Juventudes y construcción de paz en Latinoamérica Lani Anaya Jiménez Agosto 2026 Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi En la actualidad, el multilateralismo atraviesa una etapa de incertidumbre marcada por la fragmentación geopolítica, la polarización, el aislamiento asociado con los nacionalismos, las desigualdades y los desequilibrios de poder no resueltos, la reducción de los recursos destinados a la cooperación internacional, el aumento de la militarización y la securitización, y la creciente dificultad para construir consensos internacionales. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha caracterizado este momento como una transición de un orden basado en reglas hacia otro cada vez más determinado por las relaciones de poder, en el que la rivalidad estratégica, la erosión de las instituciones multilaterales y la competencia geoeconómica están redefiniendo los márgenes de acción de los Estados y de los organismos internacionales. Dicha coyuntura invita a replantear quiénes participan en la gobernanza global y desde qué perspectivas se definen problemas fundamentales como la paz y la seguridad. En este escenario, las juventudes deben ser reconocidas como actores clave, tanto del presente como del futuro, en la construcción de respuestas multilaterales a estos desafíos cada vez más complejos. Tradicionalmente, los marcos multilaterales de paz y seguridad se han centrado en los Estados-nación y en los conflictos armados convencionales. Latinoamérica plantea un desafío importante a esta visión. Como señalan diversos estudios sobre la región, las dinámicas de violencia latinoamericanas no encajan plenamente en las categorías clásicas de guerra o conflicto armado, sino que se manifiestan mediante fenómenos como el crimen organizado, la violencia policial, los desplazamientos internos, el cierre del espacio cívico, la degradación ambiental y la exclusión estructural de grupos demográficos específicos. Al mismo tiempo, la región cuenta con activos políticos relevantes para la construcción de paz, entre ellos una tradición histórica de resolución pacífica de controversias, su condición de zona libre de armas nucleares y una amplia experiencia en diplomacia multilateral y cooperación regional. Juventudes ante las diversas formas de violencia Los retos relacionados con las distintas manifestaciones de la violencia son particularmente relevantes para una región que alberga aproximadamente 160 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años. Según la CEPAL y diversos estudios regionales acerca de la agenda sobre juventud, paz y seguridad, las personas jóvenes enfrentan formas simultáneas de violencia asociadas con desigualdades económicas, discriminación de género, exclusión política, racismo, “juvenicidios”, deterioro ambiental y restricción de los espacios cívicos. Incluso existen conceptos desarrollados desde Latinoamérica. El primero es el “adultocentrismo”, entendido como un sistema de poder que limita la capacidad de decisión de las juventudes en la vida pública. El segundo es el juvenicidio, que permite comprender la violencia sistemática ejercida contra determinados grupos de jóvenes mediante la acción directa de actores armados, instituciones estatales o condiciones estructurales que ponen en riesgo sus vidas. Así, es necesario que la región reflexione y replantee las nociones tradicionales de paz y seguridad. Desde la perspectiva de Johan Galtung, la paz no puede reducirse a la ausencia de violencia directa. La denominada paz positiva implica transformar las condiciones estructurales que producen desigualdad, exclusión e injusticia. Desde esta óptica, los desafíos de seguridad en Latinoamérica no se resolverán solo mediante respuestas coercitivas, sino por medio de políticas públicas y programas capaces de generar inclusión, bienestar, derechos y oportunidades para amplios sectores de la población joven. Fortalecer la agenda sobre juventud, paz y seguridad puede convertirse en una oportunidad concreta para revitalizar el multilateralismo en la región. Es en esta trama donde adquiere relevancia la agenda sobre juventud, paz y seguridad, impulsada por las Resoluciones 2250, 2419, 2535 y 2807 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 2015. La primera resolución en esta materia, la 2250, representó un cambio paradigmático al reconocer a las juventudes como agentes positivos en la prevención de conflictos, la mediación, la construcción de cohesión social y el sostenimiento de la paz. Desafortunadamente, la apropiación de esta agenda en Latinoamérica ha sido menos priorizada en