Trump, el enemigo de la democracia

La influencia antidemocrática estadounidense en Latinoamérica y, en espacial, en el caso colombiano  T. Nelson Thompson Agosto 2026 La mayoría de las personas acepta que, al menos en teoría, la democracia es el sistema de gobierno más deseable. Pocos regímenes pueden presumir de combinar legitimidad normativa con beneficios prácticos para el bien común. Sin embargo, esa misma combinación, orientada a generar el mayor beneficio para el mayor número de personas, es quizá una de las razones más profundas por las que el presidente estadounidense Donald Trump muestra un abierto desdén hacia la democracia, tanto en Estados Unidos como en otros lugares, incluida Latinoamérica. De hecho, Trump ha mostrado una profunda desconfianza hacia la democracia representativa. Su estilo de gobierno privilegia el recurso de las órdenes ejecutivas y las resoluciones judiciales por encima de los mecanismos propios de la deliberación y la decisión democráticas. Tanto durante su primer mandato como en el actual, ha impulsado iniciativas orientadas a restringir el ejercicio del derecho al voto y ha favorecido un gobierno integrado por expertos y élites designados por él, en el que la lealtad personal suele prevalecer sobre la competencia técnica. En ese esquema, los conflictos políticos y la oposición tienden a trasladarse al ámbito judicial, especialmente cuando el poder ejecutivo ha ampliado su influencia sobre instituciones como el Departamento de Justicia y los tribunales federales mediante el nombramiento de funcionarios y jueces afines. Desde esta perspectiva, la limitación del acceso al voto, por distintas vías, se perfila como uno de los rasgos centrales de su proyecto político. En ese contexto, no sorprendió que el 16 de julio de 2026, en horario de máxima audiencia de la televisión estadounidense, el presidente Trump reiterara su desconfianza hacia el proceso democrático al insistir en sus afirmaciones de que las elecciones presidenciales de 2020, en las que fue derrotado, estuvieron amañadas. Asimismo, volvió a sostener, sin presentar pruebas concluyentes, que China había interferido en esos comicios. Desde esta perspectiva, esa posición resulta contradictoria con las críticas que su gobierno dirige a otros países, tanto por las iniciativas orientadas a restringir el ejercicio del voto en Estados Unidos como por las acusaciones de injerencia en procesos electorales de Latinoamérica, interpretadas por sus detractores como parte de una estrategia para favorecer a gobiernos ideológicamente afines. El resultado es que, dado que los procesos electorales latinoamericanos apenas ocupan un lugar relevante en el debate público estadounidense, los recientes esfuerzos televisivos de Trump por presentarse como un defensor de la democracia otorgan un nuevo sentido al conocido aforismo de que “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Al reivindicar de manera reiterada los valores y las instituciones de la democracia liberal, Trump y sus aliados del movimiento MAGA (“Make America Great Again”) reconocen, implícitamente, que las elecciones libres y justas siguen siendo el principal criterio de legitimidad política. Sin embargo, para sus críticos, sus acciones —al igual que las de muchos de sus aduladores— contradicen ese discurso. En Estados Unidos, la cobertura analítica de las apariciones televisivas de Trump y de sus iniciativas orientadas a restringir el acceso al voto —limitadas hasta ahora, en cierta medida, por las decisiones de los tribunales— ha sido, de alguna manera, contenida y poco crítica. Ello ha contribuido a normalizar un discurso que podría servir de base para nuevos cuestionamientos al sistema electoral estadounidense de cara a las elecciones intermedias de noviembre de 2026 y a procesos posteriores. En contraste, las iniciativas atribuidas al gobierno de Trump para influir en la dinámica política de Latinoamérica habrían encontrado, hasta ahora, muchos menos contrapesos. La cruda sombra de la influencia antidemocrática estadounidense Trump intentó, sin éxito, recurrir a la amenaza de aranceles y sanciones para presionar a Brasil con el fin de detener el proceso judicial contra su aliado, el expresidente de derecha Jair Bolsonaro. Asimismo, ordenó operaciones militares frente a las costas de Colombia y Venezuela en las que murieron cientos de personas, a quienes el Pentágono identificó