Los seres humanos sabemos amar en la temporalidad y pensamos en el amor como una condición y en el matrimonio como una garantía. El gesto de Kierkegaard hasta la fecha escandaliza porque se atrevió a amar de otra manera. No quiso que la mujer amada sufriera la terrible melancolía que envolvía su alma, no quiso hacer de Regine una mujer condenada a la infelicidad por cumplir con un deber social: ‘y cuando me sienta tan desdichado mi único consuelo es que ella no sufra conmigo’; apuntaba en su Diario. Prefirió renunciar a ella para verla feliz y casada con otro, pero siempre agradeció a Dios por ese regalo que fue Regine y entendió que su amor no era para la temporalidad, sino para la eternidad.
Los seres humanos sabemos amar en la temporalidad y pensamos en el amor como una condición y en el matrimonio como una garantía. El gesto de Kierkegaard hasta la fecha escandaliza porque se atrevió a amar de otra manera. No quiso que la mujer amada sufriera la terrible melancolía que envolvía su alma, no quiso hacer de Regine una mujer condenada a la infelicidad por cumplir con un deber social: ‘y cuando me sienta tan desdichado mi único consuelo es que ella no sufra conmigo’; apuntaba en su Diario. Prefirió renunciar a ella para verla feliz y casada con otro, pero siempre agradeció a Dios por ese regalo que fue Regine y entendió que su amor no era para la temporalidad, sino para la eternidad. Read More
