“Salvajemente romántica”, la Selva Negra rodea la ciudad de Friburgo, se desliza en su interior y reaparece en su centro mismo. Romanticismo salvaje, pero familiar, domesticado. Los senderos más inciertos abundan en rótulos que rezan “¡Alto! Una vista espléndida del valle a la derecha” o “No deje de contemplar el crepúsculo”. Así, la cultura, alcanzando una universalidad verdaderamente perfecta, se hace extensiva aún hasta aquello que niega y hace que la naturaleza misma ofrezca todo cuanto puede ofrecer.
”Salvajemente romántica”, la Selva Negra rodea la ciudad de Friburgo, se desliza en su interior y reaparece en su centro mismo. Romanticismo salvaje, pero familiar, domesticado. Los senderos más inciertos abundan en rótulos que rezan “¡Alto! Una vista espléndida del valle a la derecha” o “No deje de contemplar el crepúsculo”. Así, la cultura, alcanzando una universalidad verdaderamente perfecta, se hace extensiva aún hasta aquello que niega y hace que la naturaleza misma ofrezca todo cuanto puede ofrecer. Read More
