Marg Ba Dictator (muerte al dictador): resistencia y esperanza en Irán

Entrevista a la activista iraní Jino Victoria Doabi Manuel Férez Febrero 2026 La nueva ola de protestas en Irán puede interpretarse desde dos perspectivas complementarias. Por un lado, la resistencia y la resiliencia de la sociedad iraní son admirables, pero aún queda por ver si cuentan con la cohesión, el liderazgo y el grado de organización suficientes para derrocar a la teocracia. Por el otro, las fracturas del poder establecido son tan grandes y profundas que dejan entrever una crisis estructural de legitimación irresoluble. El Estado ha logrado gestionar las protestas durante la última década, aunque con grandes dificultades y a un alto precio, como cansancio, concesiones graduales, fragmentación interna y apelar a la represión brutal de manera cada vez más recurrente, lo que conlleva una deslegitimación. Incapaz de reformarse lo suficiente para calmar el malestar social, el régimen sigue reproduciendo las causas de las protestas: la crisis económica, la corrupción generalizada y la ruptura del contrato social con sus ciudadanos. Durante una década, los iraníes han visto cómo su moneda se desplomaba, cómo desaparecía su poder adquisitivo y cómo sus ahorros perdían 90% de su valor real. La clase media iraní está en bancarrota, enfadada y harta. Las trayectorias de las protestas en Irán Hay una dinámica en la historia reciente de Irán que hay que entender para poder reflexionar y visibilizar la actualidad de mejor manera. Desde 2009, Irán ha sido escenario de varias oleadas de protestas. Aunque cada una ha tenido sus particularidades, hay constantes que vale la pena recordar: la extensión de las protestas, los sectores sociales que se han sumado y las grietas que han generado en la estructura del régimen. El Movimiento Verde de 2009 es un buen punto de partida. Ese año, tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad basada en un fraude electoral, millones de iraníes salieron a las calles de Teherán. En su punto álgido, algunas estimaciones situaban la participación en más de tres millones solo en la capital del país. Estas protestas de 2009 contaban con el amplio apoyo de la ciudadanía, tenían liderazgos claros (Mehdi Karroubi y Mir-Hossein Mousavi) y lograron movilizar a la clase media urbana del país. Sin embargo, en 2009, el malestar social se concentró en las grandes ciudades, por lo que el régimen logró reprimirlo (ante la indiferencia y la complicidad de la comunidad internacional) y sus líderes fueron exiliados, encarcelados o puestos en arresto domiciliario. El segundo momento a mencionar son las protestas de 2017-2018. Durante ese invierno, se registraron protestas sociales que, si bien eran de menor volumen que las de 2009, fueron más dispersas geográficamente, pues participaron no solo las grandes ciudades, sino también pueblos más pequeños. Estas movilizaciones comenzaron en los bazares de Mashhad por motivos económicos, pero evolucionaron rápidamente hasta convertirse en protestas contra el régimen. La violencia estuvo presente en la reacción del gobierno a esta ola de protestas. En 2019, el malestar social se intensificó por un fuerte y repentino aumento del precio de la gasolina, lo que llevó a protestas a escala nacional, principalmente fuera de las grandes ciudades. En estas protestas, la clase media fue la protagonista. El régimen volvió a reprimir brutalmente las protestas, llegando a cortar el internet en todo el país durante casi 2 semanas. Instituciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, así como organizaciones no gubernamentales locales, hablan de más de trescientas personas asesinadas por el gobierno durante este periodo, uno de los más violentos de la historia de la teocracia iraní. La tercera ola de movilizaciones fue el movimiento conocido como Zan, Zandegi, Azadi (Mujer, Vida, Libertad) de 2022-2023. Desencadenadas por la muerte de la ciudadana iraní de origen kurdo Mahsa Amini, bajo custodia policial, estas protestas lograron extenderse por todo el país, sumándose a ellas estudiantes, adolescentes y jóvenes de clase media, en su mayoría pertenecientes a minorías étnicas no persas (especialmente los kurdos). Si bien las movilizaciones de 2022-2023 fueron potentes y lograron