La agenda de Mark Carney que convence a Canadá (Ñ) Alejandro Osornio Ramos Mayo 2026 Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques En la reconfiguración actual del sistema internacional se observa una creciente distancia entre posiciones ideológicas. Por un lado, avanzan los discursos ligados a un mayor control de las fronteras, estrategias de seguridad más estrictas, retrocesos en la agenda climática y medidas económicas proteccionistas. Por el otro, las ideas que defienden los sistemas democráticos, los derechos humanos, el Estado de derecho y un orden internacional basado en reglas enfrentan cada vez más desafíos para su observancia. A nivel mundial conviven distintos tipos de liderazgo y proyectos políticos, con propuestas diversas para enfrentar retos económicos, sociales, políticos, tecnológicos y ambientales. Ante las promesas incumplidas del sistema liberal y de la globalización, han surgido visiones que cuestionan estos modelos y, en algunos casos, adoptan posiciones más radicales. Aunque persisten los regímenes con bases democráticas, cobran mayor fuerza narrativas de corte autócrata y nacionalista que, en nombre del progreso, priorizan objetivos económicos por encima del bienestar de las personas y del cuidado del medio ambiente. En esta coyuntura, también surgen liderazgos que buscan impulsar una agenda que combine la defensa de los intereses nacionales con medidas pragmáticas, acordes con el escenario de reordenamiento internacional, sin dejar de lado la cooperación y el entendimiento. En este sentido, resulta pertinente revisar, a grandes rasgos, los elementos que han marcado el ascenso gradual del liderazgo del primer ministro canadiense Mark Carney en su política interna y externa. Esto cobra especial relevancia si se considera que Canadá es el tercer socio comercial de México y, sobre todo, ahora que se aproxima la revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). De novato político a líder gubernamental Tras su paso como Gobernador de los bancos centrales de Inglaterra y Canadá, y a poco más de un año de haber asumido el cargo de Primer Ministro, Carney ha puesto en práctica su experiencia técnica y administrativa para impulsar una agenda integral. Con ella, busca redefinir la posición de su país en un entorno regional e internacional en transformación, en especial con una posición firme frente a las presiones y las amenazas de Estados Unidos. Tras asumir el liderazgo gubernamental de manera provisional después de la salida de Justin Trudeau (2015-2025), en un momento de desgaste del Partido Liberal, Carney tomó formalmente las riendas de un gobierno minoritario luego de las elecciones de abril de 2025. Su limitada experiencia política y la popularidad de los conservadores auguraban un periodo de transición breve, antes de un posible ascenso de la oposición. Sin embargo, el Primer Ministro logró articular un discurso de unidad nacional frente a la posición del gobierno estadounidense, marcada por menciones de una posible anexión y presiones arancelarias recurrentes. Esto contribuyó a elevar sus niveles de respaldo, al posicionarse como una opción viable para ofrecer resultados a la ciudadanía. En lo que va de su gobierno —una etapa caracterizada por sentar las bases de su programa político y económico—, el primer ministro Carney ha marcado distancia con su antecesor al ajustar la política de corte progresista hacia otra más alineada con las exigencias de la coyuntura económica actual. Por medio del Presupuesto Federal 2025 y otras iniciativas, su gobierno busca atraer inversiones en diversos sectores, fortalecer la infraestructura, impulsar la construcción de vivienda, generar empleos y agilizar el comercio interprovincial, con el objetivo de elevar el crecimiento y la competitividad del país. La sobriedad y el pragmatismo que caracterizan al primer ministro Carney han convencido a la mayoría de los canadienses de su capacidad para defender los intereses nacionales y encabezar el proyecto que guíe al país en una época de rupturas. En el Foro Económico Mundial, celebrado en enero de 2026, sus referencias a un “realismo sustentado en valores”, la idea de un debilitamiento del orden internacional basado en reglas y el llamado a las potencias medias a articular alternativas frente a las grandes potencias formaron parte de un discurso