Diez años en Damasco

Entre el fin de la guerra y la reunificación en Siria  Mauricio D. Aceves Septiembre 2026 La evacuación de Alepo oriental, en el invierno de 2016, entonces bajo el control de fuerzas opositoras al gobierno de Bashar al Assad, marcó el cierre de un capítulo de un conflicto caracterizado por el desgaste de las fuerzas en combate y por una grave situación humanitaria, vinculada con la violencia y el desplazamiento forzado. También reflejó la fragmentación de Siria tras años de guerra, asedios y control territorial por parte de grupos que proclamaron califatos. El ejército sirio recuperó el mayor núcleo urbano del país, perdido desde 2012; sin embargo, cedió autonomía estratégica ante Moscú y Teherán, cuyo respaldo aéreo, financiero, logístico y operativo resultó decisivo en aquella campaña y continuaría siéndolo durante los 8 años posteriores. Con ello, la distinción entre la seguridad del aparato estatal y la fortaleza del Estado quedó subordinada a la concentración del poder, a los servicios de seguridad y a la figura de la presidencia. Antecedentes como el acuerdo con Israel sobre los Altos del Golán, de 1974, o la retirada siria del Líbano, en 2005, ofrecen paralelismos históricos que igualmente señalan los límites de la proyección militar de Siria y del uso de concesiones en favor de la protección de las estructuras de gobierno. A 10 años de distancia, en 2016, el panorama sirio integraba contraposiciones entre facciones que orbitaban, frecuentemente, en esferas de influencia externa, mientras los resultados militares determinaban las decisiones inmediatas. Se trataba de un conflicto compuesto por fragmentos, en el que cada actor participaba en una campaña distinta, aunque compartían el mismo teatro de operaciones. El Ejército Libre Sirio, grupos islamistas y organizaciones yihadistas combatían entre sí. Por su parte, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), con el apoyo de Estados Unidos, avanzaban contra el Estado Islámico. En otro frente, Turquía contenía a facciones del Estado Islámico y al proyecto autónomo kurdo en las inmediaciones de la frontera con Siria. Aquella escena se completaba con 5.5 millones de refugiados y 6.3 millones de desplazados internos. Durante los siguientes años, Siria atravesaría etapas de avances y retrocesos institucionales, que mostraban usualmente asimetrías entre la capital y otras ciudades, así como entre los centros urbanos y las áreas rurales, en un contexto marcado por la persistencia de frentes abiertos entre insurgencias y focos de violencia. En diciembre de 2024, la ofensiva de la coalición liderada por Hayat Tahrir al Sham, que culminó con la toma de Alepo, Hama, Homs y, finalmente, Damasco, pondría fin a 24 años de gobierno de Al Assad y a medio siglo de dominio de su familia en Siria. Esto significó también la adopción de una nueva bandera, que evoca resistencia, integración y unidad. En el plano regional, la toma de Damasco también rompería uno de los últimos eslabones de las Primaveras Árabes, cuyos capítulos permanecen inconclusos en Libia y Yemen. Actualmente, Al Assad se encuentra en Moscú; el Estado Islámico ya no administra ciudades, aunque conserva capacidades para sostener campañas asimétricas; las líneas de frente se han reducido, y las FDS se disolvieron en agosto de 2026, como parte de los acuerdos alcanzados en enero, para integrarse a las instituciones del nuevo Estado. Este proceso incluyó incluso el nombramiento de Mazloum Abdi, antiguo comandante de las FDS, como asesor presidencial. En 2016, la principal interrogante era cuánto tiempo le tomaría al ejército sirio poner fin al conflicto y recuperar el resto del territorio. En vísperas del otoño de 2026, tras el establecimiento de un nuevo gobierno con un proyecto de transición, la cuestión siria se concentra en otras preguntas: ¿qué características tendrá el Estado que surja de este proceso y qué lugar ocupará una nueva Siria en Asia Occidental? Las preguntas del presente distan de las del pasado. Los mosaicos de Damasco Ahmed al Shara, Presidente transitorio desde el 29 de enero de 2025, encabeza el periodo de transición de 5 años establecido por la Declaración Constitucional de marzo de ese año. En esta hoja de ruta, el Presidente designa al