Hacia la revisión del T-MEC Alberto Moreno Carmona Mayo 2026 Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi Los tres países de Norteamérica se encaminan a un proceso de revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), a apenas 6 años de su entrada en vigor. Tras una década compleja —marcada por la renegociación durante el primer mandato de Donald Trump y agravada por las amenazas arancelarias en su segundo periodo de gobierno—, el acuerdo trilateral ha mostrado una evolución accidentada. Aun así, el sector privado ha continuado fortaleciendo los lazos de intercambio, pese a la ausencia de políticas de promoción plenamente articuladas. Hoy, el T-MEC y el libre comercio parecen estar en riesgo ante el resurgimiento del proteccionismo. El rechazo ideológico a la integración económica no siempre responde a las condiciones que sostienen la competitividad regional a nivel mundial. No obstante, el desplazamiento de la mano de obra industrial en Estados Unidos, asociado a la liberalización comercial de la década de 1990, continúa siendo uno de los temas críticos en su agenda nacional. La revisión del T-MEC dista de ser un proceso meramente técnico y pone en evidencia su carácter como principal instrumento de la política comercial regional, aunque limitado por la falta de promoción y de políticas económicas complementarias que lo respalden. Hoy, el proteccionismo convive con la política industrial en un intento por reconstruir cierto control estatal sobre la economía de mercado. Sin embargo, la ausencia de una articulación política y comercial efectiva en Norteamérica se traduce en capacidades insuficientes para competir como bloque frente a otras regiones que sí cuentan con esos elementos. Revisión del T-MEC: evaluación de la integración de Norteamérica México podría perfilarse como el principal afectado ante un eventual rompimiento del T-MEC, al tratarse de la economía más pequeña de la región y la menos diversificada entre los tres socios. Sin embargo, su papel ha ganado relevancia en los últimos años, al consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos, en parte como consecuencia de la guerra comercial con China. De acuerdo con los Pre-Criterios Generales de Política Económica de la Secretaría de Hacienda, para 2026 las exportaciones de bienes hacia Estados Unidos en el marco del acuerdo comercial pasaron de representar alrededor de 50% a cerca de 80% del comercio total. La economía de Estados Unidos continúa dependiendo de las cadenas de suministro mundiales, pese a los esfuerzos del gobierno de Trump por “Hacer a Estados Unidos grande otra vez”. El principal bastión del proteccionismo comercial sigue requiriendo insumos y procesos en el extranjero, y los costos de una relocalización tienden a trasladarse a su propia economía. La revisión del T-MEC dista de ser un proceso meramente técnico y pone en evidencia su carácter como principal instrumento de la política comercial regional. Por su parte, Canadá se ha alejado de una lógica de conciliación con Estados Unidos y ha optado por una estrategia de mayor proyección internacional, centrada en la diversificación de mercados para reducir su dependencia bilateral. Bajo la premisa de que Washington ha dejado de ser un socio plenamente confiable, el liderazgo canadiense ha adoptado una posición más reactiva y menos flexible frente a la continuidad del T-MEC en sus términos actuales, especialmente ante la persistente amenaza de aranceles con criterios discrecionales. En este contexto, otros socios, como la Unión Europea y las economías de Asia Oriental, influyen en el rumbo de la integración norteamericana. No obstante, el actor extrarregional más relevante para el mercado sigue siendo China, que, mediante la expansión de su presencia comercial y financiera, busca consolidar su posición en los tres mercados de Norteamérica. El fantasma de los aranceles Durante la presentación del Paquete Económico 2026, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público incluyó modificaciones a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación en 1463 fracciones arancelarias aplicables a países sin tratado comercial con México. Aunque no se señaló de manera explícita, la medida impactaba directamente a China y reflejaba un alineamiento con una política comercial orientada al regionalismo, que busca privilegiar a los socios con los que ya hay cadenas de suministro consolidadas. Sin embargo, China no fue el único país afectado. Corea del Sur también resultó impactada, pese a ser el segundo socio comercial de México sin un tratado de libre comercio. En ambos casos, el elevado nivel de intercambio abre oportunidades para fortalecer las cadenas de suministro, pero también plantea riesgos en materia de competencia, particularmente para el sector más relevante dentro del T-MEC: la industria automotriz, tanto de vehículos ligeros como pesados. De acuerdo con la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones, el sector automotriz representa 4.7% del PIB de México y es el principal receptor de inversión extranjera directa. Estas cifras evidencian, por un lado, que la articulación de mercados ha sido impulsada en gran medida por el sector privado, aprovechando ventajas comparativas, y, por el otro, la creciente necesidad de políticas que encaucen la continuidad de los mercados a nivel trilateral. En este contexto, México busca proteger y fortalecer su capacidad productiva en coordinación con los mercados estadounidense y canadiense. Las medidas adoptadas han buscado reducir distorsiones en precios para competir en condiciones más equitativas. La imposición de aranceles refleja una inclinación proteccionista que pretende sentar las bases para una competencia más sólida, con el sector automotriz como un laboratorio de políticas industriales que expone las dinámicas regulatorias y de mercado subyacentes. Aun así, factores estructurales como el acceso al financiamiento para la innovación tecnológica, marcos regulatorios más simples, disponibilidad suficiente de energía y condiciones efectivas de Estado de derecho siguen siendo determinantes para la competitividad. En última instancia, la eficacia de las políticas industriales dependerá de su articulación a nivel trilateral, como vía para elevar la productividad y la competitividad de la región. El renacimiento de la política industrial y el ascenso de China Con el Consenso de Washington como respuesta a la crisis de la llamada “década perdida”, el estatismo económico dejó de ocupar el centro de la política económica
