Cartografías del poder: de África a Latinoamérica

Mapas, nombres y representaciones del poder en el orden internacional (Ñ) Judith Fuentes Aguilar Merino Octubre 2026 Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques La resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la proyección de Mercator —la forma de representar la superficie esférica de la Tierra sobre un plano— muestra que los mapas no solo describen territorios, sino que también construyen jerarquías, identidades y narrativas sobre el lugar que cada región ocupa en el mundo. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución “Corregir el mapa”, orientada a requilibrar la representación cartográfica mundial y promover una representación más equitativa de las regiones, en particular de África. La iniciativa, presentada por Togo en nombre del Grupo Africano y respaldada por la Unión Africana, obtuvo 164 votos a favor, uno en contra —Estados Unidos— y 6 abstenciones —Estonia, Georgia, Lituania, República de Moldavia, Serbia y Ucrania—. La resolución no prohíbe la proyección de Mercator ni obliga a los Estados a utilizar un único mapamundi. Tampoco modifica fronteras ni el estatus jurídico de los territorios. Su carácter no es vinculante y su propósito es promover el uso de proyecciones de áreas equivalentes cuando resulte importante mostrar las dimensiones relativas de los continentes, especialmente en contextos educativos, de divulgación y de comunicación institucional. Con esta resolución, la Asamblea General incorporó al ámbito multilateral un debate sobre los efectos educativos, culturales y políticos de las representaciones cartográficas desproporcionadas. Los Estados discutieron la relación entre precisión cartográfica, memoria histórica, representación y autoridad política. También resulta significativo quién promovió la discusión: África llevó al ámbito multilateral una demanda sobre su propia representación. En este sentido, la resolución puede entenderse como una forma de diplomacia cultural que transforma una disputa sobre imágenes, conocimiento e identidad en una iniciativa internacional. Los mapas y la imagen del mundo Gerardus Mercator creó su proyección en 1569 para facilitar la navegación. Sin embargo, trasladar la superficie esférica de la Tierra a un plano exigió al cartógrafo flamenco distorsionar progresivamente las superficies a medida que se alejan del ecuador. De ahí que Groenlandia parezca comparable en tamaño con África, aunque el continente africano es casi catorce veces más grande. Canadá, Europa y Rusia también adquieren una presencia visual excesiva, mientras que África, Sudamérica y otras regiones cercanas al ecuador aparecen relativamente reducidas. Desde el siglo XVI, la difusión de este mapamundi convirtió una convención cartográfica en una representación aparentemente natural del planeta. La proyección Equal Earth, desarrollada en 2018 por Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny, conserva la proporcionalidad de las áreas y permite apreciar con mayor fidelidad el tamaño relativo de África y Latinoamérica frente a las regiones que la proyección de Mercator sobredimensiona. África reclama su lugar en el mapa La cartografía moderna se desarrolló junto con la expansión marítima europea. Los mapas sirvieron para navegar, establecer fronteras, clasificar recursos, administrar poblaciones y afirmar soberanía. Estas funciones acompañaron procesos históricos de dominación y contribuyeron a normalizar determinadas jerarquías. En el mapamundi de Mercator, África aparece relativamente menor frente a regiones sobredimensionadas, una representación que coexistió con narrativas que describían al continente como periférico o dependiente. La resolución “Corregir el mapa” sostiene que la dimensión aparente de un territorio influye en su percepción. En 2025, la Unión Africana vinculó la campaña con la capacidad del continente para definir su lugar en el escenario mundial y contrarrestar estereotipos. Togo convirtió esa demanda cultural en una negociación diplomática, con el objetivo de intervenir en los relatos, las imágenes y las categorías con los que otros interpretan al continente. Desde esta perspectiva, África no planteó únicamente la necesidad de una representación más favorable, sino que cuestionó quién posee la autoridad para definir la imagen compartida del mundo. El voto negativo de Estados Unidos puso de manifiesto la dimensión política de la discusión. Su representante sostuvo que la iniciativa formaba parte de un proyecto ideológico relacionado con las