como presuntos narcotraficantes, sin que, según sus críticos, existieran pruebas suficientes de que hubieran cometido delito alguno. También autorizó una operación para capturar al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con el propósito de trasladarlo, junto con su esposa, al Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, Nueva York. Por su parte, el endurecimiento del bloqueo económico contra Cuba ha tenido, de acuerdo con diversos análisis, un fuerte impacto sobre la población civil de la isla. En Argentina, el gobierno de Trump impulsó un paquete de asistencia financiera por varios miles de millones de dólares para contribuir a estabilizar la crisis monetaria y respaldar al gobierno del presidente Javier Milei, después de que su fuerza política sufriera una dura derrota en unas elecciones provinciales. Posteriormente, Trump condicionó públicamente la continuidad del apoyo estadounidense a la permanencia de Milei en el poder y advirtió que ese respaldo podría revisarse si el oficialismo era derrotado en las elecciones legislativas de medio término. En Honduras, de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de 2025, el presidente Trump expresó su respaldo al candidato de derecha Nasry Tito Asfura y advirtió que Estados Unidos podría reducir su ayuda al país si no resultaba electo. Asfura obtuvo la victoria en un escrutinio controvertido por un margen inferior a 30 000 votos. Durante el proceso de conteo, Trump afirmó que, si Asfura perdía, “se armaría un buen lío”. Por su parte, sectores de la oposición denunciaron el envío masivo de mensajes de texto dirigidos a votantes que recibían remesas desde Estados Unidos, en los que se advertía de la posible suspensión de las transferencias. Tanto dirigentes de la oposición como diversos críticos atribuyeron estos hechos a una injerencia externa favorable a la candidatura de Asfura. En diciembre de 2025, Trump concedió un indulto total al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena de 45 años de prisión por conspiración para importar más de cuatrocientas toneladas de cocaína a Estados Unidos y por delitos relacionados con armas de fuego. Y ahora, más recientemente, en Colombia El caso

​La influencia antidemocrática estadounidense en Latinoamérica y, en espacial, en el caso colombiano  T. Nelson Thompson Agosto 2026 La mayoría de las personas acepta que, al menos en teoría, la democracia es el sistema de gobierno más deseable. Pocos regímenes pueden presumir de combinar legitimidad normativa con beneficios prácticos para el bien común. Sin embargo, esa misma combinación, orientada a generar el mayor beneficio para el mayor número de personas, es quizá una de las razones más profundas por las que el presidente estadounidense Donald Trump muestra un abierto desdén hacia la democracia, tanto en Estados Unidos como en otros lugares, incluida Latinoamérica. De hecho, Trump ha mostrado una profunda desconfianza hacia la democracia representativa. Su estilo de gobierno privilegia el recurso de las órdenes ejecutivas y las resoluciones judiciales por encima de los mecanismos propios de la deliberación y la decisión democráticas. Tanto durante su primer mandato como en el actual, ha impulsado iniciativas orientadas a restringir el ejercicio del derecho al voto y ha favorecido un gobierno integrado por expertos y élites designados por él, en el que la lealtad personal suele prevalecer sobre la competencia técnica. En ese esquema, los conflictos políticos y la oposición tienden a trasladarse al ámbito judicial, especialmente cuando el poder ejecutivo ha ampliado su influencia sobre instituciones como el Departamento de Justicia y los tribunales federales mediante el nombramiento de funcionarios y jueces afines. Desde esta perspectiva, la limitación del acceso al voto, por distintas vías, se perfila como uno de los rasgos centrales de su proyecto político. En ese contexto, no sorprendió que el 16 de julio de 2026, en horario de máxima audiencia de la televisión estadounidense, el presidente Trump reiterara su desconfianza hacia el proceso democrático al insistir en sus afirmaciones de que las elecciones presidenciales de 2020, en las que fue derrotado, estuvieron amañadas. Asimismo, volvió a sostener, sin presentar pruebas concluyentes, que China había interferido en esos comicios. Desde esta perspectiva, esa posición resulta contradictoria con