Entre la escalada, la confrontación y la disuasión estratégica Cesar J. Mejías Marzo 2026 Ha transcurrido más de un mes desde el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha detonado una respuesta inmediata y contundente de Teherán, materializada en acciones contra territorio israelí, así como contra intereses estadounidenses y de los países del golfo Pérsico. En conjunto, estos hechos configuran una demostración de fuerza y una escalada de gran magnitud que plantea un desafío significativo para la seguridad y la estabilidad regional, con potenciales repercusiones para el sistema internacional. El alza en los precios del gas y del petróleo —que en algunos momentos ha superado los 100 dólares por barril—, las crecientes amenazas a la seguridad nuclear, los riesgos para la población civil, así como el daño ambiental derivado de los bombardeos y las disrupciones en el comercio internacional, constituyen señales de una crisis que, de no contenerse, tenderá a profundizarse, con efectos estructurales a mediano y largo plazo tanto para la región como para la economía mundial. En este contexto, la interacción entre escalada, confrontación abierta y disuasión estratégica —anclada en cálculos de costos y capacidades— será determinante para las perspectivas de seguridad y estabilidad, no solo a nivel regional, sino también en el plano internacional. Escalada regional sin precedentes El inicio de los ataques por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha dejado más de mil muertos, miles de heridos y más de 3.5 millones de desplazados internos, ha tenido un impacto significativo sobre la infraestructura del país. Los daños se concentran particularmente en ciudades como Teherán, así como en Bandar Abbas, Isfahán, Shiraz y Tabriz, e incluyen zonas habitacionales, hospitales, centros educativos e incluso sitios catalogados como patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). A nivel regional, los efectos se han amplificado a partir de la respuesta iraní, que ha dirigido acciones de represalia contra intereses estadounidenses y de sus aliados en la zona. Países como Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait y Omán han resentido los efectos de esta ofensiva, en un escenario sin precedentes recientes que ha derivado en daños a infraestructura civil: edificios residenciales, hospitales, complejos corporativos, hoteles, aeropuertos y plantas de tratamiento de agua, entre otros. En el plano multilateral, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 11 de marzo de 2026 una resolución impulsada por países del Golfo —con la abstención de China y Rusia— que condena los ataques iraníes contra sus vecinos. El texto, respaldado por trece de los quince miembros del Consejo, reprueba “en los términos más enérgicos” el uso de misiles y drones por parte de Teherán. Por su parte, los países del Golfo han expresado, tanto de manera individual como colectiva, su rechazo a estas acciones, al considerarlas una violación del Derecho Internacional y una amenaza directa a la seguridad energética, la navegación y el entorno ambiental. En paralelo, algunos voceros han sugerido que ciertos ataques —en particular aquellos dirigidos contra instalaciones diplomáticas y segmentos de la infraestructura petrolera en países como Arabia Saudita y Catar— podrían haber sido atribuidos a Israel, con el objetivo de propiciar una mayor escalada y agudizar la confrontación regional en función de sus intereses estratégicos. Asimismo, ciudades israelíes como Haifa y Tel Aviv han sido blanco de bombardeos iraníes, con un saldo de múltiples víctimas civiles, numerosos heridos y daños considerables a la infraestructura, incluidos edificios residenciales, instalaciones militares, puertos, aeropuertos e instalaciones sensibles. El bloqueo al Estrecho de Ormuz y los retos a la seguridad en la navegación y al comercio internacional Frente a la actual escalada entre Teherán y Washington, el estrecho de Ormuz ha recuperado centralidad en el mapa de la seguridad regional y de la seguridad energética mundial. Con una anchura que oscila entre 33 y 39 kilómetros, y ubicado entre Irán y Omán, este paso estratégico conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo. Por él transita alrededor de 20% del petróleo mundial —unos 20 millones de barriles diarios— y cerca de 25% del gas natural destinado a los mercados de Asia, Europa y Occidente, a través del océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez. A raíz de los ataques iniciados el 28 de febrero de 2026, el tránsito marítimo en la zona se ha visto severamente afectado. Las amenazas a la seguridad de la navegación, junto con las dificultades en las comunicaciones, han interrumpido el paso regular de embarcaciones, elevando los riesgos para el comercio energético mundial. Un elemento central de la actual escalada regional es el daño a la infraestructura energética y su impacto inmediato en los mercados internacionales de petróleo y gas. En este contexto, el Presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado un ultimato a Teherán para garantizar el libre tránsito por el estrecho, advirtiendo que, de no hacerlo, se intensificarían los ataques contra infraestructuras estratégicas, incluidas instalaciones energéticas. Irán, por su parte, ha reiterado su disposición a responder de manera “decisiva, directa y devastadora” ante cualquier agresión contra sus centrales y activos energéticos. En paralelo, China y Rusia han llamado a contener la escalada como condición indispensable para estabilizar la situación en Ormuz. Moscú ha instado a Tel Aviv y a Washington a frenar las operaciones militares, al tiempo que mantiene abiertos sus canales de comunicación con Teherán. Beijing, por su parte, ha exhortado a todas las partes a cesar las hostilidades y retomar las negociaciones. Estas posiciones reflejan la creciente preocupación de ambas potencias ante una escalada mayor que no solo profundice la inestabilidad regional, sino que también comprometa sus intereses energéticos y de seguridad, al tiempo que eleva los riesgos para la paz y la estabilidad del sistema internacional. Volatilidad de los mercados y daños a la infraestructura energética regional Un elemento central de la actual escalada regional tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán es el daño a la infraestructura energética y su impacto
