China y Estados Unidos en la reconfiguraci贸n del sistema de financiamiento internacional del desarrollo Blanca Elena G贸mez Garc铆a Mayo 2026 Una colaboraci贸n del聽Centro de Ense帽anza y An谩lisis sobre la Pol铆tica Exterior de M茅xico (CESPEM) A primera vista, la reciente ca铆da de la ayuda oficial para el desarrollo podr铆a sugerir que el sistema de financiamiento internacional para el mismo est谩 entrando en una fase de debilitamiento. Sin embargo, m谩s que un punto de inflexi贸n aislado, este retroceso parece acentuar una tendencia que ven铆a gest谩ndose desde hace varios a帽os. Las estimaciones preliminares de la Organizaci贸n para la Cooperaci贸n y el Desarrollo Econ贸micos para 2025 indican que la ayuda oficial para el desarrollo registr贸 una contracci贸n superior a 20%, una de las m谩s pronunciadas en d茅cadas, lo que devuelve los niveles internacionales a cifras similares a las de hace una d茅cada. Repliegue estrat茅gico del poder asistencial estadounidense Parte de esta din谩mica puede explicarse por el repliegue selectivo de Estados Unidos en ciertos 谩mbitos de la cooperaci贸n internacional. En 2025, la pol铆tica de ayuda exterior estadounidense experiment贸 un giro significativo tras la emisi贸n de una orden ejecutiva que estableci贸 una pausa general de 90 d铆as en la asistencia internacional, con el fin de revisar su alineaci贸n con los intereses estrat茅gicos del pa铆s. Esta revisi贸n deriv贸 en una restructuraci贸n profunda del sistema de ayuda, que llev贸 al congelamiento de desembolsos, la suspensi贸n de programas en curso y, posteriormente, a la eliminaci贸n de m谩s de 80% de los programas de asistencia gestionados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Esto implic贸 el cierre institucional de la propia Agencia y la transferencia de sus funciones al Departamento de Estado. Este repliegue tuvo efectos inmediatos a nivel internacional. En primer lugar, la suspensi贸n del financiamiento afect贸 a miles de contratos y programas en sectores como salud, educaci贸n y seguridad alimentaria. En segundo lugar, se produjo el desplazamiento de Estados Unidos como principal proveedor de ayuda a nivel mundial, ya que fue responsable de aproximadamente tres cuartas partes de la ca铆da general de la ayuda oficial para el desarrollo en 2025. En paralelo, se mantuvieron excepciones estrat茅gicas, particularmente en lo relativo al financiamiento militar y a la asistencia de emergencia, lo que evidencia un cambio no hacia una retirada total, sino hacia una mayor selectividad geopol铆tica. Estados Unidos conserva una posici贸n central en la arquitectura mundial del sistema de cooperaci贸n, ya que mantiene su membres铆a permanente en el Consejo de Seguridad de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas (ONU), contin煤a siendo el principal accionista en instituciones como el Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y sigue desempe帽ando un papel determinante en la definici贸n de normas y reglas del sistema financiero internacional. Como ha se帽alado Robert Keohane, las instituciones internacionales no eliminan las asimetr铆as de poder, sino que las organizan. Desde esta perspectiva, lo que se observa no es una retirada de Estados Unidos del sistema multilateral, sino una reconfiguraci贸n de las formas en que ese poder se ejerce. La ayuda tradicional pierde peso relativo frente a otros instrumentos financieros y estrat茅gicos, sin que esto implique una p茅rdida de centralidad efectiva. Este giro puede comprenderse con mayor claridad desde los postulados de la econom铆a pol铆tica internacional. Como se帽al贸 Susan Strange, el poder estructural de los Estados radica en su capacidad para definir las reglas dentro de las cuales operan otros actores. Desde esta perspectiva, la intervenci贸n de Estados Unidos se est谩 reconfigurando, pues, en lugar de privilegiar la ayuda a fondo perdido, este modelo recurre cada vez m谩s a modalidades de cooperaci贸n bilateral, instrumentos financieros y esquemas de cr茅dito y pr茅stamo, que permiten influir tanto en la disponibilidad de recursos como en las trayectorias econ贸micas y en las decisiones de pol铆tica de los pa铆ses receptores. El modelo chino de cooperaci贸n internacional En paralelo, China ha consolidado un r茅gimen de cooperaci贸n internacional con caracter铆sticas propias, que responde a una l贸gica distinta, aunque no desconectada de las din谩micas mundiales de poder. A diferencia del modelo tradicional occidental, la cooperaci贸n china integra de manera