Eurovisión 2026: otro campo de batalla para Israel y Ucrania

Stéphan Sberro Abril 2026 En 2026, las guerras lo atraviesan todo, desde los Óscar en Hollywood hasta los torneos de futbol. El intento fallido de excluir a Israel del Festival de la Canción de Eurovisión en diciembre de 2025 desplazó la atención hacia el propio concurso. Habitualmente, el debate sobre este gran evento de la cultura popular europea y mundial —con alrededor de 160 millones de espectadores— comienza en abril. Desde 1956, ha sido una competición festiva, aunque no exenta de polémicas y tensiones, tanto artísticas como políticas. Sin embargo, desde hace un lustro, las consideraciones artísticas han quedado opacadas por debates cada vez más amargos y manifestaciones de creciente intensidad. Sin duda, 2026 podría ser el más conflictivo de esta tendencia, ya que varios países participantes intentaron trasladar al concurso las tensiones internacionales, promoviendo la expulsión de Israel en el contexto del conflicto en la Franja de Gaza. Dado que cerca de 80% de los miembros —las emisoras públicas— descartó abrir el debate, no se sometió la propuesta a votación, e Israel mantuvo su participación. La fractura del consenso europeo Como resultado, cinco países se retiraron del concurso en señal de protesta: España —líder de la iniciativa—, Eslovenia, Irlanda, Islandia y Países Bajos. El malestar y las rivalidades en torno a Eurovisión reflejan los problemas profundos que atraviesa un continente que debe contener conflictos en su periferia inmediata: Gaza, Irán, Líbano y Ucrania, sin mencionar los sobresaltos en el Cáucaso. A partir de 2020, Europa y el mundo entraron en una serie de crisis sin precedentes recientes, que el concurso reflejó de manera evidente. Cancelado por la pandemia de covid-19 en 2020, Eurovisión regresó en 2021 en Rotterdam. Lo ganó Italia, y el festival siguiente se celebró en el país vencedor, en mayo de 2022, como dicta la tradición. Sin embargo, el retorno a la normalidad fue breve. Ucrania ganó la edición siguiente, pero no pudo ser anfitriona en 2023, ya que se encontraba en guerra tras la invasión rusa. A falta de Kiev como anfitrión, el concurso se trasladó a Londres. La victoria de Suecia resultó conveniente: un país tranquilo y pacífico, una democracia transparente con una emisora pública independiente del poder político, parecía capaz de devolver el certamen a su cauce habitual. Sin embargo, la guerra en Gaza, tras los ataques del 7 de octubre de 2023, frustró estas expectativas. Las movilizaciones sin precedentes contra Israel provocaron disturbios tanto dentro como fuera de la sede del concurso. Tampoco la victoria de la neutral Suiza logró apaciguar los ánimos al año siguiente. Aun así, Israel no solo se mantuvo en la competición, sino que obtuvo excelentes resultados. Austria ganó la edición siguiente, convirtiéndose en el tercer país “neutral” en imponerse sin lograr contrarrestar la politización del certamen. Por el contrario, esta politización ya no se limitaba a manifestantes, comentaristas o incluso algunos concursantes, sino que era también enarbolada por ciertos países participantes que pedían la expulsión de Israel. Con el argumento de rechazar la politización, estos países están convirtiendo la edición de 2026 en la más politizada de la historia. La Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del concurso, con el apoyo de los demás países participantes, ha defendido la participación de Israel. Las posiciones más firmes a favor de su continuidad han sido asumidas por el país anfitrión, Austria, respaldado por Suiza, así como por los cuatro principales países del continente: Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido. Eurovisión como espejo de las guerras contemporáneas En esta disputa política, se ha perdido de vista lo esencial: se trata de un concurso de canciones entre artistas seleccionados por canales públicos de televisión, no de una competición entre gobiernos. Los cinco países que reclamaban la expulsión de Israel se apoyan en los precedentes de la exclusión de Bielorrusia en 2021 y de Rusia en 2022. Ambos países fueron expulsados por tratarse de regímenes autoritarios, y porque sus emisoras públicas no cumplían no solo con principios éticos, sino tampoco con las normas