La interacción entre securitización y desinformación configura lo que puede conceptualizarse como una geopolítica del miedo, donde cualquier situación percibida como amenaza se interpreta como un asunto de seguridad nacional o internacional, y la percepción se transforma en un recurso de poder que condiciona decisiones, alianzas y dinámicas de gobernanza global. Acontecimientos recientes, como la pandemia de COVID-19, evidenciaron cómo el miedo puede ser instrumentalizado para generar cohesión o fragmentación social. Durante este período, la difusión masiva de rumores, teorías conspirativas y discursos polarizantes amplificó la incertidumbre pública y debilitó la confianza en la ciencia y en las instituciones. De esta manera, la desinformación no solo es un fenómeno comunicativo, sino también una forma de poder blando (soft power) capaz de incidir en la toma de decisiones colectivas y en procesos de securitización de la política. El artículo tiene como objetivo ilustrar esta dinámica con el segundo mandato de Donald Trump caracterizado por un enfoque populista, unilateral y transaccional. En este marco, las redes sociales y la desinformación se consolidan como instrumentos estratégicos para la proyección de poder, la presión internacional y la configuración de agendas políticas.
La interacción entre securitización y desinformación configura lo que puede conceptualizarse como una geopolítica del miedo, donde cualquier situación percibida como amenaza se interpreta como un asunto de seguridad nacional o internacional, y la percepción se transforma en un recurso de poder que condiciona decisiones, alianzas y dinámicas de gobernanza global. Acontecimientos recientes, como la pandemia de COVID-19, evidenciaron cómo el miedo puede ser instrumentalizado para generar cohesión o fragmentación social. Durante este período, la difusión masiva de rumores, teorías conspirativas y discursos polarizantes amplificó la incertidumbre pública y debilitó la confianza en la ciencia y en las instituciones. De esta manera, la desinformación no solo es un fenómeno comunicativo, sino también una forma de poder blando (soft power) capaz de incidir en la toma de decisiones colectivas y en procesos de securitización de la política. El artículo tiene como objetivo ilustrar esta dinámica con el segundo mandato de Donald Trump caracterizado por un enfoque populista, unilateral y transaccional. En este marco, las redes sociales y la desinformación se consolidan como instrumentos estratégicos para la proyección de poder, la presión internacional y la configuración de agendas políticas.