atraer la atención internacional de manera sostenida, el volumen de participación no alcanzó los niveles de 2009. Según informes de organizaciones no gubernamentales y gobiernos, en ese periodo el régimen asesinó a más de 500 personas y detuvo a más de 19 000. Las protestas actuales deben entenderse dentro de esta serie de levantamientos sociales anteriores, aunque su origen sea distinto. Si bien es cierto que el Movimiento Verde de 2009 fue el más amplio y potente, ya que logró que muchos políticos y antiguos miembros reformistas del aparato estatal se aliaran con los manifestantes, lo que experimenta hoy Irán es una convulsión que sacude los cimientos del poder. Para decepción de los aliados y los cómplices de la teocracia iraní, esta no es una crisis temporal, sino un largo y continuado declive social, político y económico de un régimen al que solo le quedan la violencia y el chantaje para sobrevivir. Durante casi 8 años, la economía iraní ha estado en constante declive y es imposible alterar el curso económico del país. Algunos colegas y especialistas apuntan a que las sanciones y las presiones internacionales han provocado esta situación. Sin embargo, en Irán ya se sufría una mala gestión de los recursos nacionales y una corrupción galopante y descarada, que solo han sacado a la luz las sanciones. La presión occidental limita al régimen iraní, que ha optado por la contención y la represión en lugar de reformarse para recuperar algo de legitimidad social. Probablemente, el régimen no colapsará de forma repentina, sino que sobrevivirá a duras penas, a la deriva y sin posibilidades de renovación. Más que una revolución, el régimen se enfrenta a un ciclo interminable de erosión y agotamiento de las bases políticas, religiosas e identitarias en las que se ha sustentado durante décadas. Es en este contexto, entrevisté a Jino Victoria Doabi, una joven iraní graduada en Ciencias Políticas y especializada en Relaciones Internacionales, que ha participado activamente tanto en las protestas actuales en Irán como en las redes sociales, donde informa y muestra al mundo la resistencia y las

​Entrevista a la activista iraní Jino Victoria Doabi Manuel Férez Febrero 2026 La nueva ola de protestas en Irán puede interpretarse desde dos perspectivas complementarias. Por un lado, la resistencia y la resiliencia de la sociedad iraní son admirables, pero aún queda por ver si cuentan con la cohesión, el liderazgo y el grado de organización suficientes para derrocar a la teocracia. Por el otro, las fracturas del poder establecido son tan grandes y profundas que dejan entrever una crisis estructural de legitimación irresoluble. El Estado ha logrado gestionar las protestas durante la última década, aunque con grandes dificultades y a un alto precio, como cansancio, concesiones graduales, fragmentación interna y apelar a la represión brutal de manera cada vez más recurrente, lo que conlleva una deslegitimación. Incapaz de reformarse lo suficiente para calmar el malestar social, el régimen sigue reproduciendo las causas de las protestas: la crisis económica, la corrupción generalizada y la ruptura del contrato social con sus ciudadanos. Durante una década, los iraníes han visto cómo su moneda se desplomaba, cómo desaparecía su poder adquisitivo y cómo sus ahorros perdían 90% de su valor real. La clase media iraní está en bancarrota, enfadada y harta. Las trayectorias de las protestas en Irán Hay una dinámica en la historia reciente de Irán que hay que entender para poder reflexionar y visibilizar la actualidad de mejor manera. Desde 2009, Irán ha sido escenario de varias oleadas de protestas. Aunque cada una ha tenido sus particularidades, hay constantes que vale la pena recordar: la extensión de las protestas, los sectores sociales que se han sumado y las grietas que han generado en la estructura del régimen. El Movimiento Verde de 2009 es un buen punto de partida. Ese año, tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad basada en un fraude electoral, millones de iraníes salieron a las calles de Teherán. En su punto álgido, algunas estimaciones situaban la participación en más de tres millones solo en la capital del país. Estas protestas de 2009 contaban con el amplio apoyo de la ciudadanía, tenían liderazgos claros (Mehdi Karroubi y Mir-Hossein Mousavi) y lograron movilizar a la clase media urbana del país. Sin embargo, en 2009, el malestar social se concentró en las grandes ciudades, por lo que el régimen logró reprimirlo (ante la indiferencia y la complicidad de la comunidad internacional) y sus líderes fueron exiliados, encarcelados o puestos en arresto domiciliario. El segundo momento a mencionar son las protestas de 2017-2018. Durante ese invierno, se registraron protestas sociales que, si bien eran de menor volumen que las de 2009, fueron más dispersas geográficamente, pues participaron no solo las grandes ciudades, sino también pueblos más pequeños. Estas movilizaciones comenzaron en los bazares de Mashhad por motivos económicos, pero evolucionaron rápidamente hasta convertirse en protestas contra el régimen. La violencia estuvo presente en la reacción del gobierno a esta ola de protestas. En 2019, el malestar social se intensificó por un fuerte y repentino aumento del precio de la gasolina, lo que llevó a protestas a escala nacional, principalmente fuera de las grandes ciudades. En estas protestas, la clase media fue la protagonista. El régimen volvió a reprimir brutalmente las protestas, llegando a cortar el internet en todo el país durante casi 2 semanas. Instituciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, así como organizaciones no gubernamentales locales, hablan de más de trescientas personas asesinadas por el gobierno durante este periodo, uno de los más violentos de la historia de la teocracia iraní. La tercera ola de movilizaciones fue el movimiento conocido como Zan, Zandegi, Azadi (Mujer, Vida, Libertad) de 2022-2023. Desencadenadas por la muerte de la ciudadana iraní de origen kurdo Mahsa Amini, bajo custodia policial, estas protestas lograron extenderse por todo el país, sumándose a ellas estudiantes, adolescentes y jóvenes de clase media, en su mayoría pertenecientes a minorías étnicas no persas (especialmente los kurdos). Si bien las movilizaciones de 2022-2023 fueron potentes y lograron atraer la atención internacional de manera sostenida, el volumen de participación no alcanzó los niveles de 2009. Según informes de organizaciones no gubernamentales y gobiernos, en ese periodo el régimen asesinó a más de 500 personas y detuvo a más de 19 000. Las protestas actuales deben entenderse dentro de esta serie de levantamientos sociales anteriores, aunque su origen sea distinto. Si bien es cierto que el Movimiento Verde de 2009 fue el más amplio y potente, ya que logró que muchos políticos y antiguos miembros reformistas del aparato estatal se aliaran con los manifestantes, lo que experimenta hoy Irán es una convulsión que sacude los cimientos del poder. Para decepción de los aliados y los cómplices de la teocracia iraní, esta no es una crisis temporal, sino un largo y continuado declive social, político y económico de un régimen al que solo le quedan la violencia y el chantaje para sobrevivir. Durante casi 8 años, la economía iraní ha estado en constante declive y es imposible alterar el curso económico del país. Algunos colegas y especialistas apuntan a que las sanciones y las presiones internacionales han provocado esta situación. Sin embargo, en Irán ya se sufría una mala gestión de los recursos nacionales y una corrupción galopante y descarada, que solo han sacado a la luz las sanciones. La presión occidental limita al régimen iraní, que ha optado por la contención y la represión en lugar de reformarse para recuperar algo de legitimidad social. Probablemente, el régimen no colapsará de forma repentina, sino que sobrevivirá a duras penas, a la deriva y sin posibilidades de renovación. Más que una revolución, el régimen se enfrenta a un ciclo interminable de erosión y agotamiento de las bases políticas, religiosas e identitarias en las que se ha sustentado durante décadas. Es en este contexto, entrevisté a Jino Victoria Doabi, una joven iraní graduada en Ciencias Políticas y especializada en Relaciones Internacionales, que ha participado activamente tanto en las protestas actuales en Irán como en las redes sociales, donde informa y muestra al mundo la resistencia y las Read More

Full text for top nursing and allied health literature.

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