El tema de la animalidad y del animal en general ha sido una metáfora recurrente en el pensamiento filosófico moderno, aunque su utilización, como se sabe, puede remontarse a los orígenes de todo pensamiento. Pareciera que la figura del animal es una suerte de piedra de toque para suponer, inferir, referir y expresar cualquier universo que vaya más allá de los lenguajes “convencionales” en el campo de ciencias sociales y humanidades. Ir más allá no hace sino empujarnos hacia un problema crucial de cualquier reflexión fundante, es decir, nos obliga a trabajar a partir de y a través de los límites de las categorías que usamos para significar el mundo y particularmente aquellos mundos donde la animalidad es, a un tiempo, afuera y adentro constitutivo de lo humano y no pura exterioridad.
El tema de la animalidad y del animal en general ha sido una metáfora recurrente en el pensamiento filosófico moderno, aunque su utilización, como se sabe, puede remontarse a los orígenes de todo pensamiento. Pareciera que la figura del animal es una suerte de piedra de toque para suponer, inferir, referir y expresar cualquier universo que vaya más allá de los lenguajes “convencionales” en el campo de ciencias sociales y humanidades. Ir más allá no hace sino empujarnos hacia un problema crucial de cualquier reflexión fundante, es decir, nos obliga a trabajar a partir de y a través de los límites de las categorías que usamos para significar el mundo y particularmente aquellos mundos donde la animalidad es, a un tiempo, afuera y adentro constitutivo de lo humano y no pura exterioridad. Read More