comparación con otras regiones del mundo, como África, donde se han desarrollado marcos continentales y múltiples Planes de Acción Nacional, inspirados en los de la agenda sobre mujeres, paz y seguridad, o Europa, donde varios países, como Finlandia, han incorporado la agenda sobre juventud en un plan cuyos enfoques abarcan tanto la política interna como la exterior. En Latinoamérica, muchos de los avances en materia de juventud, paz y seguridad han dependido sobre todo de organizaciones juveniles, redes de la sociedad civil y algunas agencias de la ONU. Colombia ha sido el único país en publicar un Plan de Acción Nacional plenamente centrado en la juventud, aunque su implementación dependerá, en gran medida, de la voluntad política del nuevo gobierno. Las juventudes latinoamericanas viven una paradoja: esta cohorte demográfica constituye simultáneamente uno de los grupos más afectados por la violencia y uno de los menos representados en la toma de decisiones relacionadas con la paz y la seguridad. Como resultado, muchas políticas continúan reproduciendo una visión de las juventudes como meras beneficiarias o como potenciales riesgos que deben resolverse o prevenirse, en lugar de reconocerlas como socias legítimas en la formulación de soluciones. Las juventudes ya construyen paz La evidencia regional muestra, sin embargo, que las juventudes ya están construyendo paz desde sus territorios. Investigaciones recientes desarrolladas por organizaciones juveniles en Colombia, El Salvador, Honduras y México demuestran que la construcción de paz ocurre cotidianamente mediante procesos comunitarios de cuidado, mediación, defensa de los derechos humanos, memoria histórica, promoción cultural y protección ambiental. Estas experiencias dialogan con los planteamientos de académicos como Roger Mac Ginty y Helen Berents sobre la paz cotidiana (everyday peace), entendida como el conjunto de prácticas locales que permiten sostener la convivencia y reducir la violencia incluso en contextos adversos. En El Salvador, la coalición nacional sobre juventud, paz y seguridad ha desarrollado agendas locales impulsadas por jóvenes para fortalecer la cohesión comunitaria. Recientemente, en San Pedro Sula, Honduras, se promovió el lanzamiento de un plan de acción local y su correspondiente
Juventudes y construcción de paz en Latinoamérica Lani Anaya Jiménez Agosto 2026 Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi En la actualidad, el multilateralismo atraviesa una etapa de incertidumbre marcada por la fragmentación geopolítica, la polarización, el aislamiento asociado con los nacionalismos, las desigualdades y los desequilibrios de poder no resueltos, la reducción de los recursos destinados a la cooperación internacional, el aumento de la militarización y la securitización, y la creciente dificultad para construir consensos internacionales. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha caracterizado este momento como una transición de un orden basado en reglas hacia otro cada vez más determinado por las relaciones de poder, en el que la rivalidad estratégica, la erosión de las instituciones multilaterales y la competencia geoeconómica están redefiniendo los márgenes de acción de los Estados y de los organismos internacionales. Dicha coyuntura invita a replantear quiénes participan en la gobernanza global y desde qué perspectivas se definen problemas fundamentales como la paz y la seguridad. En este escenario, las juventudes deben ser reconocidas como actores clave, tanto del presente como del futuro, en la construcción de respuestas multilaterales a estos desafíos cada vez más complejos. Tradicionalmente, los marcos multilaterales de paz y seguridad se han centrado en los Estados-nación y en los conflictos armados convencionales. Latinoamérica plantea un desafío importante a esta visión. Como señalan diversos estudios sobre la región, las dinámicas de violencia latinoamericanas no encajan plenamente en las categorías clásicas de guerra o conflicto armado, sino que se manifiestan mediante fenómenos como el crimen organizado, la violencia policial, los desplazamientos internos, el cierre del espacio cívico, la degradación ambiental y la exclusión estructural de grupos demográficos específicos. Al mismo tiempo, la región cuenta con activos políticos relevantes para la construcción de paz, entre ellos una tradición histórica de resolución pacífica de controversias, su condición de zona libre de armas nucleares y una amplia experiencia en diplomacia multilateral y cooperación regional. Juventudes ante las diversas formas de violencia Los