Entre la escalada, la confrontación y la disuasión estratégica Cesar J. Mejías Marzo 2026 Ha transcurrido más de un mes desde el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que ha detonado una respuesta inmediata y contundente de Teherán, materializada en acciones contra territorio israelí, así como contra intereses estadounidenses y de los países del golfo Pérsico. En conjunto, estos hechos configuran una demostración de fuerza y una escalada de gran magnitud que plantea un desafío significativo para la seguridad y la estabilidad regional, con potenciales repercusiones para el sistema internacional. El alza en los precios del gas y del petróleo —que en algunos momentos ha superado los 100 dólares por barril—, las crecientes amenazas a la seguridad nuclear, los riesgos para la población civil, así como el daño ambiental derivado de los bombardeos y las disrupciones en el comercio internacional, constituyen señales de una crisis que, de no contenerse, tenderá a profundizarse, con efectos estructurales a mediano y largo plazo tanto para la región como para la economía mundial. En este contexto, la interacción entre escalada, confrontación abierta y disuasión estratégica —anclada en cálculos de costos y capacidades— será determinante para las perspectivas de seguridad y estabilidad, no solo a nivel regional, sino también en el plano internacional. Escalada regional sin precedentes El inicio de los ataques por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha dejado más de mil muertos, miles de heridos y más de 3.5 millones de desplazados internos, ha tenido un impacto significativo sobre la infraestructura del país. Los daños se concentran particularmente en ciudades como Teherán, así como en Bandar Abbas, Isfahán, Shiraz y Tabriz, e incluyen zonas habitacionales, hospitales, centros educativos e incluso sitios catalogados como patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). A nivel regional, los efectos se han amplificado a partir de la respuesta iraní, que ha dirigido acciones de represalia contra intereses estadounidenses y de sus aliados en la zona. Países como Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait y Omán han resentido los efectos de esta ofensiva, en un escenario sin precedentes recientes que ha derivado en daños a infraestructura civil: edificios residenciales, hospitales, complejos corporativos, hoteles, aeropuertos y plantas de tratamiento de agua, entre otros. En el plano multilateral, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 11 de marzo de 2026 una resolución impulsada por países del Golfo —con la abstención de China y Rusia— que condena los ataques iraníes contra sus vecinos. El texto, respaldado por trece de los quince miembros del Consejo, reprueba “en los términos más enérgicos” el uso de misiles y drones por parte de Teherán. Por su parte, los países del Golfo han expresado, tanto de manera individual como colectiva, su rechazo a estas acciones, al considerarlas una violación del Derecho Internacional y una amenaza directa a la seguridad energética, la navegación y el entorno ambiental. En paralelo, algunos voceros han sugerido que ciertos ataques —en particular aquellos dirigidos contra instalaciones diplomáticas y segmentos de la infraestructura petrolera en países como Arabia Saudita y Catar— podrían haber sido atribuidos a Israel, con el objetivo de propiciar una mayor escalada y agudizar la confrontación regional en función de sus intereses estratégicos. Asimismo, ciudades israelíes como Haifa y Tel Aviv han sido blanco de bombardeos iraníes, con un saldo de múltiples víctimas civiles, numerosos heridos y daños considerables a la infraestructura, incluidos edificios residenciales, instalaciones militares, puertos, aeropuertos e instalaciones sensibles. El bloqueo al Estrecho de Ormuz y los retos a la seguridad en la navegación y al comercio internacional Frente a la actual escalada entre Teherán y Washington, el estrecho de Ormuz ha recuperado centralidad en el mapa de la seguridad regional y de la seguridad energética mundial. Con una anchura que oscila entre 33 y 39 kilómetros, y ubicado entre Irán y Omán, este paso estratégico conecta el golfo Pérsico con el mar Arábigo. Por él transita alrededor de 20% del petróleo mundial —unos 20 millones de barriles diarios— y cerca de 25% del gas natural destinado a los mercados de Asia, Europa y Occidente, a través del océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez. A raíz de los ataques iniciados el 28 de febrero de 2026, el tránsito marítimo en la zona se ha visto severamente afectado. Las amenazas a la seguridad de la navegación, junto con las dificultades en las comunicaciones, han interrumpido el paso regular de embarcaciones, elevando los riesgos para el comercio energético mundial. Un elemento central de la actual escalada regional es el daño a la infraestructura energética y su impacto inmediato en los mercados internacionales de petróleo y gas. En este contexto, el Presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado un ultimato a Teherán para garantizar el libre tránsito por el estrecho, advirtiendo que, de no hacerlo, se intensificarían los ataques contra infraestructuras estratégicas, incluidas instalaciones energéticas. Irán, por su parte, ha reiterado su disposición a responder de manera “decisiva, directa y devastadora” ante cualquier agresión contra sus centrales y activos energéticos. En paralelo, China y Rusia han llamado a contener la escalada como condición indispensable para estabilizar la situación en Ormuz. Moscú ha instado a Tel Aviv y a Washington a frenar las operaciones militares, al tiempo que mantiene abiertos sus canales de comunicación con Teherán. Beijing, por su parte, ha exhortado a todas las partes a cesar las hostilidades y retomar las negociaciones. Estas posiciones reflejan la creciente preocupación de ambas potencias ante una escalada mayor que no solo profundice la inestabilidad regional, sino que también comprometa sus intereses energéticos y de seguridad, al tiempo que eleva los riesgos para la paz y la estabilidad del sistema internacional. Volatilidad de los mercados y daños a la infraestructura energética regional Un elemento central de la actual escalada regional tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán es el daño a la infraestructura energética y su impacto Read More
