Dice Rosenzweig: “Si la filosofía no quisiera taparse los oídos ante el grito de la humanidad angustiada; tendría que partir -y que partir con conciencia- de que la nada de la muerte es algo, de que cada nada de muerte es un algo nuevo, siempre nuevamente pavoroso, que no cabe apartar ni con la palabra ni con el silencio. Y en vez de la nada una y universal que mete la cabeza en la arena ante el grito de la angustia de la muerte, y que es lo único que quiere la filosofía que preceda al conocimiento uno y universal, tendría que tener el valor de escuchar aquel grito y no cerrar los ojos ante la atroz realidad.”
Dice Rosenzweig: “Si la filosofía no quisiera taparse los oídos ante el grito de la humanidad angustiada; tendría que partir -y que partir con conciencia- de que la nada de la muerte es algo, de que cada nada de muerte es un algo nuevo, siempre nuevamente pavoroso, que no cabe apartar ni con la palabra ni con el silencio. Y en vez de la nada una y universal que mete la cabeza en la arena ante el grito de la angustia de la muerte, y que es lo único que quiere la filosofía que preceda al conocimiento uno y universal, tendría que tener el valor de escuchar aquel grito y no cerrar los ojos ante la atroz realidad.” Read More