retos relacionados con las distintas manifestaciones de la violencia son particularmente relevantes para una región que alberga aproximadamente 160 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años. Según la CEPAL y diversos estudios regionales acerca de la agenda sobre juventud, paz y seguridad, las personas jóvenes enfrentan formas simultáneas de violencia asociadas con desigualdades económicas, discriminación de género, exclusión política, racismo, “juvenicidios”, deterioro ambiental y restricción de los espacios cívicos. Incluso existen conceptos desarrollados desde Latinoamérica. El primero es el “adultocentrismo”, entendido como un sistema de poder que limita la capacidad de decisión de las juventudes en la vida pública. El segundo es el juvenicidio, que permite comprender la violencia sistemática ejercida contra determinados grupos de jóvenes mediante la acción directa de actores armados, instituciones estatales o condiciones estructurales que ponen en riesgo sus vidas. Así, es necesario que la región reflexione y replantee las nociones tradicionales de paz y seguridad. Desde la perspectiva de Johan Galtung, la paz no puede reducirse a la ausencia de violencia directa. La denominada paz positiva implica transformar las condiciones estructurales que producen desigualdad, exclusión e injusticia. Desde esta óptica, los desafíos de seguridad en Latinoamérica no se resolverán solo mediante respuestas coercitivas, sino por medio de políticas públicas y programas capaces de generar inclusión, bienestar, derechos y oportunidades para amplios sectores de la población joven. Fortalecer la agenda sobre juventud, paz y seguridad puede convertirse en una oportunidad concreta para revitalizar el multilateralismo en la región. Es en esta trama donde adquiere relevancia la agenda sobre juventud, paz y seguridad, impulsada por las Resoluciones 2250, 2419, 2535 y 2807 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 2015. La primera resolución en esta materia, la 2250, representó un cambio paradigmático al reconocer a las juventudes como agentes positivos en la prevención de conflictos, la mediación, la construcción de cohesión social y el sostenimiento de la paz. Desafortunadamente, la apropiación de esta agenda en Latinoamérica ha sido menos priorizada en comparación con otras regiones del mundo, como África, donde se han desarrollado marcos continentales y múltiples Planes de Acción Nacional, inspirados en los de la agenda sobre mujeres, paz y seguridad, o Europa, donde varios países, como Finlandia, han incorporado la agenda sobre juventud en un plan cuyos enfoques abarcan tanto la política interna como la exterior. En Latinoamérica, muchos de los avances en materia de juventud, paz y seguridad han dependido sobre todo de organizaciones juveniles, redes de la sociedad civil y algunas agencias de la ONU. Colombia ha sido el único país en publicar un Plan de Acción Nacional plenamente centrado en la juventud, aunque su implementación dependerá, en gran medida, de la voluntad política del nuevo gobierno. Las juventudes latinoamericanas viven una paradoja: esta cohorte demográfica constituye simultáneamente uno de los grupos más afectados por la violencia y uno de los menos representados en la toma de decisiones relacionadas con la paz y la seguridad. Como resultado, muchas políticas continúan reproduciendo una visión de las juventudes como meras beneficiarias o como potenciales riesgos que deben resolverse o prevenirse, en lugar de reconocerlas como socias legítimas en la formulación de soluciones. Las juventudes ya construyen paz La evidencia regional muestra, sin embargo, que las juventudes ya están construyendo paz desde sus territorios. Investigaciones recientes desarrolladas por organizaciones juveniles en Colombia, El Salvador, Honduras y México demuestran que la construcción de paz ocurre cotidianamente mediante procesos comunitarios de cuidado, mediación, defensa de los derechos humanos, memoria histórica, promoción cultural y protección ambiental. Estas experiencias dialogan con los planteamientos de académicos como Roger Mac Ginty y Helen Berents sobre la paz cotidiana (everyday peace), entendida como el conjunto de prácticas locales que permiten sostener la convivencia y reducir la violencia incluso en contextos adversos. En El Salvador, la coalición nacional sobre juventud, paz y seguridad ha desarrollado agendas locales impulsadas por jóvenes para fortalecer la cohesión comunitaria. Recientemente, en San Pedro Sula, Honduras, se promovió el lanzamiento de un plan de acción local y su correspondiente Read More