reparaciones y la justicia cognitiva, y que desviaba a la organización de problemas más importantes. Latinoamérica y la mirada propia La iniciativa africana tiene una resonancia particular en Latinoamérica. El continente americano fue incorporado a la cartografía europea mediante procesos de exploración y conquista. Después de la independencia, representar el territorio formó parte del esfuerzo por dar forma a México como unidad política. La Carta general de la República Mexicana, de Antonio García Cubas, elaborada en 1857, ofreció una imagen de conjunto del país y fue incorporada posteriormente a su Atlas geográfico, estadístico e histórico de la República Mexicana, publicado en 1858. Estas cartografías permitieron conocer y visualizar un territorio cuyas divisiones y límites formaban parte de la construcción del Estado nacional. Como ha estudiado Eulalia Ribera Carbó desde la geografía histórica, la integración del territorio también implicó producir ideas e imágenes sobre el país. La discusión también alcanza la orientación de los mapas: norte y sur no son solo referencias geográficas, sino puntos de vista a los que se han asociado ideas de poder, desarrollo y dependencia. El artista uruguayo Joaquín Torres García respondió a esa jerarquía desde la cultura. En 1943 dibujó Sudamérica invertida, una imagen asociada con una idea emblemática del pensamiento latinoamericano: “nuestro norte es el Sur”. Al colocar el sur arriba, modificó el punto de referencia desde el cual la región podía mirarse a sí misma. Nombrar el territorio El poder cartográfico no solo se ejerce mediante la escala, la orientación o la ubicación; también interviene en los nombres. Nombrar un espacio significa incorporarlo a una narración histórica; renombrarlo puede reivindicar una memoria, desplazarla o proyectar simbólicamente autoridad sobre él. En este ámbito, la palabra América constituye por sí misma una disputa. Surgió en la cartografía europea del siglo XVI para designar las tierras del hemisferio occidental, pero Estados Unidos terminó apropiándose de ella como denominación abreviada del país y de sus habitantes. En español es posible distinguir entre América, como nombre del continente, y estadounidense, como gentilicio de Estados Unidos. En el uso habitual del inglés, en cambio,

​Mapas, nombres y representaciones del poder en el orden internacional (Ñ) Judith Fuentes Aguilar Merino Octubre 2026 Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques La resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la proyección de Mercator —la forma de representar la superficie esférica de la Tierra sobre un plano— muestra que los mapas no solo describen territorios, sino que también construyen jerarquías, identidades y narrativas sobre el lugar que cada región ocupa en el mundo. El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución “Corregir el mapa”, orientada a requilibrar la representación cartográfica mundial y promover una representación más equitativa de las regiones, en particular de África. La iniciativa, presentada por Togo en nombre del Grupo Africano y respaldada por la Unión Africana, obtuvo 164 votos a favor, uno en contra —Estados Unidos— y 6 abstenciones —Estonia, Georgia, Lituania, República de Moldavia, Serbia y Ucrania—. La resolución no prohíbe la proyección de Mercator ni obliga a los Estados a utilizar un único mapamundi. Tampoco modifica fronteras ni el estatus jurídico de los territorios. Su carácter no es vinculante y su propósito es promover el uso de proyecciones de áreas equivalentes cuando resulte importante mostrar las dimensiones relativas de los continentes, especialmente en contextos educativos, de divulgación y de comunicación institucional. Con esta resolución, la Asamblea General incorporó al ámbito multilateral un debate sobre los efectos educativos, culturales y políticos de las representaciones cartográficas desproporcionadas. Los Estados discutieron la relación entre precisión cartográfica, memoria histórica, representación y autoridad política. También resulta significativo quién promovió la discusión: África llevó al ámbito multilateral una demanda sobre su propia representación. En este sentido, la resolución puede entenderse como una forma de diplomacia cultural que transforma una disputa sobre imágenes, conocimiento e identidad en una iniciativa internacional. Los mapas y la imagen del mundo Gerardus Mercator creó su proyección en 1569 para facilitar la navegación. Sin embargo, trasladar la superficie esférica de la Tierra a un plano exigió al