indistinta ayuda, financiamiento, inversi贸n y objetivos estrat茅gicos, articulados bajo el discurso de la cooperaci贸n Sur-Sur. Las ra铆ces de este modelo se encuentran en la propia trayectoria hist贸rica de China como pa铆s receptor y, posteriormente, como cooperante. Desde sus primeras experiencias en las d茅cadas de 1950 y 1960, Beijing combin贸 la recepci贸n de asistencia de la Uni贸n Sovi茅tica con una incipiente cooperaci贸n hacia 脕frica y Asia, marcada por proyectos emblem谩ticos y un fuerte componente ideol贸gico de solidaridad entre pa铆ses en desarrollo. Esta experiencia contribuy贸 a la construcci贸n de una identidad pol铆tica espec铆fica: la de un actor que se concibe a s铆 mismo como parte del Sur global. A diferencia de los donantes tradicionales, China no se presenta como un proveedor externo de ayuda, sino como un socio, lo que le ha permitido construir relaciones de cooperaci贸n menos condicionadas en t茅rminos pol铆ticos, pero altamente orientadas a sus objetivos estrat茅gicos. En este sentido, la expansi贸n de su estrategia de cooperaci贸n internacional para el desarrollo puede entenderse como la proyecci贸n internacional de una narrativa pol铆tica construida por d茅cadas y dirigida a la satisfacci贸n de los intereses del gobierno chino. Es precisamente en los espacios de ajuste del sistema occidental de cooperaci贸n internacional para el desarrollo donde este modelo ha encontrado un terreno f茅rtil. A medida que Estados Unidos y otros donantes tradicionales han reducido o reorientado sus instrumentos de ayuda, China ha ampliado su presencia, particularmente en sectores donde el financiamiento occidental se ha vuelto m谩s escaso, selectivo o condicionado. Infraestructura, energ铆a y conectividad se han convertido en los ejes de esta expansi贸n, no como sustituci贸n del sistema existente, sino como una capa adicional que se superpone a 茅l. Para los pa铆ses en desarrollo, esta nueva configuraci贸n no implica elegir entre modelos, sino aprender a navegar entre ellos. Este proceso ha sido especialmente visible en el marco de programas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mediante el cual China ha movilizado recursos a gran escala con una alta capacidad de ejecuci贸n. Sin embargo,
鈥婥hina y Estados Unidos en la reconfiguraci贸n del sistema de financiamiento internacional del desarrollo Blanca Elena G贸mez Garc铆a Mayo 2026 Una colaboraci贸n del聽Centro de Ense帽anza y An谩lisis sobre la Pol铆tica Exterior de M茅xico (CESPEM) A primera vista, la reciente ca铆da de la ayuda oficial para el desarrollo podr铆a sugerir que el sistema de financiamiento internacional para el mismo est谩 entrando en una fase de debilitamiento. Sin embargo, m谩s que un punto de inflexi贸n aislado, este retroceso parece acentuar una tendencia que ven铆a gest谩ndose desde hace varios a帽os. Las estimaciones preliminares de la Organizaci贸n para la Cooperaci贸n y el Desarrollo Econ贸micos para 2025 indican que la ayuda oficial para el desarrollo registr贸 una contracci贸n superior a 20%, una de las m谩s pronunciadas en d茅cadas, lo que devuelve los niveles internacionales a cifras similares a las de hace una d茅cada. Repliegue estrat茅gico del poder asistencial estadounidense Parte de esta din谩mica puede explicarse por el repliegue selectivo de Estados Unidos en ciertos 谩mbitos de la cooperaci贸n internacional. En 2025, la pol铆tica de ayuda exterior estadounidense experiment贸 un giro significativo tras la emisi贸n de una orden ejecutiva que estableci贸 una pausa general de 90 d铆as en la asistencia internacional, con el fin de revisar su alineaci贸n con los intereses estrat茅gicos del pa铆s. Esta revisi贸n deriv贸 en una restructuraci贸n profunda del sistema de ayuda, que llev贸 al congelamiento de desembolsos, la suspensi贸n de programas en curso y, posteriormente, a la eliminaci贸n de m谩s de 80% de los programas de asistencia gestionados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Esto implic贸 el cierre institucional de la propia Agencia y la transferencia de sus funciones al Departamento de Estado. Este repliegue tuvo efectos inmediatos a nivel internacional. En primer lugar, la suspensi贸n del financiamiento afect贸 a miles de contratos y programas en sectores como salud, educaci贸n y seguridad alimentaria. En segundo lugar, se produjo el desplazamiento de Estados Unidos como principal proveedor de ayuda a nivel mundial, ya que fue responsable de aproximadamente tres cuartas partes de la ca铆da general de la ayuda oficial