Los inicios de la filosofía marcan un giro necesario: el hombre como objeto de reflexión. Dentro de este particular carácter antropocéntrico del pensamiento griego se rechaza el relativismo moral y, en contra parte, se buscan ideas generales (conceptos) que asciendan a partir del examen de los casos concretos. En esta búsqueda de los “conceptos”, la definición de virtud se circunscribe como un problema inherente a la condición del hombre, que surge como un diálogo enraizado en el saber humanizado; donde la preocupación por lo humano se resuelve en el logos articulado por el “amor a la sabiduría”, no en el ámbito religioso y enigmático de la “sabiduría”.
Los inicios de la filosofía marcan un giro necesario: el hombre como objeto de reflexión. Dentro de este particular carácter antropocéntrico del pensamiento griego se rechaza el relativismo moral y, en contra parte, se buscan ideas generales (conceptos) que asciendan a partir del examen de los casos concretos. En esta búsqueda de los “conceptos”, la definición de virtud se circunscribe como un problema inherente a la condición del hombre, que surge como un diálogo enraizado en el saber humanizado; donde la preocupación por lo humano se resuelve en el logos articulado por el “amor a la sabiduría”, no en el ámbito religioso y enigmático de la “sabiduría”. Read More