las críticas que su gobierno dirige a otros países, tanto por las iniciativas orientadas a restringir el ejercicio del voto en Estados Unidos como por las acusaciones de injerencia en procesos electorales de Latinoamérica, interpretadas por sus detractores como parte de una estrategia para favorecer a gobiernos ideológicamente afines. El resultado es que, dado que los procesos electorales latinoamericanos apenas ocupan un lugar relevante en el debate público estadounidense, los recientes esfuerzos televisivos de Trump por presentarse como un defensor de la democracia otorgan un nuevo sentido al conocido aforismo de que “la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud”. Al reivindicar de manera reiterada los valores y las instituciones de la democracia liberal, Trump y sus aliados del movimiento MAGA (“Make America Great Again”) reconocen, implícitamente, que las elecciones libres y justas siguen siendo el principal criterio de legitimidad política. Sin embargo, para sus críticos, sus acciones —al igual que las de muchos de sus aduladores— contradicen ese discurso. En Estados Unidos, la cobertura analítica de las apariciones televisivas de Trump y de sus iniciativas orientadas a restringir el acceso al voto —limitadas hasta ahora, en cierta medida, por las decisiones de los tribunales— ha sido, de alguna manera, contenida y poco crítica. Ello ha contribuido a normalizar un discurso que podría servir de base para nuevos cuestionamientos al sistema electoral estadounidense de cara a las elecciones intermedias de noviembre de 2026 y a procesos posteriores. En contraste, las iniciativas atribuidas al gobierno de Trump para influir en la dinámica política de Latinoamérica habrían encontrado, hasta ahora, muchos menos contrapesos. La cruda sombra de la influencia antidemocrática estadounidense Trump intentó, sin éxito, recurrir a la amenaza de aranceles y sanciones para presionar a Brasil con el fin de detener el proceso judicial contra su aliado, el expresidente de derecha Jair Bolsonaro. Asimismo, ordenó operaciones militares frente a las costas de Colombia y Venezuela en las que murieron cientos de personas, a quienes el Pentágono identificó como presuntos narcotraficantes, sin que, según sus críticos, existieran pruebas suficientes de que hubieran cometido delito alguno. También autorizó una operación para capturar al Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con el propósito de trasladarlo, junto con su esposa, al Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, Nueva York. Por su parte, el endurecimiento del bloqueo económico contra Cuba ha tenido, de acuerdo con diversos análisis, un fuerte impacto sobre la población civil de la isla. En Argentina, el gobierno de Trump impulsó un paquete de asistencia financiera por varios miles de millones de dólares para contribuir a estabilizar la crisis monetaria y respaldar al gobierno del presidente Javier Milei, después de que su fuerza política sufriera una dura derrota en unas elecciones provinciales. Posteriormente, Trump condicionó públicamente la continuidad del apoyo estadounidense a la permanencia de Milei en el poder y advirtió que ese respaldo podría revisarse si el oficialismo era derrotado en las elecciones legislativas de medio término. En Honduras, de cara a las elecciones presidenciales de noviembre de 2025, el presidente Trump expresó su respaldo al candidato de derecha Nasry Tito Asfura y advirtió que Estados Unidos podría reducir su ayuda al país si no resultaba electo. Asfura obtuvo la victoria en un escrutinio controvertido por un margen inferior a 30 000 votos. Durante el proceso de conteo, Trump afirmó que, si Asfura perdía, “se armaría un buen lío”. Por su parte, sectores de la oposición denunciaron el envío masivo de mensajes de texto dirigidos a votantes que recibían remesas desde Estados Unidos, en los que se advertía de la posible suspensión de las transferencias. Tanto dirigentes de la oposición como diversos críticos atribuyeron estos hechos a una injerencia externa favorable a la candidatura de Asfura. En diciembre de 2025, Trump concedió un indulto total al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena de 45 años de prisión por conspiración para importar más de cuatrocientas toneladas de cocaína a Estados Unidos y por delitos relacionados con armas de fuego. Y ahora, más recientemente, en Colombia El caso Read More