para el desarrollo en 2025. En paralelo, se mantuvieron excepciones estrat茅gicas, particularmente en lo relativo al financiamiento militar y a la asistencia de emergencia, lo que evidencia un cambio no hacia una retirada total, sino hacia una mayor selectividad geopol铆tica. Estados Unidos conserva una posici贸n central en la arquitectura mundial del sistema de cooperaci贸n, ya que mantiene su membres铆a permanente en el Consejo de Seguridad de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas (ONU), contin煤a siendo el principal accionista en instituciones como el Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y sigue desempe帽ando un papel determinante en la definici贸n de normas y reglas del sistema financiero internacional. Como ha se帽alado Robert Keohane, las instituciones internacionales no eliminan las asimetr铆as de poder, sino que las organizan. Desde esta perspectiva, lo que se observa no es una retirada de Estados Unidos del sistema multilateral, sino una reconfiguraci贸n de las formas en que ese poder se ejerce. La ayuda tradicional pierde peso relativo frente a otros instrumentos financieros y estrat茅gicos, sin que esto implique una p茅rdida de centralidad efectiva. Este giro puede comprenderse con mayor claridad desde los postulados de la econom铆a pol铆tica internacional. Como se帽al贸 Susan Strange, el poder estructural de los Estados radica en su capacidad para definir las reglas dentro de las cuales operan otros actores. Desde esta perspectiva, la intervenci贸n de Estados Unidos se est谩 reconfigurando, pues, en lugar de privilegiar la ayuda a fondo perdido, este modelo recurre cada vez m谩s a modalidades de cooperaci贸n bilateral, instrumentos financieros y esquemas de cr茅dito y pr茅stamo, que permiten influir tanto en la disponibilidad de recursos como en las trayectorias econ贸micas y en las decisiones de pol铆tica de los pa铆ses receptores. El modelo chino de cooperaci贸n internacional En paralelo, China ha consolidado un r茅gimen de cooperaci贸n internacional con caracter铆sticas propias, que responde a una l贸gica distinta, aunque no desconectada de las din谩micas mundiales de poder. A diferencia del modelo tradicional occidental, la cooperaci贸n china integra de manera indistinta ayuda, financiamiento, inversi贸n y objetivos estrat茅gicos, articulados bajo el discurso de la cooperaci贸n Sur-Sur. Las ra铆ces de este modelo se encuentran en la propia trayectoria hist贸rica de China como pa铆s receptor y, posteriormente, como cooperante. Desde sus primeras experiencias en las d茅cadas de 1950 y 1960, Beijing combin贸 la recepci贸n de asistencia de la Uni贸n Sovi茅tica con una incipiente cooperaci贸n hacia 脕frica y Asia, marcada por proyectos emblem谩ticos y un fuerte componente ideol贸gico de solidaridad entre pa铆ses en desarrollo. Esta experiencia contribuy贸 a la construcci贸n de una identidad pol铆tica espec铆fica: la de un actor que se concibe a s铆 mismo como parte del Sur global. A diferencia de los donantes tradicionales, China no se presenta como un proveedor externo de ayuda, sino como un socio, lo que le ha permitido construir relaciones de cooperaci贸n menos condicionadas en t茅rminos pol铆ticos, pero altamente orientadas a sus objetivos estrat茅gicos. En este sentido, la expansi贸n de su estrategia de cooperaci贸n internacional para el desarrollo puede entenderse como la proyecci贸n internacional de una narrativa pol铆tica construida por d茅cadas y dirigida a la satisfacci贸n de los intereses del gobierno chino. Es precisamente en los espacios de ajuste del sistema occidental de cooperaci贸n internacional para el desarrollo donde este modelo ha encontrado un terreno f茅rtil. A medida que Estados Unidos y otros donantes tradicionales han reducido o reorientado sus instrumentos de ayuda, China ha ampliado su presencia, particularmente en sectores donde el financiamiento occidental se ha vuelto m谩s escaso, selectivo o condicionado. Infraestructura, energ铆a y conectividad se han convertido en los ejes de esta expansi贸n, no como sustituci贸n del sistema existente, sino como una capa adicional que se superpone a 茅l. Para los pa铆ses en desarrollo, esta nueva configuraci贸n no implica elegir entre modelos, sino aprender a navegar entre ellos. Este proceso ha sido especialmente visible en el marco de programas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, mediante el cual China ha movilizado recursos a gran escala con una alta capacidad de ejecuci贸n. Sin embargo,聽Read More
