El nuevo orden de seguridad mundial: implicaciones sistémicas de la reconfiguración de poder entre Moscú y Washington

El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 ha acelerado transformaciones profundas en el sistema internacional de seguridad, especialmente en la relación entre Washington y Moscú. Bajo una lógica transaccional y pragmática, Estados Unidos ha reorientado su estrategia de seguridad hacia la competencia con China, reduciendo su hostilidad hacia Rusia. A su vez, el Kremlin ha adoptado una política de resistencia calculada, aprovechando divisiones occidentales y reforzando alianzas con el Sur Global. Este contexto evidencia el debilitamiento de instituciones multilaterales como la ONU y la OTAN, y marca la transición hacia un multilateralismo fragmentado caracterizado por coaliciones flexibles y compromisos selectivos.

El artículo examina estas transformaciones desde un enfoque ecléctico analítico que combina el neorrealismo, el institucionalismo liberal y el constructivismo. El neorrealismo explica los ajustes estratégicos en la distribución de poder; el institucionalismo liberal analiza el desgaste del multilateralismo universalista y el surgimiento de alianzas alternativas; mientras que el constructivismo ilumina la contestación normativa y la reconfiguración de identidades. Asimismo, se estudian los desafíos de las organizaciones intergubernamentales, las respuestas de las potencias intermedias y la regionalización de la seguridad. Se concluye que no se trata de un mero reajuste táctico, sino de una potencial reconfiguración estructural del orden internacional hacia un escenario multipolar y multinormativo. Esta transición genera riesgos de inestabilidad, pero también abre oportunidades para mecanismos de gobernanza más inclusivos y representativos de la diversidad global.

El retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 ha acelerado transformaciones profundas en el sistema internacional de seguridad, especialmente en la relación entre Washington y Moscú. Bajo una lógica transaccional y pragmática, Estados Unidos ha reorientado su estrategia de seguridad hacia la competencia con China, reduciendo su hostilidad hacia Rusia. A su vez, el Kremlin ha adoptado una política de resistencia calculada, aprovechando divisiones occidentales y reforzando alianzas con el Sur Global. Este contexto evidencia el debilitamiento de instituciones multilaterales como la ONU y la OTAN, y marca la transición hacia un multilateralismo fragmentado caracterizado por coaliciones flexibles y compromisos selectivos. El artículo examina estas transformaciones desde un enfoque ecléctico analítico que combina el neorrealismo, el institucionalismo liberal y el constructivismo. El neorrealismo explica los ajustes estratégicos en la distribución de poder; el institucionalismo liberal analiza el desgaste del multilateralismo universalista y el surgimiento de alianzas alternativas; mientras que el constructivismo ilumina la contestación normativa y la reconfiguración de identidades. Asimismo, se estudian los desafíos de las organizaciones intergubernamentales, las respuestas de las potencias intermedias y la regionalización de la seguridad. Se concluye que no se trata de un mero reajuste táctico, sino de una potencial reconfiguración estructural del orden internacional hacia un escenario multipolar y multinormativo. Esta transición genera riesgos de inestabilidad, pero también abre oportunidades para mecanismos de gobernanza más inclusivos y representativos de la diversidad global.