China y Estados Unidos disputan el rumbo de un orden internacional fracturado Alejandro Pescador Agosto 2026 “Todo bajo el cielo se hunde en el caos; la situación es excelente.” Esta frase alude a un comentario de Mao Zedong durante la Revolución Cultural (1966-1976), cuando China parecía hundirse en el caos, una situación que, según el líder chino, podía favorecer cambios profundos en todos los ámbitos. En esa línea, el mundo ha entrado en un periodo de posdiplomacia, caracterizado por un orden internacional fracturado y un planeta cada vez más pequeño, pero conectado como nunca. Los asuntos más apremiantes, como la guerra y la paz, se abordan ya no mediante el diálogo, sino por medio de monólogos paralelos. En ocasiones, las partes firman acuerdos sin voluntad de cumplirlos; en otras, ni siquiera intentan negociar. Varios indicios parecen confirmarlo, entre ellos la visita de Estado del presidente estadounidense Donald Trump a Beijing, del 13 al 15 de mayo de 2026, donde sostuvo conversaciones con su homólogo chino Xi Jinping. La visita El ceremonial de bienvenida ofrecido por Xi a Trump en la Plaza de Tiananmén fue un mensaje de fuerza y de reconocimiento mutuo y, como tal, el fastuoso espectáculo constituyó una expresión de poder, como sucedía en la China imperial cuando los monarcas tributarios visitaban al emperador. La visita en sí fue un juego de apariencias. Los resultados fueron vagos para Washington y apenas tangibles para Beijing: la cumbre presidencial elevó a China a la categoría de superpotencia a la par de Estados Unidos, mientras la relación bilateral parecía encaminarse hacia un trayecto sin sobresaltos durante los siguientes meses. La “estabilidad estratégica constructiva” —el enunciado más repetido durante y después de la visita— cimentaba un diálogo político franco para inhibir escaladas y mantener la tregua comercial. Se celebraba un matrimonio temporal, como se practica en algunos países del Medio Oriente, pero sin firmas. Los contrastes en las actitudes y los alcances de los respectivos posicionamientos de cada presidente no pudieron ser más distintos: Trump enfatizó la relación personal amistosa y se limitó a unos tanteos tácticos; Xi, por su parte, mostró una visión más definida, más estratégica y con un horizonte de largo plazo. Sorprende la cercanía con los dos géneros de la ópera de Beijing, a saber, Wenxi o drama civil y Wuxi o drama militar: Trump, enfocado en el canto y la amistad; Xi, dueño de las acrobacias verbales y de la necesidad de evitar una confrontación. Se trató de una cumbre atípica de solo 36 horas. Trump no visitó Shanghái u otra ciudad china de interés. Peor aún, no consideró un encuentro con el pueblo chino, como sí lo hizo Emmanuel Macron durante su visita a China del 3 al 5 de diciembre de 2025, al ofrecer una charla a estudiantes de la Universidad de Sichuan, en la ciudad de Chengdu, donde el Presidente francés desplegó su estilo desenvuelto y su sentido del humor, virtudes ajenas a Trump y Xi. Los cinco capítulos de esta visita de Estado fueron: el rito de bienvenida en Tiananmén; las conversaciones entre los presidentes y sus gabinetes; el banquete ofrecido por el anfitrión; un recorrido por los históricos jardines de Zhongnanhai, donde reside, amurallada, la alta dirigencia china, y los dos comunicados oficiales. En las conversaciones entre los dos presidentes y sus gabinetes, el presidente Xi propuso como guía de la relación bilateral una “estabilidad estratégica constructiva”. Ambas partes intercambiaron puntos de vista sobre los retos a la seguridad internacional: la guerra en Irán y el rechazo a una potencial arma nuclear iraní, la desnuclearización de la península coreana y la cuestión de Taiwán. En este último punto, el presidente chino fue enfático y advirtió a Trump sobre el imperativo de manejar este asunto con extrema precaución, pues, de lo contrario, se pondría en riesgo la relación bilateral. Xi, en un tono profesoral, buscó convencer a su homólogo estadounidense de que la recuperación de la soberanía sobre Taiwán formaba parte integral del orden internacional surgido