Mono Rojo.
Hace más de 20,000 años, las primeras comunidades de hombres descubrieron que el barro, una mezcla de arcilla y agua, podía transformarse en un material duro al someterla al fuego. Había nacido la cerámica.
Con el paso de los milenios, el proceso evolucionó. Las civilizaciones incorporaron el torno de alfarero (inventado alrededor del 4000 a.C.) para crear formas uniformes y técnicas de vidriado para hacer los objetos impermeables y decorativos.
La sofisticación de la cerámica llegó cuando dejó de emplearse con un fin utilitario y se convirtió en algo más que un objeto decorativo. Se volvió arte.
Mono Rojo, taller de cerámica de alta temperatura, retoma y lleva aún más allá esa sofisticación de la cerámica.

Un espacio de experimentación
Mono Rojo es un colectivo dinámico y en constante transformación, establecido en el tradicional barrio de Santa María la Ribera de la Ciudad de México, que reúne a diversos artistas bajo la premisa de la interpretación de la cerámica.
Su proceso creativo comienza con la preparación de la arcilla en el taller, la cual se basa en una investigación continua de las prácticas tradicionales de cerámica de alta temperatura de México y Japón. A partir de esta base, los miembros del colectivo —acompañados por artistas externos en residencia— profundizan y experimentan en la práctica, tanto técnica como creativamente.

Pero Mono Rojo es algo más. También es un espacio expositivo, con diversas sedes temporales, que busca difundir obras —en cerámica, carpintería y pintura— creadas tanto por los artistas del Taller Mono Rojo como por artistas invitados.
Y al igual que la cerámica, el proyecto nació para satisfacer una necesidad.
“Yo quería, intensamente, vender las obras de Olmo y así creamos esta galería increíble que salió de esta fascinación que tengo por todo lo que hacen en este taller”, recuerda Jimena Antúnez, quien en conjunto con Olmo Aguirre, fundaron Mono Rojo.

El nombre
En cuanto a su peculiar nombre, Olmo advierte que hay más de una historia de por qué se llama Mono Rojo.
Para él, inició con la casa de su familia en donde se reunía su madre con sus tíos y era conocida como el “salón rojo”.
“Ahí se reunían a tener sus fiestas y era muy bonito porque era un espacio de encuentro ya desde esa época. Entonces algo de ese eco, del nombre original, de la generación anterior, se quedó”, señala Olmo.
“Y por otro lado, hay una fascinación por esta idea de la cerámica como un oficio hiper primitivo, hiper duradero, arqueológico en grande, y que nos conecta con nuestras raíces más profundas. Una imagen muy bonita que compartimos en el taller es imaginar a estos primeros hombres primitivos en el momento en el que pudieron por primera vez hacer sus primeras quemas de vasijas en un momento de inspiración. Entonces, por ahí se va combinando toda la idea del mono.
Pero hay un referente más. Mi abuelo, que él fue quien me heredó la casa, era un atleta olímpico, y como era muy barbón, se mereció el apodo del “Simio Aguirre”. Hay un montón de historias que conectan con Mono rojo, todo un imaginario que se desprende de esas dos palabras. Es súper bonito porque genera una multiplicidad que ha hecho posible hacer colecciones en torno a esa imagen”.

Y Mono Rojo tiene además, una gran influencia japonesa, ¿correcto?
Olmo Aguirre: Totalmente. En el inicio, este proyecto lo fundé con Hiroshi Okuno. Él es un ceramista muy pro. Ahora él reside en Japón nuevamente pero él ha sido y sigue siendo uno de los socios del taller y es un súper artista, súper dibujante y súper ceramista que es parte de toda la historia y el desarrollo del taller a nivel técnico y como identidad artística.
Sin embargo, nuestra producción no trata de referir a ninguna de las dos patrias. Lo que sí trata es de utilizar los recursos que hay en ambas para generar algo muy único y muy especial.