claro y directo que lo proyectó en la escena internacional. Su agenda exterior da sustento a estos planteamientos. Con el objetivo de reducir la dependencia de Estados Unidos, su principal socio comercial, el gobierno canadiense ha buscado diversificar sus vínculos con otras regiones. En lo que va de 2026, ha realizado giras de trabajo a China, la India, Australia y Japón para fortalecer relaciones y promover la inversión extranjera, en línea con su discurso en Davos. Asimismo, prevé ampliar la cooperación con países europeos en materia económica y de seguridad. Por ejemplo, acordó con los países nórdicos reforzar la seguridad en el Ártico ante las presiones de Rusia. En paralelo, Canadá alcanzó la meta de destinar 2% de su PIB al presupuesto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y contempla elevar esa proporción hasta 5% para 2035. La agenda de Carney tiene posibilidades reales de traducirse en resultados tangibles. Recientemente, los liberales alcanzaron la mayoría en la Cámara de los Comunes, una situación poco común para un gobierno que opera en condiciones de minoría. Esto ha sido resultado tanto de movimientos de parlamentarios provenientes de otros partidos como del triunfo en tres elecciones especiales. El respaldo popular al proyecto centrista liberal —e incluso de otras fuerzas políticas—, sumado al debilitamiento de los conservadores y de su líder, Pierre Poilievre, podría otorgar al gobierno un margen de estabilidad hasta las próximas elecciones generales previstas para 2029. El gobierno canadiense cuenta con la fortaleza y la legitimidad necesarias para avanzar en la ejecución de sus proyectos. Sin embargo, diversos expertos señalan una serie de retos persistentes: la dificultad de reducir la dependencia económica respecto de su principal socio comercial; el aumento del costo de vida; la plena implementación de un mercado interno sin barreras entre provincias; la contención de la deuda y de los déficits estructurales, y la defensa de la soberanía territorial, en particular en el Ártico. Asimismo, advierten que ha llegado el momento de que la estrategia gubernamental comience a traducirse en
La agenda de Mark Carney que convence a Canadá (Ñ) Alejandro Osornio Ramos Mayo 2026 Una colaboración del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques En la reconfiguración actual del sistema internacional se observa una creciente distancia entre posiciones ideológicas. Por un lado, avanzan los discursos ligados a un mayor control de las fronteras, estrategias de seguridad más estrictas, retrocesos en la agenda climática y medidas económicas proteccionistas. Por el otro, las ideas que defienden los sistemas democráticos, los derechos humanos, el Estado de derecho y un orden internacional basado en reglas enfrentan cada vez más desafíos para su observancia. A nivel mundial conviven distintos tipos de liderazgo y proyectos políticos, con propuestas diversas para enfrentar retos económicos, sociales, políticos, tecnológicos y ambientales. Ante las promesas incumplidas del sistema liberal y de la globalización, han surgido visiones que cuestionan estos modelos y, en algunos casos, adoptan posiciones más radicales. Aunque persisten los regímenes con bases democráticas, cobran mayor fuerza narrativas de corte autócrata y nacionalista que, en nombre del progreso, priorizan objetivos económicos por encima del bienestar de las personas y del cuidado del medio ambiente. En esta coyuntura, también surgen liderazgos que buscan impulsar una agenda que combine la defensa de los intereses nacionales con medidas pragmáticas, acordes con el escenario de reordenamiento internacional, sin dejar de lado la cooperación y el entendimiento. En este sentido, resulta pertinente revisar, a grandes rasgos, los elementos que han marcado el ascenso gradual del liderazgo del primer ministro canadiense Mark Carney en su política interna y externa. Esto cobra especial relevancia si se considera que Canadá es el tercer socio comercial de México y, sobre todo, ahora que se aproxima la revisión del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). De novato político a líder gubernamental Tras su paso como Gobernador de los bancos centrales de Inglaterra y Canadá, y a poco más de un año de haber asumido el cargo de Primer Ministro, Carney ha puesto en práctica su experiencia