básicas de la organización, en particular la exigencia de independencia respecto del poder político. Como ocurre en cualquier régimen autoritario, los medios de comunicación bielorrusos y rusos funcionan como cajas de resonancia del poder estatal. Los estatutos y el funcionamiento del canal israelí Kan son distintos. Como en todas las democracias, Kan es un medio público pero independiente de los gobiernos de turno, elegidos democráticamente. De hecho, el actual gobierno de Benjamín Netanyahu lo considera hostil, y ya ha impulsado varios intentos de limitar o cerrar su actividad. La membresía en la UER y la participación en Eurovisión son algunos de los argumentos que sus defensores esgrimen para garantizar su supervivencia y su independencia. Es evidente que tanto los medios de comunicación como los gobiernos tienden a respaldar la canción que los representa y a promover el voto a su favor. Hay incluso numerosos estudios académicos dedicados a analizar los sesgos en las votaciones, ya sea por afinidades geográficas y culturales o por medio de las diásporas. De igual manera, no es exclusivo de Israel que los buenos resultados del concurso puedan beneficiar la imagen del país y del gobierno de turno. Es evidente que tanto los medios de comunicación como los gobiernos tienden a respaldar la canción que los representa y a promover el voto a su favor. Las alegaciones veladas de una supuesta preferencia abusiva del público hacia ciertos países —en particular Israel y Ucrania— formuladas en algunos foros, nunca pudieron ser comprobadas por la UER. En un intento por reducir las distorsiones y apaciguar a los cinco canales descontentos tras años de resultados mediocres en el concurso, la UER introdujo algunos cambios en el reglamento. Se redujo el peso del voto del público en favor del voto de jurados de expertos nacionales. Sin embargo, resulta difícil sostener que estos expertos en “gustos musicales”, seleccionados de forma opaca y con intereses económicos y políticos no menos evidentes que los del público general, sean menos susceptibles a sesgos. Estos cambios llevaron a que, para la gran

​Stéphan Sberro Abril 2026 En 2026, las guerras lo atraviesan todo, desde los Óscar en Hollywood hasta los torneos de futbol. El intento fallido de excluir a Israel del Festival de la Canción de Eurovisión en diciembre de 2025 desplazó la atención hacia el propio concurso. Habitualmente, el debate sobre este gran evento de la cultura popular europea y mundial —con alrededor de 160 millones de espectadores— comienza en abril. Desde 1956, ha sido una competición festiva, aunque no exenta de polémicas y tensiones, tanto artísticas como políticas. Sin embargo, desde hace un lustro, las consideraciones artísticas han quedado opacadas por debates cada vez más amargos y manifestaciones de creciente intensidad. Sin duda, 2026 podría ser el más conflictivo de esta tendencia, ya que varios países participantes intentaron trasladar al concurso las tensiones internacionales, promoviendo la expulsión de Israel en el contexto del conflicto en la Franja de Gaza. Dado que cerca de 80% de los miembros —las emisoras públicas— descartó abrir el debate, no se sometió la propuesta a votación, e Israel mantuvo su participación. La fractura del consenso europeo Como resultado, cinco países se retiraron del concurso en señal de protesta: España —líder de la iniciativa—, Eslovenia, Irlanda, Islandia y Países Bajos. El malestar y las rivalidades en torno a Eurovisión reflejan los problemas profundos que atraviesa un continente que debe contener conflictos en su periferia inmediata: Gaza, Irán, Líbano y Ucrania, sin mencionar los sobresaltos en el Cáucaso. A partir de 2020, Europa y el mundo entraron en una serie de crisis sin precedentes recientes, que el concurso reflejó de manera evidente. Cancelado por la pandemia de covid-19 en 2020, Eurovisión regresó en 2021 en Rotterdam. Lo ganó Italia, y el festival siguiente se celebró en el país vencedor, en mayo de 2022, como dicta la tradición. Sin embargo, el retorno a la normalidad fue breve. Ucrania ganó la edición siguiente, pero no pudo ser anfitriona en 2023, ya que se encontraba en guerra tras la invasión rusa. A falta de Kiev como anfitrión, el concurso se trasladó a Londres. La victoria de Suecia resultó