018)— que hace recordar, entre otras cosas, la tremenda incomprensión de uno de los políticos y militares más importantes del México decimonónico. ¿A los mexicanos del siglo XXI les produce el mismo sentimiento cuando se habla de Santa anna, Maximiliano o leonardo márquez? Este último también mexicano por nacimiento y ¿cubano por defunción? Sin duda, la observación de Fowler es muy profunda. No todos los que eligen desterrarse de su país, y a quienes la muerte sorprende en el extranjero, son vistos por sus conciudadanos como sus coterráneos. A pesar de que abundan los testimonios personales de los correligionarios de Maximiliano para ofrecer un testimonio excepcional de su figura, el autor toma aquellos que, desde su perspectiva, le son útiles para hacer inteligible la aventura monárquica de Napoleón III y Maximiliano en tierras de ultramar. En tal sentido, la obra de Fowler mantiene un sabio equilibrio para beneficio del lector interesado en la historia de México, pero también de aquellos que estudian la historiografía del periodo de la intervención francesa y el denominado Segundo imperio. Finalmente, la obra invita a reflexionar sobre el contexto de los protagonistas que la perspectiva maniquea estigmatiza de malos, para superar los lugares comunes que promueve la historia escolar. Consabido es que los criterios morales de “bueno” y “malo” poco dicen sobre uno de los hombres más controvertidos de la historia de México. Quizá para algunos nostálgicos del pasado conservador de México, maximiliano es un mexicano post mortem.

​Omar E. Mayorga-Gallardowill Fowler es un historiador que sabe tejer la historia política con los hilos de la vida personal de su biografiado, para ligarlos con los hechos clave del periodo en cuestión. En Los malos de la historia. Maximiliano, está muy bien logrado. la obra penetra en la psicología y la personalidad de Maximiliano y Carlota, así como en los vericuetos de sus estados emocionales, solo para vincularlos a las grandes decisiones de su gobierno y las recurrentes crisis políticas que acabaron con el Segundo imperio. Una de las ideas por destacar es la relativa a ver, en el fusilamiento de Maximiliano, su carta de naturalización como mexicano. Desconozco si sea el único caso de un extranjero que se haya naturalizado mexicano —simbólicamente hablando— justo al momento de morir en medio de una gesta como la que revisa esta obra. Para Fowler, el fusilamiento de Maximiliano fue su ingreso al panteón de los hombres célebres que marcaron el convulso siglo XIX mexicano, pero esto no quiere decir que su muerte le haya otorgado el perdón público de los mexicanos de entonces, ni de los contemporáneos, de manera unánime. Por eso Maximiliano solo podrá ser visto como un mexicano por defunción, que intentó hacerse de un país ajeno mediante una intervención militar sufragada por un tercer país: francia. Su generosidad con el pelotón que le quitó la vida conmovió a republicanos y monarquistas. Después de pedirles que no le dispararan en la cara, les regaló una moneda de oro, y un instante antes de recibir la descarga gritó: “¡Viva México!”.Esta observación del autor es atinada y hace pensar en otros casos de figuras trascendentes del mismo periodo. antonio lópez de Santa anna, por ejemplo, que fue mexicano por nacimiento. En el imaginario popular, murió del lado de los vendepatrias que traicionaron a México. El mismo Fowler le dedicó una biografía muy rigurosa —Santa Anna. ¿Héroe o villano? La biografía que rompe el mito (Crítica, 2018)— que hace recordar, entre otras cosas, la tremenda incomprensión de uno de los políticos y militares más importantes del México decimonónico. ¿A los mexicanos del siglo XXI les produce el mismo sentimiento cuando se habla de Santa anna, Maximiliano o leonardo márquez? Este último también mexicano por nacimiento y ¿cubano por defunción? Sin duda, la observación de Fowler es muy profunda. No todos los que eligen desterrarse de su país, y a quienes la muerte sorprende en el extranjero, son vistos por sus conciudadanos como sus coterráneos. A pesar de que abundan los testimonios personales de los correligionarios de Maximiliano para ofrecer un testimonio excepcional de su figura, el autor toma aquellos que, desde su perspectiva, le son útiles para hacer inteligible la aventura monárquica de Napoleón III y Maximiliano en tierras de ultramar. En tal sentido, la obra de Fowler mantiene un sabio equilibrio para beneficio del lector interesado en la historia de México, pero también de aquellos que estudian la historiografía del periodo de la intervención francesa y el denominado Segundo imperio. Finalmente, la obra invita a reflexionar sobre el contexto de los protagonistas que la perspectiva maniquea estigmatiza de malos, para superar los lugares comunes que promueve la historia escolar. Consabido es que los criterios morales de “bueno” y “malo” poco dicen sobre uno de los hombres más controvertidos de la historia de México. Quizá para algunos nostálgicos del pasado conservador de México, maximiliano es un mexicano post mortem. Read More

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