técnica y administrativa para impulsar una agenda integral. Con ella, busca redefinir la posición de su país en un entorno regional e internacional en transformación, en especial con una posición firme frente a las presiones y las amenazas de Estados Unidos. Tras asumir el liderazgo gubernamental de manera provisional después de la salida de Justin Trudeau (2015-2025), en un momento de desgaste del Partido Liberal, Carney tomó formalmente las riendas de un gobierno minoritario luego de las elecciones de abril de 2025. Su limitada experiencia política y la popularidad de los conservadores auguraban un periodo de transición breve, antes de un posible ascenso de la oposición. Sin embargo, el Primer Ministro logró articular un discurso de unidad nacional frente a la posición del gobierno estadounidense, marcada por menciones de una posible anexión y presiones arancelarias recurrentes. Esto contribuyó a elevar sus niveles de respaldo, al posicionarse como una opción viable para ofrecer resultados a la ciudadanía. En lo que va de su gobierno —una etapa caracterizada por sentar las bases de su programa político y económico—, el primer ministro Carney ha marcado distancia con su antecesor al ajustar la política de corte progresista hacia otra más alineada con las exigencias de la coyuntura económica actual. Por medio del Presupuesto Federal 2025 y otras iniciativas, su gobierno busca atraer inversiones en diversos sectores, fortalecer la infraestructura, impulsar la construcción de vivienda, generar empleos y agilizar el comercio interprovincial, con el objetivo de elevar el crecimiento y la competitividad del país. La sobriedad y el pragmatismo que caracterizan al primer ministro Carney han convencido a la mayoría de los canadienses de su capacidad para defender los intereses nacionales y encabezar el proyecto que guíe al país en una época de rupturas. En el Foro Económico Mundial, celebrado en enero de 2026, sus referencias a un “realismo sustentado en valores”, la idea de un debilitamiento del orden internacional basado en reglas y el llamado a las potencias medias a articular alternativas frente a las grandes potencias formaron parte de un discurso claro y directo que lo proyectó en la escena internacional. Su agenda exterior da sustento a estos planteamientos. Con el objetivo de reducir la dependencia de Estados Unidos, su principal socio comercial, el gobierno canadiense ha buscado diversificar sus vínculos con otras regiones. En lo que va de 2026, ha realizado giras de trabajo a China, la India, Australia y Japón para fortalecer relaciones y promover la inversión extranjera, en línea con su discurso en Davos. Asimismo, prevé ampliar la cooperación con países europeos en materia económica y de seguridad. Por ejemplo, acordó con los países nórdicos reforzar la seguridad en el Ártico ante las presiones de Rusia. En paralelo, Canadá alcanzó la meta de destinar 2% de su PIB al presupuesto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y contempla elevar esa proporción hasta 5% para 2035. La agenda de Carney tiene posibilidades reales de traducirse en resultados tangibles. Recientemente, los liberales alcanzaron la mayoría en la Cámara de los Comunes, una situación poco común para un gobierno que opera en condiciones de minoría. Esto ha sido resultado tanto de movimientos de parlamentarios provenientes de otros partidos como del triunfo en tres elecciones especiales. El respaldo popular al proyecto centrista liberal —e incluso de otras fuerzas políticas—, sumado al debilitamiento de los conservadores y de su líder, Pierre Poilievre, podría otorgar al gobierno un margen de estabilidad hasta las próximas elecciones generales previstas para 2029. El gobierno canadiense cuenta con la fortaleza y la legitimidad necesarias para avanzar en la ejecución de sus proyectos. Sin embargo, diversos expertos señalan una serie de retos persistentes: la dificultad de reducir la dependencia económica respecto de su principal socio comercial; el aumento del costo de vida; la plena implementación de un mercado interno sin barreras entre provincias; la contención de la deuda y de los déficits estructurales, y la defensa de la soberanía territorial, en particular en el Ártico. Asimismo, advierten que ha llegado el momento de que la estrategia gubernamental comience a traducirse en Read More