conveniente: un país tranquilo y pacífico, una democracia transparente con una emisora pública independiente del poder político, parecía capaz de devolver el certamen a su cauce habitual. Sin embargo, la guerra en Gaza, tras los ataques del 7 de octubre de 2023, frustró estas expectativas. Las movilizaciones sin precedentes contra Israel provocaron disturbios tanto dentro como fuera de la sede del concurso. Tampoco la victoria de la neutral Suiza logró apaciguar los ánimos al año siguiente. Aun así, Israel no solo se mantuvo en la competición, sino que obtuvo excelentes resultados. Austria ganó la edición siguiente, convirtiéndose en el tercer país “neutral” en imponerse sin lograr contrarrestar la politización del certamen. Por el contrario, esta politización ya no se limitaba a manifestantes, comentaristas o incluso algunos concursantes, sino que era también enarbolada por ciertos países participantes que pedían la expulsión de Israel. Con el argumento de rechazar la politización, estos países están convirtiendo la edición de 2026 en la más politizada de la historia. La Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del concurso, con el apoyo de los demás países participantes, ha defendido la participación de Israel. Las posiciones más firmes a favor de su continuidad han sido asumidas por el país anfitrión, Austria, respaldado por Suiza, así como por los cuatro principales países del continente: Alemania, Francia, Italia y el Reino Unido. Eurovisión como espejo de las guerras contemporáneas En esta disputa política, se ha perdido de vista lo esencial: se trata de un concurso de canciones entre artistas seleccionados por canales públicos de televisión, no de una competición entre gobiernos. Los cinco países que reclamaban la expulsión de Israel se apoyan en los precedentes de la exclusión de Bielorrusia en 2021 y de Rusia en 2022. Ambos países fueron expulsados por tratarse de regímenes autoritarios, y porque sus emisoras públicas no cumplían no solo con principios éticos, sino tampoco con las normas básicas de la organización, en particular la exigencia de independencia respecto del poder político. Como ocurre en cualquier régimen autoritario, los medios de comunicación bielorrusos y rusos funcionan como cajas de resonancia del poder estatal. Los estatutos y el funcionamiento del canal israelí Kan son distintos. Como en todas las democracias, Kan es un medio público pero independiente de los gobiernos de turno, elegidos democráticamente. De hecho, el actual gobierno de Benjamín Netanyahu lo considera hostil, y ya ha impulsado varios intentos de limitar o cerrar su actividad. La membresía en la UER y la participación en Eurovisión son algunos de los argumentos que sus defensores esgrimen para garantizar su supervivencia y su independencia. Es evidente que tanto los medios de comunicación como los gobiernos tienden a respaldar la canción que los representa y a promover el voto a su favor. Hay incluso numerosos estudios académicos dedicados a analizar los sesgos en las votaciones, ya sea por afinidades geográficas y culturales o por medio de las diásporas. De igual manera, no es exclusivo de Israel que los buenos resultados del concurso puedan beneficiar la imagen del país y del gobierno de turno. Es evidente que tanto los medios de comunicación como los gobiernos tienden a respaldar la canción que los representa y a promover el voto a su favor. Las alegaciones veladas de una supuesta preferencia abusiva del público hacia ciertos países —en particular Israel y Ucrania— formuladas en algunos foros, nunca pudieron ser comprobadas por la UER. En un intento por reducir las distorsiones y apaciguar a los cinco canales descontentos tras años de resultados mediocres en el concurso, la UER introdujo algunos cambios en el reglamento. Se redujo el peso del voto del público en favor del voto de jurados de expertos nacionales. Sin embargo, resulta difícil sostener que estos expertos en “gustos musicales”, seleccionados de forma opaca y con intereses económicos y políticos no menos evidentes que los del público general, sean menos susceptibles a sesgos. Estos cambios llevaron a que, para la gran Read More

Full text for top nursing and allied health literature.

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