¿Cómo fue la decisión de iniciar su proyecto? ¿pensaron en ofrecerlas en espacios que ya existían?
Jimena Antúnez: Queríamos hacer este espacio increíble con este espíritu colaborativo, más que nada. Sentí que no era suficiente tomar las obras y llevarlas a un lugar a vender. Tenía que ser un lugar que te ofreciera toda esta historia que hay detrás y que justo es lo que estamos tratando de hacer con esta galería. Obviamente te ofrece obras de artes impresionantes pero también hay todo un espíritu padrísimo que nos rodea a todos.

Hace ocho años que iniciaron. ¿Cómo ha cambiado el hacer cerámica? Y ¿cómo es tener un espacio? México es uno de los países que tiene más museos en el mundo, pero muchos están vacíos, entonces cómo es tener ese espacio y además, especializado en cerámica.
Olmo Aguirre: La creación de cerámica está presente en todas las civilizaciones y siempre ha tenido un aspecto de ritual que lo hace muy fácil de vincular con el arte. Pero el componente utilitario de este medio también nos pone en un lugar muy cómodo para hacer diseño y para crear cosas útiles. Entonces, esta combinación mágica es una cosa súper interesante para cualquier diseñador, artista o ser creativo que ha vuelto a la cerámica un soporte magnético que pues, dicho con todas sus letras, está de moda. Hay un montón de talleres, hay un montón de gente talentosa haciendo cerámica y eso se me hace muy padre.
Nosotros tenemos ocho años, más o menos, bajo mi dirección en el taller Mono Rojo. Sin embargo, en realidad fundamos este espacio hace 12 y Hiroshi estuvo al mando del taller durante cuatro o cinco años en los que la orientación del taller estaba dirigida hacia la producción de piezas utilitarias de muy alto nivel para restaurantes de lujo y para hoteles que necesitaban esa calidad de la alta temperatura.
Pero, yo viendo el talento de Hiroshi y de todos los demás artistas que somos parte del taller, decidí tomar las riendas para llevarlo a un espacio de mucho más desarrollo creativo hacia el arte. Ha sido una carrera larga pero siento que estamos en un lugar muy bonito y queremos compartir eso con el mundo.

Olmo, como el creador de estas piezas, ¿qué te gusta más, cuando la gente las adquiere y les da un uso en su casa o que sea una pieza de arte que se admira y hasta se presume?
Olmo Aguirre: Así ya en un ambiente un poquito más punk, te voy a decir que mi momento culminante de la creación de cerámica, es cuando las piezas se rompen.
Y eso es un poco absurdo, pero tiene que ver con la vida de las cosas, ¿no? Pienso que es mucho más interesante cuando un objeto está en acción y puedes tener un intercambio físico con él, usando el tacto.
Hay tanta información en la cerámica para los sentidos, que guardarla para mí no tiene ningún sentido. Y si en el límite de las cosas las piezas se rompen, pues aprendemos a repararlas, aprendemos a reinterpretarlas, a volver a hacer algo que nos conecte con esa temporalidad. Y se me hace que eso, la cerámica es un soporte esencialmente vivo.
Una de las cosas que más me gusta en nuestra galería es ese momento de interacción. La gente llega a un ambiente en el que se siente tímida y muy condicionada por el no tocar. Pero nuestra invitación es constantemente a por favor, gira esas piezas, asómate, tócala, siente su temperatura. Porque esa es la parte que me parece más interesante. Compartir con un público que no es especializado en el medio.
Jimena Antúnez: Sí, esta interacción con la cerámica es lo que queremos compartir. Como dice Olmo, no tenerlo ahí guardado no, que la cerámica sea algo con lo que convives todos los días y que estés a gusto conviviendo con ella.
¿Hay piezas representativas del trabajo de Mono Rojo?
Olmo Aguirre: “Los Chacuacos”, esas piezas son una brutalidad.
Jimena Antúnez: Sí, salieron dos piezas increíbles de “Los Chacuacos”, y justo la invitación cuando llegas a la galería es, dale la vuelta, asómate, tócalos. Son muy emblemáticos del proyecto Mono Rojo.
Tengo entendido que tuvieron una exposición llamada Bad Manners ¿sigue vigente?
Jimena Antúnez: Todavía la tenemos aunque ya estamos planeando nuestra próxima exposición. Vamos a exhibir algo que ya hemos hecho, pero no a la escala de ahora. Es un tapete increíble diseñado por Olmo y hecho por un maestro en Oaxaca, así como un par de piezas que estamos preparando, pero son una sorpresa. Y que Olmo te hable de Bad Manners.
Olmo Aguirre: Bad Manners fue una invitación al juego de palabras y al lenguaje que tiene que ver con la idea de no saber cómo hacer las cosas o esta falsa noción de la educación como un asset. Y en realidad es algo que pasa mucho en el taller. No somos gente ortodoxa que tiene las formas últimas del bien-hacer la cerámica. Somos artistas experimentando todo el tiempo y buscando desde nuestras energías más íntimas como trascender las limitaciones de cómo entendemos el hacer obra, cerámica, pintura, dibujo. Entonces hay algo por ahí de tratar de eliminar esas trabas, esos límites respecto del bien-hacer las cosas para poder inventar algo con una libertad visible y compartible.