cartógrafo flamenco distorsionar progresivamente las superficies a medida que se alejan del ecuador. De ahí que Groenlandia parezca comparable en tamaño con África, aunque el continente africano es casi catorce veces más grande. Canadá, Europa y Rusia también adquieren una presencia visual excesiva, mientras que África, Sudamérica y otras regiones cercanas al ecuador aparecen relativamente reducidas. Desde el siglo XVI, la difusión de este mapamundi convirtió una convención cartográfica en una representación aparentemente natural del planeta. La proyección Equal Earth, desarrollada en 2018 por Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny, conserva la proporcionalidad de las áreas y permite apreciar con mayor fidelidad el tamaño relativo de África y Latinoamérica frente a las regiones que la proyección de Mercator sobredimensiona. África reclama su lugar en el mapa La cartografía moderna se desarrolló junto con la expansión marítima europea. Los mapas sirvieron para navegar, establecer fronteras, clasificar recursos, administrar poblaciones y afirmar soberanía. Estas funciones acompañaron procesos históricos de dominación y contribuyeron a normalizar determinadas jerarquías. En el mapamundi de Mercator, África aparece relativamente menor frente a regiones sobredimensionadas, una representación que coexistió con narrativas que describían al continente como periférico o dependiente. La resolución “Corregir el mapa” sostiene que la dimensión aparente de un territorio influye en su percepción. En 2025, la Unión Africana vinculó la campaña con la capacidad del continente para definir su lugar en el escenario mundial y contrarrestar estereotipos. Togo convirtió esa demanda cultural en una negociación diplomática, con el objetivo de intervenir en los relatos, las imágenes y las categorías con los que otros interpretan al continente. Desde esta perspectiva, África no planteó únicamente la necesidad de una representación más favorable, sino que cuestionó quién posee la autoridad para definir la imagen compartida del mundo. El voto negativo de Estados Unidos puso de manifiesto la dimensión política de la discusión. Su representante sostuvo que la iniciativa formaba parte de un proyecto ideológico relacionado con las reparaciones y la justicia cognitiva, y que desviaba a la organización de problemas más importantes. Latinoamérica y la mirada propia La iniciativa africana tiene una resonancia particular en Latinoamérica. El continente americano fue incorporado a la cartografía europea mediante procesos de exploración y conquista. Después de la independencia, representar el territorio formó parte del esfuerzo por dar forma a México como unidad política. La Carta general de la República Mexicana, de Antonio García Cubas, elaborada en 1857, ofreció una imagen de conjunto del país y fue incorporada posteriormente a su Atlas geográfico, estadístico e histórico de la República Mexicana, publicado en 1858. Estas cartografías permitieron conocer y visualizar un territorio cuyas divisiones y límites formaban parte de la construcción del Estado nacional. Como ha estudiado Eulalia Ribera Carbó desde la geografía histórica, la integración del territorio también implicó producir ideas e imágenes sobre el país. La discusión también alcanza la orientación de los mapas: norte y sur no son solo referencias geográficas, sino puntos de vista a los que se han asociado ideas de poder, desarrollo y dependencia. El artista uruguayo Joaquín Torres García respondió a esa jerarquía desde la cultura. En 1943 dibujó Sudamérica invertida, una imagen asociada con una idea emblemática del pensamiento latinoamericano: “nuestro norte es el Sur”. Al colocar el sur arriba, modificó el punto de referencia desde el cual la región podía mirarse a sí misma. Nombrar el territorio El poder cartográfico no solo se ejerce mediante la escala, la orientación o la ubicación; también interviene en los nombres. Nombrar un espacio significa incorporarlo a una narración histórica; renombrarlo puede reivindicar una memoria, desplazarla o proyectar simbólicamente autoridad sobre él. En este ámbito, la palabra América constituye por sí misma una disputa. Surgió en la cartografía europea del siglo XVI para designar las tierras del hemisferio occidental, pero Estados Unidos terminó apropiándose de ella como denominación abreviada del país y de sus habitantes. En español es posible distinguir entre América, como nombre del continente, y estadounidense, como gentilicio de Estados Unidos. En el uso habitual del inglés, en cambio, Read More