al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón fue derrotado y dejó de ser la potencia colonial en Taiwán. En esa época, el Partido Nacionalista de Chiang Kai-shek gobernaba China, no el Partido Comunista. Más preocupantes aún fueron las invectivas de Xi contra la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, por la supuesta aspiración neomilitarista de Tokio. El reciente aumento del presupuesto militar de Japón responde a la asertividad de la armada y la fuerza aérea chinas en aguas de Japón y Taiwán, pero también a la pérdida de confianza en el gobierno de Trump para mantener las garantías de seguridad en el Indo-Pacífico. Trump se centró más en el comercio y las inversiones. Al efecto, propuso la creación de sendos consejos de comercio e inversiones China-Estados Unidos. La mecánica de ambos consejos estaría por definirse. Según Trump, Beijing ofreció importar 17 000 millones de dólares de productos agrícolas y adquirir 200 aeronaves de pasajeros Boeing. Xi no confirmó ni negó ese ofrecimiento; solo indicó que se tomarían en cuenta las inquietudes estadounidenses. Durante el banquete ofrecido por Xi a su contraparte, Trump invitó al mandatario chino a realizar una visita de Estado a Washington el 24 de septiembre de 2026. El recorrido por los jardines de Zhongnanhai, utilizados por varias dinastías, sirvió para elevar a Xi a las alturas de los emperadores de la China antigua e impresionar a Trump. Comoquiera, el gesto del presidente chino fue de cordialidad y calculada cercanía. El histórico encuentro de febrero de 1972, cuando Richard Nixon y Mao se estrecharon la mano, tuvo lugar en la residencia del líder chino en Zhongnanhai. El 20 de abril de 1973, Mao recibió al presidente Luis Echeverría en su biblioteca personal. Más allá de la ambigüedad diplomática A bordo del avión presidencial, durante su regreso a Washington, el presidente Trump, en declaraciones a Fox News, puso en duda la venta de armamento a Taipéi, al considerarla una moneda de cambio en sus negociaciones con China. Sin embargo, durante su comparecencia ante el
China y Estados Unidos disputan el rumbo de un orden internacional fracturado Alejandro Pescador Agosto 2026 “Todo bajo el cielo se hunde en el caos; la situación es excelente.” Esta frase alude a un comentario de Mao Zedong durante la Revolución Cultural (1966-1976), cuando China parecía hundirse en el caos, una situación que, según el líder chino, podía favorecer cambios profundos en todos los ámbitos. En esa línea, el mundo ha entrado en un periodo de posdiplomacia, caracterizado por un orden internacional fracturado y un planeta cada vez más pequeño, pero conectado como nunca. Los asuntos más apremiantes, como la guerra y la paz, se abordan ya no mediante el diálogo, sino por medio de monólogos paralelos. En ocasiones, las partes firman acuerdos sin voluntad de cumplirlos; en otras, ni siquiera intentan negociar. Varios indicios parecen confirmarlo, entre ellos la visita de Estado del presidente estadounidense Donald Trump a Beijing, del 13 al 15 de mayo de 2026, donde sostuvo conversaciones con su homólogo chino Xi Jinping. La visita El ceremonial de bienvenida ofrecido por Xi a Trump en la Plaza de Tiananmén fue un mensaje de fuerza y de reconocimiento mutuo y, como tal, el fastuoso espectáculo constituyó una expresión de poder, como sucedía en la China imperial cuando los monarcas tributarios visitaban al emperador. La visita en sí fue un juego de apariencias. Los resultados fueron vagos para Washington y apenas tangibles para Beijing: la cumbre presidencial elevó a China a la categoría de superpotencia a la par de Estados Unidos, mientras la relación bilateral parecía encaminarse hacia un trayecto sin sobresaltos durante los siguientes meses. La “estabilidad estratégica constructiva” —el enunciado más repetido durante y después de la visita— cimentaba un diálogo político franco para inhibir escaladas y mantener la tregua comercial. Se celebraba un matrimonio temporal, como se practica en algunos países del Medio Oriente, pero sin firmas. Los contrastes en las actitudes y los alcances de los respectivos posicionamientos de cada