Hacia la revisión del T-MEC Alberto Moreno Carmona Mayo 2026 Una colaboración del Programa de Jóvenes del Comexi Los tres países de Norteamérica se encaminan a un proceso de revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), a apenas 6 años de su entrada en vigor. Tras una década compleja —marcada por la renegociación durante el primer mandato de Donald Trump y agravada por las amenazas arancelarias en su segundo periodo de gobierno—, el acuerdo trilateral ha mostrado una evolución accidentada. Aun así, el sector privado ha continuado fortaleciendo los lazos de intercambio, pese a la ausencia de políticas de promoción plenamente articuladas. Hoy, el T-MEC y el libre comercio parecen estar en riesgo ante el resurgimiento del proteccionismo. El rechazo ideológico a la integración económica no siempre responde a las condiciones que sostienen la competitividad regional a nivel mundial. No obstante, el desplazamiento de la mano de obra industrial en Estados Unidos, asociado a la liberalización comercial de la década de 1990, continúa siendo uno de los temas críticos en su agenda nacional. La revisión del T-MEC dista de ser un proceso meramente técnico y pone en evidencia su carácter como principal instrumento de la política comercial regional, aunque limitado por la falta de promoción y de políticas económicas complementarias que lo respalden. Hoy, el proteccionismo convive con la política industrial en un intento por reconstruir cierto control estatal sobre la economía de mercado. Sin embargo, la ausencia de una articulación política y comercial efectiva en Norteamérica se traduce en capacidades insuficientes para competir como bloque frente a otras regiones que sí cuentan con esos elementos. Revisión del T-MEC: evaluación de la integración de Norteamérica México podría perfilarse como el principal afectado ante un eventual rompimiento del T-MEC, al tratarse de la economía más pequeña de la región y la menos diversificada entre los tres socios. Sin embargo, su papel ha ganado relevancia en los últimos años, al consolidarse como el principal socio comercial de Estados Unidos, en parte como consecuencia de la guerra comercial con China. De acuerdo con los Pre-Criterios Generales de Política Económica de la Secretaría de Hacienda, para 2026 las exportaciones de bienes hacia Estados Unidos en el marco del acuerdo comercial pasaron de representar alrededor de 50% a cerca de 80% del comercio total. La economía de Estados Unidos continúa dependiendo de las cadenas de suministro mundiales, pese a los esfuerzos del gobierno de Trump por “Hacer a Estados Unidos grande otra vez”. El principal bastión del proteccionismo comercial sigue requiriendo insumos y procesos en el extranjero, y los costos de una relocalización tienden a trasladarse a su propia economía. La revisión del T-MEC dista de ser un proceso meramente técnico y pone en evidencia su carácter como principal instrumento de la política comercial regional. Por su parte, Canadá se ha alejado de una lógica de conciliación con Estados Unidos y ha optado por una estrategia de mayor proyección internacional, centrada en la diversificación de mercados para reducir su dependencia bilateral. Bajo la premisa de que Washington ha dejado de ser un socio plenamente confiable, el liderazgo canadiense ha adoptado una posición más reactiva y menos flexible frente a la continuidad del T-MEC en sus términos actuales, especialmente ante la persistente amenaza de aranceles con criterios discrecionales. En este contexto, otros socios, como la Unión Europea y las economías de Asia Oriental, influyen en el rumbo de la integración norteamericana. No obstante, el actor extrarregional más relevante para el mercado sigue siendo China, que, mediante la expansión de su presencia comercial y financiera, busca consolidar su posición en los tres mercados de Norteamérica. El fantasma de los aranceles Durante la presentación del Paquete Económico 2026, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público incluyó modificaciones a la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación en 1463 fracciones arancelarias aplicables a países sin tratado comercial con México. Aunque no se señaló de manera explícita, la medida impactaba directamente a China y reflejaba un alineamiento con una política comercial orientada al regionalismo, que busca privilegiar a los socios con los que ya hay cadenas de suministro consolidadas. Sin embargo, China no fue el único país afectado. Corea del Sur también resultó impactada, pese a ser el segundo socio comercial de México sin un tratado de libre comercio. En ambos casos, el elevado nivel de intercambio abre oportunidades para fortalecer las cadenas de suministro, pero también plantea riesgos en materia de competencia, particularmente para el sector más relevante dentro del T-MEC: la industria automotriz, tanto de vehículos ligeros como pesados. De acuerdo con la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones, el sector automotriz representa 4.7% del PIB de México y es el principal receptor de inversión extranjera directa. Estas cifras evidencian, por un lado, que la articulación de mercados ha sido impulsada en gran medida por el sector privado, aprovechando ventajas comparativas, y, por el otro, la creciente necesidad de políticas que encaucen la continuidad de los mercados a nivel trilateral. En este contexto, México busca proteger y fortalecer su capacidad productiva en coordinación con los mercados estadounidense y canadiense. Las medidas adoptadas han buscado reducir distorsiones en precios para competir en condiciones más equitativas. La imposición de aranceles refleja una inclinación proteccionista que pretende sentar las bases para una competencia más sólida, con el sector automotriz como un laboratorio de políticas industriales que expone las dinámicas regulatorias y de mercado subyacentes. Aun así, factores estructurales como el acceso al financiamiento para la innovación tecnológica, marcos regulatorios más simples, disponibilidad suficiente de energía y condiciones efectivas de Estado de derecho siguen siendo determinantes para la competitividad. En última instancia, la eficacia de las políticas industriales dependerá de su articulación a nivel trilateral, como vía para elevar la productividad y la competitividad de la región. 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