gobierno y a un tercio de la Asamblea del Pueblo, que conserva atribuciones limitadas y cuenta con vacantes representativas de Sueida, principal núcleo de la comunidad drusa. En paralelo, la conciliación con grupos independientes registra avances en el noroeste del país. Sin embargo, la cadena de mando, las administraciones locales, las garantías culturales para la diversidad y la administración de los ingresos petroleros son elementos pendientes dentro de una agenda que busca unir lo que un siglo de divisiones ha separado. A partir de 2008, Bagdad emprendió un proceso de restablecimiento de la autoridad federal en las provincias de mayoría sunita, mediante el despliegue de instituciones civiles y fuerzas de seguridad, pero no consolidó un pacto político nacional ni integró a los liderazgos locales durante ese periodo. Ello generó fisuras institucionales que incluso contribuyeron a la caída de Mosul ante el Estado Islámico en 2014. Este ejemplo demuestra que el control administrativo no equivale a un acuerdo nacional sostenible. Si bien Siria transita por un sendero distinto al de Irak años atrás, Damasco debe observar los desarrollos de la historia reciente e integrar instituciones y comunidades con miras a construir andamiajes de gobernanza que reconozcan las dimensiones identitarias. Siria se encuentra más cerca de la unidad que hace una década, aun cuando muchas de las fracturas de entonces siguen expuestas. Adicionalmente, los retos económicos y sociales, junto con la reconstrucción y la atención a la población, se convierten en la mayor emergencia del país. Desde diciembre de 2024, de acuerdo con estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, más de 1.8 millones de personas que habían buscado refugio en el extranjero han retornado a Siria, mientras que alrededor de 2 millones de desplazados internos han regresado a sus lugares de origen. Sin embargo, 5.54 millones de personas continúan desplazadas dentro del país. Asimismo, 7.2 millones enfrentan inseguridad alimentaria aguda, incluidos 1.6 millones que experimentan inseguridad alimentaria severa o se encuentran en riesgo inmediato de

​Entre el fin de la guerra y la reunificación en Siria  Mauricio D. Aceves Septiembre 2026 La evacuación de Alepo oriental, en el invierno de 2016, entonces bajo el control de fuerzas opositoras al gobierno de Bashar al Assad, marcó el cierre de un capítulo de un conflicto caracterizado por el desgaste de las fuerzas en combate y por una grave situación humanitaria, vinculada con la violencia y el desplazamiento forzado. También reflejó la fragmentación de Siria tras años de guerra, asedios y control territorial por parte de grupos que proclamaron califatos. El ejército sirio recuperó el mayor núcleo urbano del país, perdido desde 2012; sin embargo, cedió autonomía estratégica ante Moscú y Teherán, cuyo respaldo aéreo, financiero, logístico y operativo resultó decisivo en aquella campaña y continuaría siéndolo durante los 8 años posteriores. Con ello, la distinción entre la seguridad del aparato estatal y la fortaleza del Estado quedó subordinada a la concentración del poder, a los servicios de seguridad y a la figura de la presidencia. Antecedentes como el acuerdo con Israel sobre los Altos del Golán, de 1974, o la retirada siria del Líbano, en 2005, ofrecen paralelismos históricos que igualmente señalan los límites de la proyección militar de Siria y del uso de concesiones en favor de la protección de las estructuras de gobierno. A 10 años de distancia, en 2016, el panorama sirio integraba contraposiciones entre facciones que orbitaban, frecuentemente, en esferas de influencia externa, mientras los resultados militares determinaban las decisiones inmediatas. Se trataba de un conflicto compuesto por fragmentos, en el que cada actor participaba en una campaña distinta, aunque compartían el mismo teatro de operaciones. El Ejército Libre Sirio, grupos islamistas y organizaciones yihadistas combatían entre sí. Por su parte, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), con el apoyo de Estados Unidos, avanzaban contra el Estado Islámico. En otro frente, Turquía contenía a facciones del Estado Islámico y al proyecto autónomo kurdo en las inmediaciones de la frontera con Siria. Aquella