Fenómenos recientes de movilización de recursos simbólicos como los “indignados” en España, el “Ocupa Wall Street” en Estados Unidos o el “#Yo soy 132” en México son cabotajes de un tiempo que se ha vuelto crítico y contestatario no a causa del llamado al “fanatismo de la acción” sino precisamente por su reverso que se despliega como un agudo alejamiento de su matriz de historicidad. Son un conjunto de situaciones poco identificables con las coordenadas tradicionales de reproducción de la política y que ya no son operables a través de la lógica de lo político que tenía lugar en el universo creciente de su autonomía, que devino regla en modo progresivo a lo largo de las tres últimas décadas.
Fenómenos recientes de movilización de recursos simbólicos como los “indignados” en España, el “Ocupa Wall Street” en Estados Unidos o el “#Yo soy 132” en México son cabotajes de un tiempo que se ha vuelto crítico y contestatario no a causa del llamado al “fanatismo de la acción” sino precisamente por su reverso que se despliega como un agudo alejamiento de su matriz de historicidad. Son un conjunto de situaciones poco identificables con las coordenadas tradicionales de reproducción de la política y que ya no son operables a través de la lógica de lo político que tenía lugar en el universo creciente de su autonomía, que devino regla en modo progresivo a lo largo de las tres últimas décadas. Read More