Olmo, ¿el concepto de las exposiciones tú lo generas o es en conjunto con los artistas invitados?
Olmo Aguirre: Pues creo que hay muchos nodos. Pienso que la visión de Jimena es una de las cosas centrales y más importantes para mí desde ese otro nodo en el que me toca dirigir la producción en el taller y encargarme de mi propia obra. Pero también estamos trabajando con una curadora que se llama Sandra Sánchez, ella tiene una voz fuerte digamos, en términos de cómo articular esta situación multi nodal que va mucho más allá de los esquemas de montaje y presentación de exposiciones ordinarios o que más se utilizan dentro de esta pequeña industria cultural. Tenemos que ser muy serios respecto a cómo presentamos nuestro trabajo para mandar el mensaje indicado, pero también honrar este caos y esta diversión mutua que existe en todas las etapas de creación de nuestras piezas.
Jimena Antúnez: Y también es respetar mucho lo que hacemos con cada artista pues cada uno trae su onda, entonces lo tratamos de adecuar y con base en eso vamos formando el concepto. Sí se hace un plan pero como dice Olmo, se respeta ese caos y esa libertad que es nuestro espíritu.

Finalmente, ¿a quién va dirigido Mano Rojo? ¿Quién les gustaría que visitara su galería y taller?
Jimena Antúnez: Tenemos tres espacios. La galería que está en la Juárez, que es donde hemos hecho nuestras exposiciones. El lugar de pintura que está en Santa María de la Rivera, muy orientado al dibujo, a la pintura y a ciertas actividades plásticas. Y está el taller, que es donde se hace toda esta magia de cerámica.

Están dirigidos a todo el público, a gente que le guste la cerámica y que valore, que vea esto como un arte. Queremos meter a la gente de México, que digan esta cerámica está ¡guau! la voy a llevar a mi casa porque está increíble.
Sentimos que la cerámica en México está en un proceso de “está caro para ser una cerámica”, ¿sabes? Queremos que el público entienda el por qué esta cerámica es valiosa. Queremos atender el mercado extranjero que para nosotros es importante también. Pero México es primordial porque aquí estamos y aquí nació todo.
@taller_mono_rojo
El post Mono Rojo: La cerámica como arte, y el gusto por romperla es un texto original de POST Mag.
Mono Rojo. Hace más de 20,000 años, las primeras comunidades de hombres descubrieron que el barro, una mezcla de arcilla y agua, podía transformarse en un material duro al someterla al fuego. Había nacido la cerámica. Con el paso de los milenios, el proceso evolucionó. Las civilizaciones incorporaron el torno…
El post Mono Rojo: La cerámica como arte, y el gusto por romperla es un texto original de POST Mag. Read More