escena se completaba con 5.5 millones de refugiados y 6.3 millones de desplazados internos. Durante los siguientes años, Siria atravesaría etapas de avances y retrocesos institucionales, que mostraban usualmente asimetrías entre la capital y otras ciudades, así como entre los centros urbanos y las áreas rurales, en un contexto marcado por la persistencia de frentes abiertos entre insurgencias y focos de violencia. En diciembre de 2024, la ofensiva de la coalición liderada por Hayat Tahrir al Sham, que culminó con la toma de Alepo, Hama, Homs y, finalmente, Damasco, pondría fin a 24 años de gobierno de Al Assad y a medio siglo de dominio de su familia en Siria. Esto significó también la adopción de una nueva bandera, que evoca resistencia, integración y unidad. En el plano regional, la toma de Damasco también rompería uno de los últimos eslabones de las Primaveras Árabes, cuyos capítulos permanecen inconclusos en Libia y Yemen. Actualmente, Al Assad se encuentra en Moscú; el Estado Islámico ya no administra ciudades, aunque conserva capacidades para sostener campañas asimétricas; las líneas de frente se han reducido, y las FDS se disolvieron en agosto de 2026, como parte de los acuerdos alcanzados en enero, para integrarse a las instituciones del nuevo Estado. Este proceso incluyó incluso el nombramiento de Mazloum Abdi, antiguo comandante de las FDS, como asesor presidencial. En 2016, la principal interrogante era cuánto tiempo le tomaría al ejército sirio poner fin al conflicto y recuperar el resto del territorio. En vísperas del otoño de 2026, tras el establecimiento de un nuevo gobierno con un proyecto de transición, la cuestión siria se concentra en otras preguntas: ¿qué características tendrá el Estado que surja de este proceso y qué lugar ocupará una nueva Siria en Asia Occidental? Las preguntas del presente distan de las del pasado. Los mosaicos de Damasco Ahmed al Shara, Presidente transitorio desde el 29 de enero de 2025, encabeza el periodo de transición de 5 años establecido por la Declaración Constitucional de marzo de ese año. En esta hoja de ruta, el Presidente designa al gobierno y a un tercio de la Asamblea del Pueblo, que conserva atribuciones limitadas y cuenta con vacantes representativas de Sueida, principal núcleo de la comunidad drusa. En paralelo, la conciliación con grupos independientes registra avances en el noroeste del país. Sin embargo, la cadena de mando, las administraciones locales, las garantías culturales para la diversidad y la administración de los ingresos petroleros son elementos pendientes dentro de una agenda que busca unir lo que un siglo de divisiones ha separado. A partir de 2008, Bagdad emprendió un proceso de restablecimiento de la autoridad federal en las provincias de mayoría sunita, mediante el despliegue de instituciones civiles y fuerzas de seguridad, pero no consolidó un pacto político nacional ni integró a los liderazgos locales durante ese periodo. Ello generó fisuras institucionales que incluso contribuyeron a la caída de Mosul ante el Estado Islámico en 2014. Este ejemplo demuestra que el control administrativo no equivale a un acuerdo nacional sostenible. Si bien Siria transita por un sendero distinto al de Irak años atrás, Damasco debe observar los desarrollos de la historia reciente e integrar instituciones y comunidades con miras a construir andamiajes de gobernanza que reconozcan las dimensiones identitarias. Siria se encuentra más cerca de la unidad que hace una década, aun cuando muchas de las fracturas de entonces siguen expuestas. Adicionalmente, los retos económicos y sociales, junto con la reconstrucción y la atención a la población, se convierten en la mayor emergencia del país. Desde diciembre de 2024, de acuerdo con estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, más de 1.8 millones de personas que habían buscado refugio en el extranjero han retornado a Siria, mientras que alrededor de 2 millones de desplazados internos han regresado a sus lugares de origen. Sin embargo, 5.54 millones de personas continúan desplazadas dentro del país. Asimismo, 7.2 millones enfrentan inseguridad alimentaria aguda, incluidos 1.6 millones que experimentan inseguridad alimentaria severa o se encuentran en riesgo inmediato de Read More