presidente no pudieron ser más distintos: Trump enfatizó la relación personal amistosa y se limitó a unos tanteos tácticos; Xi, por su parte, mostró una visión más definida, más estratégica y con un horizonte de largo plazo. Sorprende la cercanía con los dos géneros de la ópera de Beijing, a saber, Wenxi o drama civil y Wuxi o drama militar: Trump, enfocado en el canto y la amistad; Xi, dueño de las acrobacias verbales y de la necesidad de evitar una confrontación. Se trató de una cumbre atípica de solo 36 horas. Trump no visitó Shanghái u otra ciudad china de interés. Peor aún, no consideró un encuentro con el pueblo chino, como sí lo hizo Emmanuel Macron durante su visita a China del 3 al 5 de diciembre de 2025, al ofrecer una charla a estudiantes de la Universidad de Sichuan, en la ciudad de Chengdu, donde el Presidente francés desplegó su estilo desenvuelto y su sentido del humor, virtudes ajenas a Trump y Xi. Los cinco capítulos de esta visita de Estado fueron: el rito de bienvenida en Tiananmén; las conversaciones entre los presidentes y sus gabinetes; el banquete ofrecido por el anfitrión; un recorrido por los históricos jardines de Zhongnanhai, donde reside, amurallada, la alta dirigencia china, y los dos comunicados oficiales. En las conversaciones entre los dos presidentes y sus gabinetes, el presidente Xi propuso como guía de la relación bilateral una “estabilidad estratégica constructiva”. Ambas partes intercambiaron puntos de vista sobre los retos a la seguridad internacional: la guerra en Irán y el rechazo a una potencial arma nuclear iraní, la desnuclearización de la península coreana y la cuestión de Taiwán. En este último punto, el presidente chino fue enfático y advirtió a Trump sobre el imperativo de manejar este asunto con extrema precaución, pues, de lo contrario, se pondría en riesgo la relación bilateral. Xi, en un tono profesoral, buscó convencer a su homólogo estadounidense de que la recuperación de la soberanía sobre Taiwán formaba parte integral del orden internacional surgido al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón fue derrotado y dejó de ser la potencia colonial en Taiwán. En esa época, el Partido Nacionalista de Chiang Kai-shek gobernaba China, no el Partido Comunista. Más preocupantes aún fueron las invectivas de Xi contra la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, por la supuesta aspiración neomilitarista de Tokio. El reciente aumento del presupuesto militar de Japón responde a la asertividad de la armada y la fuerza aérea chinas en aguas de Japón y Taiwán, pero también a la pérdida de confianza en el gobierno de Trump para mantener las garantías de seguridad en el Indo-Pacífico. Trump se centró más en el comercio y las inversiones. Al efecto, propuso la creación de sendos consejos de comercio e inversiones China-Estados Unidos. La mecánica de ambos consejos estaría por definirse. Según Trump, Beijing ofreció importar 17 000 millones de dólares de productos agrícolas y adquirir 200 aeronaves de pasajeros Boeing. Xi no confirmó ni negó ese ofrecimiento; solo indicó que se tomarían en cuenta las inquietudes estadounidenses. Durante el banquete ofrecido por Xi a su contraparte, Trump invitó al mandatario chino a realizar una visita de Estado a Washington el 24 de septiembre de 2026. El recorrido por los jardines de Zhongnanhai, utilizados por varias dinastías, sirvió para elevar a Xi a las alturas de los emperadores de la China antigua e impresionar a Trump. Comoquiera, el gesto del presidente chino fue de cordialidad y calculada cercanía. El histórico encuentro de febrero de 1972, cuando Richard Nixon y Mao se estrecharon la mano, tuvo lugar en la residencia del líder chino en Zhongnanhai. El 20 de abril de 1973, Mao recibió al presidente Luis Echeverría en su biblioteca personal. Más allá de la ambigüedad diplomática A bordo del avión presidencial, durante su regreso a Washington, el presidente Trump, en declaraciones a Fox News, puso en duda la venta de armamento a Taipéi, al considerarla una moneda de cambio en sus negociaciones con China. Sin embargo, durante su comparecencia ante el Read More
