La biblioteca personal que solemos tener es, en buena parte, la historia de nuestros intereses intelectuales, de aquello que tenemos en mente, de nuestros proyectos académicos o simplemente ilusiones de lo que uno quisiera saber o escribir. También en algunos libros se pueden reconocer historias de amistad o la recomendación de algún colega. En ocasiones, ¿por qué no decirlo?, se cuelan en ella libros cuyo único valor fue su sugestiva portada.
Algo análogo a lo que sucede con los libros y las bibliotecas, me sucedió al leer el libro del profesor Javier Prado Galán, y no tanto porque en sus páginas encontrara m1 historia personal sino, hasta donde puedo alcanzar a percibir, una importante parte de la trayectoria intelectual de su autor.
La biblioteca personal que solemos tener es, en buena parte, la historia de nuestros intereses intelectuales, de aquello que tenemos en mente, de nuestros proyectos académicos o simplemente ilusiones de lo que uno quisiera saber o escribir. También en algunos libros se pueden reconocer historias de amistad o la recomendación de algún colega. En ocasiones, ¿por qué no decirlo?, se cuelan en ella libros cuyo único valor fue su sugestiva portada.Algo análogo a lo que sucede con los libros y las bibliotecas, me sucedió al leer el libro del profesor Javier Prado Galán, y no tanto porque en sus páginas encontrara m1 historia personal sino, hasta donde puedo alcanzar a percibir, una importante parte de la trayectoria intelectual de su autor. Read More
